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¿O eran 21 gramos?

Eso es lo que, dicen, pesa el alma, el peso que pierde un cuerpo cuando la vida se le va con la expiración de despedida y cierre. Eso decía la, dura, y estupenda para mí, película.

Pues mi conciencia bloguera ha adelgazado 21 toneladas al contestar hasta el último comentario pendiente, atrasado, por mi mala cabeza y mis escaqueos veraniegos. Está mal dejar una carta, un correo, un mensaje y una llamada sin devolver. Eso creo y de ahí no me váis a mover.

Creo que están todos, todos.

Sí, sí, incluso los que comentaban la actitud del alcalde Jerónimo Almagro durante la inauguración de El Anteojo, sí, sí, incluso los que me pedían compartir opinión del estreno de Aeropuerto 77 o hacían chascarrillos respecto al primer desnudo de esa nueva estrella que ha irrumpido: Ágata Lys.

Esos, también.