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He visto a Bruce Springsteen. Live, loco. Dos veces. Y a Tom Jones, en Praga. A los Stones, en Irlanda, no quise ir porque soy gilipollas desde bien pequeño. Hasta trabajé (con el poco entusiasmo que merecen todas las obligaciones) con Martínez Ares unos años. He tomado café con García Márquez. Había 60 personas más en el salón, pero como si no estuvieran. Los demás bebíamos café frío cuando acertábamos a cerrar la boca. Él divagaba con una maestría que iluminaba aquel sitio, tan antiguo, a oscuras. Me tocó entrevistar, en corrillo, a Felipe González. Y a Guerra. Hasta he tenido el honor de dialogar con Teófila Martínez (bueno, de intentarlo porque no deja meter baza monosilábica). Incluso me tocó preguntar a José María Aznar cuando presentaba un libro en El Corte Inglés de otra ciudad. Mientras esperaba que dedicara ejemplares a una cola infinita de feligreses, una señora de pieles y rubio pelo cardado me preguntó: "¿De qué periódico vienes?". ...Continuar leyendo
He descubierto algo que debo poner en conocimiento de mi pueblo con premura. Entiendo que el bienestar de mis compatriotas depende de la difusión de estas palabras precipitadas. Hasta nervioso estoy. Qué responsabilidad, caraggio: Sin más rodeos. Hay una pizza individual en esta microciudad, del tamaño las pequeñas del Telepizza o La Bella Italia, pero cuadrada, suficiente para jartar a una persona, que ofrecen al asombroso precio de UN LEURIMEDIO. Sí, camaradas y amigos, 1,5 pavos y has comido, al menos te has llenado. Sí queridos. Como suena. Su calidad es igual, quizás algo superior, a la de los locales mencionados, equivalente o algo mejor que la de cualquier pizzería de barrio. Más rica, seguro, que cualquiera que venden congeladas en supermercados y grandesuperfisie. La ponen en un local llamado El Italiano (son originales, no me jodas). Está en Los Balbo (vulgo, "Los Pescaítos" y a partir de ahora I Balbi), en esa zona ignota, peatonal y amorfa que separa ...Continuar leyendo

Conste que sé que hay muchos inquilinos fulleros y con cacarucas pero el fuerte, siempre, es el que puede más. También puede joder más. Madueño se ha salvado, y me alegro, y merecidamente, pero hay muchos que no. El mercado inmobiliario, también el comercial y hostelero, está podrido. Demasiado desigual. Hace mucho, siempre, lo sé. Pero esto me lo ha recordado.

Eso es lo que pretendía contar.

La excepción Madueño

 

Piedra, placer, hoguera De Pedro A. Cortés en LA VOZ (publicado el 15 de octubre de 2017) Cuesta recordar que todo diamante fue una piedra o que Paul Newman y Sophia Loren fueron una vez sólo una célula. La naturaleza tiene una capacidad inmensa para ocultar su simple fuerza en bellas y sofisticadas formas, creadas siempre con elementos básicos. Pues me acordé con los platos de Cataria. Del mar o el campo, con extrema selección y poco proceso, pero dificilísimo de cuadrar, pasan por el fuego y la piedra. Este memorable lugar logra convertir la brutalidad natural en sofisticación, en placer y sabores primitivos presentados de forma sublime. Alimentarse es una necesidad. Aquí hablamos de algo que va más allá de tal rutina y del hecho de llevarse algo a la boca. Es satisfacer un deseo inmemorial, disfrutar de la conexión telúrica, de esa parrilla como una cancha de baloncesto que hipnotiza primero la vista, a la entrada, y luego marca el paladar con una magia vieja que llega ...Continuar leyendo

El Rincón de pensar

En las paredes he visto una leyenda: "Se vende". La frase resulta muy familiar pero en este caso me apena por la pared en cuestión. Es la del Loanca, en el Paseo Marítimo de Cádiz. No sé si la intención de vender que anuncia se refiere al local contiguo, a otro espacio colindante, al edificio entero, a un piso superior, pero está muy cerca de la puerta y me ha dado pena la posibilidad (sin confirmar, que esto no es un medio ni yo soy periodista) de que se trate del bar. Es una lástima chica, impostada, falsilla, como casi todo lo que se dice o se escribe, en internet o en cualquier parte. Tampoco es que fuera yo un habitual de aquella particularísima barra, un cuadrilátero al que se asomaban los clientes por dos lados. Ni de sus mesas pequeñas, sacadas del cuento de Blancanieves, puestas en fila, en la pared orientada a la playa. Simplemente disfruté una decena de veces de la luz atlántica y orillera que rompía por las ventanas viejas, que convertía a todos los ...Continuar leyendo
Publicado en Gurmé (La Voz) el 3 de Septiembre Aquí el enlace directo Chiringuito 180º (Cádiz) El irresistible encanto de lo sencillo Por Antonia Meléndez La visita al chiringuito predispone a tener los pies en la arena mientras se cena, ver el atardecer y disfrutar de la coreografía de olas en la orilla. Eso dicta la norma. Y no hay nada más aburrido que seguirla. Al otro lado del atardecer gaditano –en el amanecer, de hecho– también hay vida chiringuitera. Cierto que aquí, lo de tener los pies en la arena mientras se disfruta es complicado. Tirando a imposible. Y que el sol no se esconde en este lado. Se despierta, aunque a unas horas en las que el local está cerrado y la cena tampoco es aconsejable. Pegaría el desayuno. Con todos los cambios, aquí también hay brisa marina y silencio. Y vistas, pero otras. Es Cádiz al revés, el otro lado. Es una paz con paisaje industrial al que cabe conceder cierto encanto. Y con un puente gigantesco que brilla de noche.  Ahí, ...Continuar leyendo