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Archivo para marzo, 2013

 

que marear al niño corriendo delante de sus cuernos cegados. Más placentero, reposado, inofensivo, compatible con otros placeres versados y prosaicos. Yo, hipócrita grande, incurrí como el que más, de pibe, pero creo que lo más que me acerqué al toro fue a nueve kilómetros. Iba a lo que íbamos todos a todas partes, a tentar la suerte y charlar beodo con mis compinches. Me atraían las yegüitas humanas y jamás los cachorros bovinos. Ahora me parece toda una barbaridad. Claro que eso es bastante fácil de decir 25 años después, sentado en casa con dos novillos bípedos correteándome enderredor. En fin, que nadie salga herido. Que el animal no sufra. Que cada cual sepa que borracho no se transforma, sólo saca lo que lleva dentro todo el tiempo. Cada cual sabrá lo que muestra. Lo más atractivo, para mí, en Vejer, a estas alturas, es la víspera con esta ruta unida por algo que me pierde tanto como la ternera, si es retinta, mejor. Si es reblanca o rerroja, ...Continuar leyendo
Qué capacidad tiene el cabroncete (o cabrónido) para hacerme soñar con ir, para iluminarme dentro de la testa el cartelón que dice "quiero, quiero". Encima menciona palabras como Sorrento, Mr. Ripley y limoncello, debilidades por más simples que puedan parecer a los exquisitos de la mochila, del leer o el mollatismo. Siempre encuentra el conjuro para picarme, para volverme niño en vísperas. Mira y dime si no. Y a este otro, ya le vale. Yo, suspirando por Hanky Moody, que ya no comenta, que ya no me lee, que ya le aburrí, que dónde estará. Y me encuentro esto, questa photo, en el ciberpatio de vecinos llamado Facebook. Po no va el cacho de perro y se dedica a vivir uno de mis sueños, lo ha hecho realidad con el valor y la inteligencia que me faltan. En el Madison Square Garden, con su birra y sus tacones, arreglao pero informal. Ya no estará Sinatra cantando "What now my love?" pero están Carmelo Anthony o Priggioni porque juegan los Knicks, los míticos Knickerbockers ...Continuar leyendo
Tienen los principios una fuerza imbatible. Siempre añoramos su nublado brillo. A mí me gustaría no haber leído las novelas que más me movieron la cabeza y las tripas, para volver a sentirlas como descubrimiento. No haber visto aún las películas que más recuerdo. Asombrarse otra vez, qué lujo. Afortunadamente, quedan ocasiones. Siempre. Pero provoca cierta pena saber que ya no habrá primera mirada para ese mar, ese pecho, ese retrato, que nunca volverán los adorables nervios del debutante, la sabia torpeza del osado, las divinas miserias del primer magreo. Los adorables errores son la única garantía de aprendizaje. Pasa con todo. Después de leer a los más grandes autores, siempre nos sorprendemos fascinados por volver al atractivo del diccionario (que no deja de ser un principio), nos atrapa el manual de ortografía que te recuerda cuándo lleva tilde qué, cómo y por qué. Siempre queremos, regresar al principio, con lo que lo criticábamos por pesado, colegial ...Continuar leyendo
La gente de Tapas 33 se anima, se crece. Este gastrobareto, en la calle Fernández Ballesteros (la que va del colegio Reyes Católicos al Paseo Marítimo) fue una de las aperturas más celebradas y populares en Cádiz hace apenas dos años. Y aguanta. Buen síntoma. Tiene esa combinación de cantidad-calidad-precio, de carta amplia y ecléctica, juguetona con versiones domésticas de recetas de medio mundo y divertida que tanto engancha a los que rondan la misma edad que le da nombre. Puede que no sea una exhibición de excelencia en elaboración, materia prima o creatividad culinaria, pero la nota media funciona, el resultado completo, gusta. Yo he pasado varios buenos ratos allí. Siempre quedé con ganas de volver y nunca salí con decepción. Debe de haberles ido bien con más gente porque se lanzan. En términos macroeconómicos podría decirse que Tapas 33 inicia su expansión internacional, pero no llega a tanto, no se aventura hasta territorios ignotos y exóticos como ...Continuar leyendo

Podríamos divertirnos versionando, ajustando a los gustos de cada cual este decálogo postrero, testamental y morboso de inútiles pedorretas a la parca.

Este es el punto de partida.

Algún epígrafe puede resultar incuestionable. Los demás, adaptables.

Una vez tengamos la lista, lo suyo es ejecutarlas inclementes, sin la amenaza inminente pero como si estuviera. Aunque estar, está.

Pero luego, se nos olvida otra vez y usamos la lista como papel higiénico.

Si sumas lo que me gusta Zahara, lo que me gusta la directa sencillez de este blog y lo que me gustó Albedrío, sale una cosa muy apetecible.

Más que eso, tentadora. Más aún, creo, irresistible. Viene el tiempo de ir a ese pueblo que se quita la sábana de fantasma para lucir seis meses moreno y despreocupado como un hippie guapo.

La gente de Albedrío tiene otro sitio, algo más informal, para estar de pie. Y a esta gente que me gusta le gustó. Y los convocantes ya tenían un restaurante que me gusta. Difícil que disguste. ¿Gustas?

Aquí lo tienes.

No pudo ser Martini que por muy comercial que sea, por muy vista que esté la marca, por poca gracia que tengan las etiquetas de toda la vida, me enloquece, me pierde con ese contraste exacto dulzamargo y ese aroma tan intenso. De los primeros recuerdos etílicos que tengo, quizás por ser bebida amable para estómagos púberes a estrenar. Ya sé que se fabricará a diario por miles de litros, sin el menor encanto, sin amor artesano ni pausa ritual pero siento por Martini (rojo, rosso, clásico, sin la menor modernez, media rodaja de limón) lo que otros por Coca-Cola, que les parece una receta incomparable, exquisita, insustituible y ansiada por más industrial que sea, por más que sepan que tiene más trampas que un ayuntamiento, por más repetida que esté, por poca exclusividad que ofrezca. Será por eso que le tengo querencia al vermú, por extensión, como concepto genérico. Como bebida, como ceremonia, como hora. Esa copita cuando el mediodía empieza a secarse y deja cercos ...Continuar leyendo