Ellos llegan con sus maletines y tú les esperas con el puño cerrado, abarrotado de palabras. Lo abres y se lo tiras con toda la fuerza que puedes, como
si fueras lanzador de jabalina, pero ves que las frases se vuelven papelillos de Carnaval, se dispersan, no tienen peso, no vuelan, se descontrolan y caen sin tocar a nadie, sin cambiar nada. Ni les despeinas (suelen llevar fijador o laca).
Enfrentarse con palabras a los que blanden números es como oponer palos a las metralletas, como cuando discutes con un creyente (de religión o de cualquier dogma social o económico) y te descubres desarmado porque él está forrado de certezas inventadas, manipulables, subjetivas, que ha creado a su conveniencia y tú solo tienes un manojito de dudas.
El número del anticipado miércoles de ceniza fue 24. Y a los demás se nos ocurre la palabra viciada: periodismo. Se descojonan con la respuesta los calculadores, claro. Sucedió en un periódico, en el periódico por definición para los que vivimos en este decrépito rincón del mundo, en el Diario de Cádiz, pero hace cinco meses fue en La Voz, luego en El Mundo y El País, hoy será una fábrica de azulejos, antier fue un concesionario de furgonetas, y el viernes (día predilecto para amortiguar el golpe con el fin de semana) será en una distribuidora de sillas de oficina, de cocinas o de abrillantadores de suelo. Para los que deciden, somos números, dígitos, una cifra perdida. Y el guión tenebroso siempre es el mismo sólo que aturde más según la cercanía de la explosión. A mí me fastidia lo de los periódicos, a ti lo de los funcionarios o los fontaneros, que estamos todos en las mismas.
Los que sufren la cuchillada del dos y del cuatro, del 36 ó el 11, tienen como único refugio una chocita de palabras. Las reciben entre lágrimas y abrazos al salir, se las envían por Facebook y Twitter, por correo, por SMS y Whatssap, por un teléfono que junta dos voces entrecortadas, temerosas del ¿qué se puede decir, diomíodemiarma?
Y calientan, claro, pero son pulgas cuando se colocan junto a ese rascacielos de 24 plantas.
Luego, los que llevan el número ya en la sangre llegan a su casa y tienen que volver a sacar palabras para cantarle a la pareja, al niño si es mayor, a los padres y al amigo esa canción ya tan escuchada: que me tocó, que no sigo, que a ver qué hacemos, que calma, que saldremos de esta. Y en el colmo de la crueldad, tienen que ponerse a hacer números, tan cabrones. Y piensan en voz alta hasta cuándo aguantamos, qué podemos quitar, cuánto tiempo tenemos hasta que llegue más miedo. Y les bailan en la cabeza otras cifras, las de horas regaladas para mejorar aquel encargo, aquella maqueta, esa foto, aquel texto, aquella venta en peligro. Y saltan los años que uno estuvo allí. La terrible suma de días entregados a la causa que ahora les despide en un minuto, sin una disculpa ni un agradecimiento. “Bastante que te dejamos estar aquí tanto tiempo, cuando te contratamos no nos diste las gracias ¿hemos dejado de pagarte un solo mes acaso? Pues ya está. Ahí tienes la puerta”. Como si no supieras ubicarla, como si no la hubieras atravesado diez millones de veces más que ese que te la señala.
Es lo peor de los números, que una vez te los han clavado, te recorren el cuerpo hasta el coco y de ahí no salen. Son armas tóxicas, como las balas esas que se expanden al impactar. Ellos te los clavan y ya se quedan dentro. Los que te apuñalan sólo los usan con los demás, como los camellos con la droga, jamás consumen. Ellos tienen tienen una cordial relación con las matemáticas, con las propias, especialmente.
Luego están los que se quedan, por ahora, en la fábrica, en el concesionario, o en la redacción. Los que ven la salida como el que ve morir, contemplando el mismo destino que nos aguarda a todos. Con la mala conciencia del superviviente. ¿Por qué me he salvado yo? A los que les han impuesto recortes y bajadas, a los que les obligarán a hacer más por menos, nada que reprochar, bien al contrario, idéntico apoyo. Eso sí, en algunos pocos casos, el que se libra se ha encargado de implorar en primera persona, a escondidas, porque está feo enseñar el culo con testigos. Han entregado su dignidad a cambio de la supervivencia. Comprensible, humano, mil veces visto, incluso lógico. Tanto como despreciarles. Son los menos y lo han hecho en privado porque su vergüenza es una confesión que les perseguirá siempre, que se aparecerá como espectro en forma de nómina. Los que se van, en cambio, se quedan sin sueldo pero se van sin fantasmas, limpios.
Conviene no hacer aspavientos porque todos nos vamos a ver así más pronto que tarde. Casi todos los que aún trabajamos correremos la misma suerte de aquí a dos años. Incluso los que se vendieron, incluso muchos de los que han apretado el gatillo de la calculadora. Yo ya he visto caer al cerdo seboso que despidió a mi mujer con inexplicable entusiasmo. Sólo cambia la fecha y no dejo de pensar que irse ahora puede tener alguna ventaja práctica (más tiempo, más indemnización que dentro de unos meses, probablemente).
Todos somos números en una gigantesca operación que consiste en despedirnos para volver a contratarnos por la mitad de sueldo, con la mitad de derechos (¿vacaciones? ¿bajas maternales? ¿enfermedad? ¿horas extra? ¿garantías salariales? ¿qué os habéis creido? la cosa está muy mal, hay cien mil esperando en la puerta). Porque lo que pasa con la empresa de capital chino y los ex operarios de Delphi es una metáfora de lo que nos pasa a todos. Primero te vas y cuando te llame, recuerda mi lema: “Esto es lo que hay”.
Este capitalismo salvaje y caníbal que se come a sus hijos, que se come sus propias manos, tendrá que parar más pronto que tarde para compaginar humanidad y dinero. Esperemos que no sea porque las ruedas se le atascan en un charco de sangre. O quizás sea el único modo, porque ya vemos el resultado del millón de palabras que todos parimos al día en pantallas de todos los tamaños.
Los despedidos de ayer, los de antes y los que vienen (o venimos) somos consumidores caídos en combate. Luego nos querrán vender embutidos, desodorante o periódicos y no habrá nadie al otro lado del mostrador. Cada vez es peor la oferta, la atención, el servicio, el producto, en todas partes. Envuélvetelo tú, escríbetelo tú, llévatelo tú, móntalo tú, es que hemos reducido personal. Para mantener o ampliar beneficios, claro, para sostener el privilegio hasta que me quede el último hálito de vida como ejecutivo y especulador. Camareros acorralados (el otro día vi uno para ocho mesas, y me fui), distribuidores a los que se aconseja la ubicuidad, periodistas con freidora para dar forma a mensajes amorfos sin destinatario. Y luego viene el espanto. Cada vez se vende menos. ¿Pero quién te va a comprar nada, pedazo de mierda, si todo el mundo está parado, o en camino, y lo que vendes cada vez es peor?
Quizás, sea la inocencia la que nos salve. Los que son expulsados del barco saben que la madera del casco está podrida y resulta sensato pensar que se estará mejor en un kayak sano, cuidado y propio, en el que la pesca obtenida con madrugones, silencio y batir de brazos sea propia. Hay mucho mar ahí fuera (me lo digo también para lo que venga) y los capitanes avariciosos, los usureros del Excell y el beneficio, los apóstoles del “no nos queda otra opción”, los pregoneros del margen y los costes de personal, no llegarán ahí.
Si no estuvieran en un puente de mando, se ahogarían. No saben ni remar, ni nadar.
Seguro que entre los números asesinos y las palabras inservibles hay algo que hacer: mantener a los que han salido en nuestra memoria, no ahora, dentro de meses y años, o avisos que dar, trabajos remunerados que ofrecer, proyectos quizá rentables, acción, actividad. Debe existir algo más allá porque los números nos ahogan y todas las palabras, estas como las que más, son papelillos inservibles, voladores.
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Apéndice 1. Sé que no les gustará que personifique pero como cada uno tiene sus dolores y este blog es privado, particular, ajeno a empresas y sin ánimo de lucro, vaya especial admiración y carigno a Chicharonne, uno de los que más ánimo, seguimiento y aprecio le ha dedicado a esta página. A José Vilches, que también es parroquiano ocasional, y a José Braza y a su hermano Juan, compañeros de juegos infantiles allí en el palacio que guardaban con su familia en Cánovas del Castillo, donde ahora está la Delegación de Cultura de la Junta. Esto funciona así, lo siento, pero sería necio decir que a una persona le duelen todos los despidos en su profesión o su ciudad por igual. Cuando les pones cara y corazón…
Apéndice 2. Me da que esta entrada no tendrá la misma difusión en otros blogs que la que tuvo una que escribí sobre el ERE que sufrieron mis compañeros de La Voz. Sospecho que no será tan enlazada ni pegada. Fue legítimo pero me llama la atención el doble rasero. Será que este blog, con disgusto, amenazas y pérdidas (¿dónde estará Fenicio Tripero?) tuvo que salir de todo este circo empresarial para que pueda acoger las palabras que queramos vosotros y yo.
Apéndice 3. Al gran Chicharonne, Legendario Fisherman, Brazos de Acero, al que ahora veré más y mejor, con el que están pendientes varios homenajes, al que tantos planes personales y laborales esperan, le dedico esta canción porque siempre nos gustó reirnos y no vamos a cambiar ahora, que estamos ya talludas, por un incidente de nada.

en octubre 25th en 14:32
Gracias Pepe, aún nos queda una batalla de un mes. Lo vamos a intentar con todas nuestras fuerzas
en octubre 25th en 14:52
@ Tamara
Ya habéis dado ejemplo de lucha y compañerismo. Ojalá esos intentos tengan fruto. Por vosotros no va a quedar, desde luego, nadie podrá decir que no lo intentásteis. Hasta el último minuto, claro que sí. Y a ver qué pasa. Nada está escrito.
en octubre 25th en 16:04
Es la época que nos ha tocado vivir. Muchos estamos viviendo en nuestras empresas y en la de nuestros familiares situaciones cómo esta. ERTES, ERES, despidos, prejubilaciones (en los mejores casos). Desgraciadamente demasiados casos. Y como bien dices, cuando te echan eres un número y no van a acordarse de aquellas horas que le robaste a tu familia para regalárselas a la empresa.
Pero yo no me resigno a humillarme. Lo siento, pero no estoy con aquellos que le regalan su tiempo a su empresa. Porque esa no es su empresa, es la de su jefe. Jefe que seguirá teniendo (en algunos casos) su casa pagada, su chalet en Chiclana, y sus ahorros en el banco. Jefe que como mucho tendrá que vender uno de sus coches o dejar de darse sus homenajes.
Corren muy malos tiempos, pero no debemos olvidar nuestros derechos. Y no podemos nunca olvidar que hoy le ha tocado a un compañero pero mañana te tocará a tí.
en octubre 25th en 16:54
Tristísimo, tanto como que aquí nos alegremos porque nos traigan trabajo a la fábrica de Valencia, mientras los belgas lloran su pérdida. Y cada día, sin embargo, más individualistas.
en octubre 25th en 18:29
Seguro que vuestro presidente de la Apc se muestra muy duro con el grupo que ha perpetrado los despidos.o quizás no… Cuestión de clases y de favores que pagar, quizás..
en octubre 25th en 19:22
Apenado por la lectura lamento la congoja de las personas afectadas… y sé de lo que escribo… Sí, acción y actividad serán la clave y también desenmascarar a los especuladores y ladinos.
en octubre 25th en 21:23
Lo que más me ha gustado es lo de “pedazo de mierda”, eso explica muchas cosas..jajaja
en octubre 26th en 10:06
…pronto acabaremos todos cobrando el salario mínimo interprofesional, es ahí donde nos quiere llevar esta crisis.
en octubre 26th en 12:53
Pero lo principal (y es mucho el dolor) es que este es el modelo que TODOS hemos elegido. Nuestra es toda la culpa, no nos engañemos. Igual soy un útopico.
en octubre 26th en 16:25
Gracias Pepe de corazón por apoyarnos, como siempre vas ‘sobrao’ a la hora de escribir y muchas más cosas…
Yo, en nombre de los que hemos ‘sobrao’ en el Diario (disculpas por el chiste fácil) te adjunto un texto con la única verdad (resumida) de todo lo que ha pasado en las últimas fechas.
COMUNICADO DEL COMITÉ DE EMPRESA DE DIARIO DE CÁDIZ
ANUNCIO DE DESPIDO COLECTIVO EN DIARIO DE CÁDIZ
El Grupo Joly propone un Expediente de Regulación de Empleo que afecta a 24 trabajadores de Diario de Cádiz, más de un tercio de su plantilla.
Acogiéndose a la última reforma laboral aprobada, la empresa anunció el pasado día 24 de octubre su intención de llevar a cabo un despido colectivo, a través de un ERE, de 24 de sus profesionales, los mismos que durante muchos años han hecho crecer a esta empresa.
Más allá de la injusticia de esa medida, la gravedad de lo sucedido tiene también mucho que ver con las formas de llevarlo a cabo.
Tras dos meses de angustia, intensos y públicos rumores sobre los planes de la empresa y una presión inhumana sobre los trabajadores, que cada día pese a todo sacaron a la calle el periódico, la noche del 23 del octubre, la plantilla decide acompañar al comité de empresa en su decisión de permanecer en el centro de trabajo hasta que la dirección de la compañía diese alguna señal acerca de esos planes. El único objetivo era poder iniciar una negociación que los representantes de los trabajadores habían solicitado de todas las maneras posibles sin tener respuesta. Esto se agravaba con el hecho de que el Grupo ya había comunicado despidos y EREs en el resto de cabeceras de toda Andalucía, y las semanas anteriores los despidos ya habían llegado a Diario de Jerez y Europa Sur, además de la planta de impresión de Ingrasa en Puerto Real.
Con esta situación la decisión de la plantilla y el comité fue clara: no salir del centro de trabajo hasta no tener una respuesta.
A las 23:30 horas de la noche del día 23, el director general comunicó al comité que estaba citado a las 11:30 horas de la mañana del día 24. Con esto, quedó anulado la intención de permanecer en el centro de trabajo.
Llegado el día 24, el comité, acompañado por su asesor sindical de CCOO, recibió de manos del director general la documentación del ERE. El comité se niega a recibirla con el listado nominal de los 24 afectados con el fin de negociar medidas alternativas a los despidos de manera limpia y eficaz. La empresa no lo acepta y comunica esa misma tarde sección a sección los nombres de los afectados bajo un procedimiento que resultó humillante y doloroso a muchos de los presentes. Además de un drama para 24 trabajadores y sus familias, muchas de ellas dependientes de ese único sueldo que ahora se pretende eliminar, el ERE supondría el cierre de las tres delegaciones en El Puerto, Chiclana y San Fernando, seña de identidad de este periódico durante muchos años.
Tanto en las delegaciones, como en la sede de Diario de Cádiz, la medida supondría la pérdida de un capital humano y profesional insustituible, basamento de lo que hoy es el Grupo Joly.
Tanto el comité de empresa como la asamblea de trabajadores han mostrado su disposición a negociar medidas alternativas al despido colectivo que se propone y comenzará el próximo miércoles con la primera reunión.
Cádiz, 25 de octubre de 2012
en octubre 26th en 20:05
Amén
en octubre 26th en 20:20
Palabras como éstas no pueden ni deben ser inservibles, son valientes, comprometidas, realistas, coherentes y solidarias, valores que ojalá impregnaran el ambiente. Una vez más, gracias Pepe.
en octubre 27th en 7:51
@ Partidario´s WiFi
Tu comentario contiene más verdad que todos los textos sagrados juntos, a mi entender.
La pérdida de derechos es galopante, de hecho creo que es uno de los objetivos fundamentales de este golpe de estado económico y social que decidieron dar unos pocos. Lo comparto todo, te honra pensarlo y decirlo. Además, creo que la resistencia funciona con actitudes personales. Conviene no olvidar jamás tu última línea. No denunciar, no temer tanto, no ceder, no criticar tanto a los que actúan (la actitud general de la gente hacia los huelguistas de hambre de Sufi Cointer es tristísima), no pararse…
Yo intento recordar cada poco lo que dices al final. Sé que soy un número y que algún día me meterán en alguna suma o resta (ya he estado en varias) que me pueden borrar con una goma Milán cualquier día y luego soplar las virutillas blancas sin más. Intento tenerlo presente, como la muerte, sin obsesión pero con cierta frecuencia, te ubica.
Por poner un ejemplo ridículo, por eso decidí cerrar el anterior blog (lo que me costó broncas, amenazas de despido y, sobre todo, bochorno personal con los que lo seguían y a los que me costó explicar). Pero cuando creció un poco, cuando vi que metían publicidad y no me daban ni la hora, cuando le cogí cariño a un hobbie mantenido en mi tiempo libre, con mis pamplinas y la de unos amigos convertidas en textos gratis (por poca gente que los lea) para una compañía pensé ¿Qué caraho hago regalándole tiempo de mi familia, letras de mis ratos de descanso, todo esto a una empresa si son toas iguales? Ya estoy yo fuera. Y aquí estoy. Y qué bien se está. Con visitas como la tuya espléndidamente, claro.
en octubre 27th en 7:56
@ Quiero
Comparto tu última frase, me la apropio, subrayando lo de “sin embargo” porque resulta difícil de digerir que con todo esto sigamos siendo tan ombliguistas, tan miopes.
en octubre 27th en 8:01
@ Marc
El presidente de la APC no es “nuestro”, al menos no es mío. Yo no soy miembro, ni puedo serlo, ni lo pretendo. No soy licenciado en Ciencias de la Información aunque lleve 22 años trabajando en prensa por casualidad (hay casualidades más cortas y más largas). Soy un intruso, montuno, como dice el simpar Javi Osuna. Eso igual me desautoriza completamente para opinar, no lo sé. Opinaré entonces como lector de periódicos y bloguero si es que no soy periodista, que ahora no voy a discutir con nadie por esa denominación profesional tan denostada. Por cierto, en algún momento la lucha contra el intrusismo arreciará y los miles de parados dirán “¿qué hace gente como ese trabajando y yo no?”. Me parece lógico, legítimo, sensato, inevitable, respetable y comprensible. Que tienen razón, vamos.
No ofreceré resistencia cuando vengan.
Respecto a los silencios y las opiniones de Fernando Santiago, suyos son. Comparto mucho de lo que dice y obviamente me mantengo ajeno a muchos de su piques y fobias que son personales, como los míos. También, faltaría, discrepo en algunos casos. Me quedó un extraño sabor de boca con la difusión que hizo de una entrada mía sobre el ERE en La Voz y me llama la atención que no lo haga con esta del Diario. O las dos, o ninguna. Coger sólo una es difícil de argumentar.
Dicho eso, que no deja de ser un debate menor y ombliguista mío, me consta que se ha explicado con el comité del Diario por no mencionar apenas el asunto (obviamente tener el blog en un medio limita, por eso algunos lo sacan) y que, más allá de eso se ha puesto a disposición de los trabajadores y los afectados como corresponde a su función. Por otra parte, la APC es una asociación, no un sindicato que, por otra parte también, o item más que se dice, no suelen servir un caraho para nada.
No ofreceré resistencia cuando vengan a por mí.
en octubre 27th en 8:09
@ Antonio Martín
Nunca confundir a Ladinos con Landinos. Es una sola letra pero diferencia a la gran mancha de hijosdeputa de este planeta, los primeros, de mis niños, los segundos.
en octubre 27th en 8:11
@ Cristina
¿Es de Rubén Dario o de Neruda? No recuerdo ahora mismo…
en octubre 27th en 8:48
@ Pantagruel
Sin duda, esto es un plan organizado para devaluar la mano de obra en varios países de Europa. Entre ellos el nuestro. El norte, donde siempre están los hilos, quiere que cobremos menos. Ya cobrábamos menos pero les parecía demasiado. Curioso, sí tenemos sus precios, pero no quieren compartir sus sueldos. Tampoco tenemos su formación, su organización, sus patentes ni su productividad, cierto es. Pero vamos, que esto es un putadón premeditado, no me cabe la menor duda. Todos a la calle y ya os iremos llamando poco a poco, bien asustaditos, para ofreceros la mitad de sueldo, con la mitad de derechos y el doble o triple de trabajo, horario y autoritarismo.
en octubre 27th en 8:51
@ Pepe
Al que no la haya visto, le recomiendo mucho ‘Margin Call’, una pequeña película, casi obra de teatro filmada, con grandes actores sobre el origen de la crisis. Como le escuché el otro día a un crítico en la radio, “aunque sea una película sobre la crisis económica, me parece una de terror, la película más terrorífica que he visto en años”. Da miedo escuchar la premeditación de todo esto, la impunidad, la frivolidad.
De todas formas, comparto lo que dices. En esa película, por eso te la miento, hay una escena que me dejó cavilando. Sin reventarla, cuando todo se va al carajo, a los trabajadores se les dice, tenéis que hacer esta trampa final, es un engaño, una estafa, pero si la hacéis cobraréis algo más de indemnización porque, aunque os pedimos este esfuerzo, mañana estaréis todos despedidos. Y la gente va, y lo hace. Todos, sin excepción ni rechistar. Todo esto que nos está pasando, como dices, tiene mucho de suicidio. No lo veo tan utópico.
en octubre 27th en 8:52
@ Chicharonne
Un abrazo permanente, perenne.
en octubre 27th en 8:54
@ Adela
Dios mío, te imagino de negro, ceñido y brillante, arrodillada en el confesionario, susurrando desde ese velo negro que insinúa unos rasgos y oculta otros…
¡¡Es que vas provocando, de verdad!!
en octubre 27th en 8:58
@ Ramón
Gracias a ti, Ramón, insisto en que tengo curiosidad por vosaltres y vuestro estado actual. Decidme por vía más discreta y reservada.
Respecto al tema, lamento discrepar. Veo montones y montones de palabras (mira quienes fuimos a hablar, con lo que charlamos los dos), veo mensajes, condolencias, gritos de rabia, FCBK, twitter, SMS, mensajes, leo entradas en decenas de blogs y luego nada, no pasa nada. Nunca vimos más palabras cada día, pero nunca fuimos más individualistas, pasivos, indolentes. A eso me refiero. Tengo la sensación de que si el martes que viene volvieran a hacer otro ERE en mi empresa, en el Diario, en la que sea, pues nada, otra vez saldrían unos pocos y otra vez se quedarían los que quedasen, como lobotomizados todos. No es que crea que haya que hacer nada concreto, es que lo de decir y decir, sin más, me suena a un ciclomotor arrancado con el pie puesto. Hace mucho ruido, acelera y acelera, pero no se mueve, no avanza, no provoca el menor movimiento.
en octubre 27th en 9:05
Pepe, felicidades por el desahogo, más que un artículo. Se ve que esta escrito a corazón abierto y eso se agradece. Es dificil hablar, saber que decir. El abrazo a los despedidos y a los que se quedan se te queda corto, sobre todo porque hay muchos amigos. Confieso que tengo la cabeza hecha un lío y que cada día me cuesta más trabajo seguir siendo educado.
en octubre 27th en 9:08
@ Pepe Monforte
Sí que cuesta, sobre todo en casos como este, como el de Sufi Cointer, como tantos, cada vez más, en el que los niveles de crueldad, sadismo, chulería y grosería de los empresarios y sus ejecutores (¿o eran ejecutivos?) supera con mucho lo soportable. Si no fuera porque es sábado por la mañana y estoy desayunando con Zenet de fondo, te diría que “un bofetón a tiempo hace milagros”.
en octubre 27th en 16:01
No sé, creo que los del Diario no están tan mal del todo. Al menos los que juegan cada lunes unas pachanguitas de fútbol sala en el Centro Histórico, mientras el resto de compañeros se dedican, supongo, a luchar por sus puestos de trabajo.
en octubre 27th en 20:38
@ Breezy
No me seas…
No sé si como colectivo estarán mejor o peor, en todo grupo grande hay gente que se toma las cosas de distinto modo, habrá quien esté tan tranquilo o descojonado, no sé, pero te digo que ha sido el mismo palo, el mismo trago, que cuando esto sucede en cualquier empresa, sea un banco, un periódico o un despacho de congelados. Hay gente que se queda en el paro tras 20 años en un sitio, con demasiados años, o con demasiados pocos, con hijos y su pareja en paro o condenados a seguir en casa de sus padres y esa es la putada, el problema, el verdadero y único, no dramaticemos, pasa en más sitios, pero tampoco frivolicemos porque algunos jueguen al futbito.
El día que me echen a mí, pienso seguir nadando, follando lo mismo que ahora (mu poco), viendo cine o tomándome alguna caña y espero que nadie piense por eso que me da igual haberme quedado sin curro o estar parado, imagino que me comeré por dentro, que sufriré y temeré por mi futuro, aunque seguiré con mi vida. No sé, que lo del futbito o lo que hagan cuatro no me dice nada, no quita que yo esté dolido por unos cuantos amigos y, por extensión abstracta, por todos los miles que están pasando por esto.
De eso se trataba el texto. Que si no lo compartes o te resulta exagerado, bien me parece, pero no seas cruel con los afectados por este trance (ya sé que no es trágico ni gravísimo, pero trance). En todo caso, sería error mío haberlo contado mal con un tono excesivo.
en octubre 28th en 1:15
Cruel?. Vaya L’obeli, cúanto lo siento. Mis más sinceras disculpas a quien se haya sentido ofendid@ por mi comentario.
en octubre 28th en 21:20
Breezy, soy uno de los que ‘no están tan mal del todo’ y, mira por donde, además de jodido y casi despedido, estoy alucinado con que puedas alegremente escribir ese tipo de cosas. Ya veo que te has disculpado. Bueno, vale, pero piensa las cositas antes, que debes ser mayorcito… y no vienen a cuento esas cosas.
en octubre 29th en 9:55
Breezy lo tuyo es el prototipo de lo que quieren los que están manejando todo esto, los ricos, aunque ahora los disfrazemos con el nombre que queramos. Lo bueno es eso que nos insultemos unos a otros, que nos digamos el y tú más, y todo eso. Así tragaremos por todo. Mientras tú te preocupas por darle caña al compañero a tí te lo están quitando todo por detrás…incluso la cartera. Eso es lo que hay. Hoy anuncian que quieren darle una millonada a las empresas de las autopistas, porque van a la quiebra. Los salvarán, mientras a estas 24 personas, si no pueden pagar algo, seguro que el Estado, al que pagan religiosamente (seguro que no las autopistas) no les ayuda y les cascará, con casi cachondeo “el estado de derecho”.