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Archivo para marzo, 2016

 

Lo acompaño con la vista cada vez que pasa por delante. Los coches peculiares tienen un significado. Recrean una imagen con aparecer. Cada cual tiene las suyas (depende de la escudería de su juventud, la de su familia) pero hay evocaciones colectivas. Un Citröen Tiburón es Francia, De Funes. Un Golf es la suerte de los más avispados de los 80. Mercedes era torero y ahora es soberbia, como BMW, Audi, Lexus. Volvo rima. Cadillac, Chevrolet, películas. Un cuatro latas es la Guardia Civil. Un Land Rover viejo es finca, safari. Un escarabajo, hippie. Aston Martin, al servicio de su majestad. Un dos caballos, monja con voz de octavilla. Aquella mítica furgoneta de Volkswagen (los amigos de la verdad y el planeta) es playa. Ha sido rediseñada con esmero. Mini es Michael Caine, Londres, una de atraco perfecto. Ahora los llevan niñas monérrimas, wenitsimas, con pelo alisado y Ray Ban aviator obligatorias. Parece que hacen casting, como las mozas de las nuevas farmacias 24 horas. ...Continuar leyendo
En ese neoperiodismo basado en el juego, lo efímero y la anécdota, lleno de trampas para agarrarse a un clic ardiendo, las listas numéricas tienen un lugar principal. Alguien lo llamó 'Periodismo de Barrio Sésamo'. Las diez canciones esenciales de esta primavera, las ocho normas que nunca debes olvidar al vestir traje, siete lugares secretos de Cáceres... Con toda la distancia, resultan divertidas, cómodas en los tiempos de la pereza. Son al periodismo lo que las pipas de girasol a la nutrición. Ahora que en los periódicos digitales se trabaja con un programa que dice cuánta gente, exactamente, está viendo cada noticia en ese preciso momento, ahora que se sabe cuántas personas leyeron cada cosa el día anterior, resulta que suele ser de lo más visto, de los más seguido. El viejo dilema mediático: ¿se publica porque se ve o se ve porque se publica? Es moda. La gente ser hartará y caducarán. Por ahora, funcionan si se toman a coña, como invitación a que ...Continuar leyendo
Ya fui. Años soñando con sus carnes prietas y llegó. Un compromiso que tuve que resolver. Mi capacidad de sacrificio, que no conoce límites. Lo de la gastronomía me tiene hasta el pico del delantal pero esta vez, cómo te diría, que no me pesó, que no lo pasé mal, que no me arrepentí ni nada. De las visitas ha salido esta crítica a cuatro manos. Está escrita a medias con una compañera. Sale el domingo en LA VOZ. Si has ido, entenderás que no exagero. Si no, tastardando siglo y medio. ----------------------------------- El milagro del agua y la carne La Castillería (Santa Lucía, Vejer) salta sobre las expectativas de su prestigio y ofrece una experiencia animal inolvidable Hay sitios a los que gusta ir para contarlo. Para decir que estuviste. Como los conciertos de Springsteen, los espectáculos de Les Luthiers. Como el Louvre y el Hermitage. Además de lo que veas y escuches, de lo que sientas y hagas. Hay que ir. Decía el torero fanfarrón que contarlo ...Continuar leyendo
Busqué la foto el pasado lunes. Eso demuestra que lo daba por muerto (aunque pensaba que faltaban meses) y que soy más gilipollas de lo esperado. Quería escribir eso de "antes de que se muera, que luego tol mundo es bueno". Pero la puta parca siempre gana. Todos los días, en todas partes, a todo el mundo. La milonga esa de una larga batalla contra la enfermedad que se la cuenten a otros. Todos estamos cansados de verla y siempre acaba igual. Eso está amañado. Lo primero que recuerdo es un documental en blanco y negro en el Cine Municipal. Tenía poco de fútbol y mucho de vida. Contaba de un niño tristón, flaquísimo y solitario, compañero de una madre, viuda joven, limpiadora en el estadio del Ajax. Al final tuvo suerte. Creció sin padre, así pudo ser un pelotero sin asesor fiscal en casa como los de ahora. Con 16 años llevó su esqueleto y su cara de palo al primer equipo de ese club canterano, tribal y poético. Rompió en genio vacilón, en felino con intuición, ...Continuar leyendo
Añoro también, le dije, tener simplemente diecinada, veintipocos, irme andando despacio, por la mañana, bostezando y medio en pelotas, a la playa, sólo con una toalla, un libro, algunos cigarrillos y veinte pavos para la cervecita del mediodía. Añoro las noches sucesivas sin acordarme de dormir, dejar todo pendiente porque estaba demasiado liado bailando, bebiendo, tratando de follar, añoro tumbarme en la arena y no pensar en nada, atribuirle formas a las nubes, sonriendo, oyendo las gaviotas, las picardías y balonazos de los chaveas de rabona. Añoro la caña de pescar en el espigón, no tener horarios ni bandera, comer insaciable cualquier cosa, estar mucho rato en silencio, en mi columpio mental, aburriéndome plácidamente, silbandito, a mi bola. Añoro aquel amigo tunante y calavera, andar por ahí como pollos sin cabeza, con las manos vacías y los bolsillos rotos, muriéndonos de risa, ignorando el carajal, tramando delirantes trapicheos, fantasiosos atracos. ...Continuar leyendo
Quizás ha pasado el suficiente tiempo para ver con perspectiva. El susto y el agobio iniciales impedían más opinión que desear la recuperación de los afectados. Han pasado casi dos meses del brote de salmonella en un bar junto al Arco de Garaicoechea (vaya aceritas aquellas, primo). Como casi siempre, nos movimos entre dos impulsos opuestos: la criminalización de la hostelería de Cádiz, inicialmente, y su reivindicación apasionada, por compensación, unas horas después. Ahora, con la ventaja o la desventaja de cierta calma, me quedo con que fue un trágico toque de atención. Ojalá que definitivo. Fue una desgracia, sobre todo, pero sintomática. Me pareció que todos los males del buscavidismo se juntaron en un sitio, un día, a una hora. Locales sin la menor preparación (no mencionemos la palabra "reinvertir" a ver si alguien se descojona en un asunto tan serio), personal, bares o barras de quita y pon, autónomos desesperados, aprovechados, desquiciados o desalmados, ...Continuar leyendo
En este tiempo he salido poco y mal en estos últimos meses. Tiene uno pocas ganas y se las quitan. Tengo que arreglar mi parte, ignorar la otra. Ya no puede uno fiarse de los bares (¿alguna vez pudo?). Abren, cierran y cambian a tal velocidad que losotros días pedí una tapa de ensaladilla en un sitio que se llamaba Casa Manolo. Me quedé con hambre y solicité solícito unas móndigas de choco. Cuando me las trajeron, entre un platito y el siguiente, en unos seis minutos sin moverme del taburete, el sitio se llamaba ya Gastrobar Ventoleras de mi Ser. Entre una tapa y otra, mientras yo me consagraba a la birra en la barra, un escuadrón de cuñados, primos y sobrinos pintó y cambió los muebles y la iluminación. Todo en mi anonadada presencia. Los servilleteros los respetaron, dejaron los antiguos. El primer propietario, el que me puso la ensaladilla, y el nuevo, el de las albóndigas, se intercambiaron una carpeta de las azules con gomas, las llaves y el delantal ante mi aturdida ...Continuar leyendo