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El generoso Miguel me ha preguntado, ha estado y coincido con su parecer. Durante mis vacaciones, que acabaron este lunes del siglo pasado, he tenido ocasión de ir hasta tres veces al Bebo los Vientos, y le doy la razón al comentario que ha enviado.

El entorno es magno, lo era. Es indiscutible que lo den por edén, todo playa, arena como en Lawrence de Arabia y el Atlántico también en Cinemascope. El antiguo Tracaplaya (témome que seguirá siendo su nombre un tiempo que aquí tenemos querencia a la melancolía nominativa), como local en sí, eso sí, ha cambiado, no radicalmente, pero creo que mucho y para bien.

La reforma le ha quitado el piso inferior que tenía. Eso de que entrabas, bajabas dos escalones y entonces estaba la barra… Pues ya no.

Ahora, entras y pom, lozana ella pidiendo codos, con unos metros a derecha e izquierda, pero comiéndoselo todo. Aquella planta inferior, ha desaparecido, está tapada y es cocina. Con todo, apetecible, pero el sitio ya se ha volcado a la playa, ya es todo terraza, amplia, generoso suelo de madera, sombra por ampliar, mar y arena, que es lo que apetece, lo que ordenan lógica e instintos básicos. Ahora con taburetes, mesas de distinto tamaño y algún butacón buscón. Un acierto sensato, obvio. A veces, los más difíciles de tener.

Paso de soltar el ladrillo de todo lo que probé en dos almuerzos y una cena (la insistencia no fue idea mía). La carta (me gustó el diseño) es más esquemática, pop, fresca y sencilla que la de Arsenio y Nahú Beach, los otros dos locales, cercanos y hermanos. No tengo inconveniente con eso, con el pulpo crujiente, gambones, champiñones, ensaladas, con el salmorejo, las hamburguesas, el perrito, y los clásicos de carne y pescado, vuelta y vuelta también. Al contrario, agradezco ese plan en ese entorno, me parece un acierto. Me hizo gracia el apartado en la carta de “patatitas de Sanlúcar”, asadas y con salsas varias. Encajaba, me agradaba, pero otra cosa fue la ejecución de los platos. Tuve la sensación, las tres veces, de que algunos platos me daban igual, eran planos. Tengo un baremo muy simple, si creo que en mi casa me lo hubiera hecho mejor, yo que no soy Adrià precisamente, me decepciona. Y me pasó con algunos platos, no todos, de los que probé. Las papitas, el juego principal, fue el chasco mayor.

Así como resumen, aplaudí (en silencio) que la oferta fuera más playera y desenfadada de lo que esperaba pero añoré (también callado cual perro) que estuvieran resueltas como en el Arsenio, sin ir más lejos, 20 metros por ser exactos. Por ser justos, fui en el primer mes de apertura, en pleno rodaje. Imagino que el equipo, la cocina, necesitan un poco de calentamiento. Me quedó la sensación de que la próxima vez, si se trata de almorzar in (on) the beach pero en serio, me voy enfrente, que me encanta, o al Nahú (o al María-María) donde sí aparece la sensación de estar en un restaurante atractivo que hubieran soltado con helicóptero en cualquier playa exótica.

Acierto que haya tantas tapas (generosas) y medias raciones en muchísimas opciones de la carta. Correcta, a lo justo, la oferta de vinos. Servicio pelín amateur en algún detalle, pero bienintencionado, cortés.

Como terrazón para copas nocturnas, sobre todo, para cafeles, aperitivo, birra prólogo de almurezo y para algo que picar me pareció que el Paseo Marítimo tiene un sitio nuevo imperial si se piensa en playero. Como sitio para comer, estoy seguro de que las próximas veces me gustará más, me consta que son autocríticos. Porque volveré, fijo. Espero que muchas veces.

P.S: Ya que sale en la foto, Solán de Cabras es el agua que más me gusta de todo el planeta Tierra y parte de Júpiter. Una pijada, ya sé, que yo bebo del grifo, pero que me he acordado.

  1. Miguel

    en septiembre 7th en 17:06

    Buenas!! No, si al final me convierto en crítico y todo jajaj.Como tu dices démosle tiempo, y quizás teníamos muy altas las expectativas ya que conocíamos el Arsenio, pero la cosa tampoco está nada mal. Un detalle que vengo observando desde hace mucho: Raúl no para ni un momento, va de bar en bar cuidando cada detalle, y de hecho el otro día me admiró que estaba en la cocina vigilando cada plato que salía e incluso echó para atrás un plato porque no le terminaba de convencer el aspecto. Sí señor, así se levanta un negocio (o varios) tratándolo con cariño y mucha dedicación. Por cierto, gracias por lo de generoso jejej. ¿Cómo va aquel proyecto andaluz-gastronómico? Un saludo!

  2. Lovely

    en septiembre 8th en 10:37

    @ Miguel

    Aquí todos somos críticos nuestra propia revista particular, un hombre, una opinión. A mí no me pareció tan mal, en absoluto, sí es cierto que iba con la idea de “se comerá como en el Arsenio” y aún le falta un poco.

    Comparto contigo el aplauso público por esa actitud del dueño. Yo, cada vez que voy a uno de sus locales, en algún momento, está. “El que tiene tienda, que la atienda”, regla básica. Habla muy bien de él esa actitud.