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Sobre lo de Ángel León, una cosa: es un asunto personal.

Quiero decir que es particular y de cada uno lo de interesarse por ese mundo o verlo de lejos. Me parece gastronomía de lujo, de gran lujo, de vanguardia y eso no debe suponer desprecio alguno. Conviene no confundir los gustos propios con el universo mundo. Hay mucho talento, muchas horas, mucha poesía, en un diseño de Louis Vuitton (¿lo he escrito bien?) o en un Ferrari pero muchos no atendemos demasiado a sus productos porque están lejos, porque nos acordamos poco o porque no podemos pagarlos. O porque no queremos pagarlos. La exclusividad forma parte esencial del sector del lujo. Como escribió el enorme Chirbes, “lo mejor de tener dinero es que los demás no lo tengan”. Si pudiera ir todo el mundo, no tendría gracia y entiendo que me ha tocado quedarme fuera (del Ferrari, de los grandes restaurantes y los grandes teatros).

Pagar por algo de eso supondría desatender otros gustos, placeres, aficiones o caprichos. Incluso todos. Por aplicar el ejemplo. Si voy a catar el menú degustación de Aponiente me quedo un mes (o dos) sin Colosía, Cuco (mil gracias, Mr. Maribone) y Pesquera para cocinar los sábados, sin cine de pago y sin los aperitivos festivos en el bar de abajo. Tendría que trabajar más (qué horror), renunciar a comprar libros que tardo tanto en leer o al único viaje cada dos decenios, no comprarme jamás chándales de marca…

Hay quien prefiere una cosa y quien prefiere (y se puede permitir) otra. El interés que despierte ese objeto de deseo caro, exclusivo, forzosamente infrecuente, influye mucho. Me temo que formo parte del gran club de los desinteresados. Igual es sólo cuestión de ser un tieso.

El hecho de ver las estrellas a distancia por falta de posibles, o de interés, paladar, curiosidad o educación, o porque se prefieran otras cosas nunca debe llevar a rechazo ni desconsideración, ni siquiera a la indiferencia. Ojalá muchos en esta provincia fueran, en lo suyo, como Ángel León en lo de él. Tuvo una idea, la tiene. La sostiene y la moldea. La trabaja y la cuenta. La preparó, la peleó y la defendió. Sedujo a los que debía seducir. Ahora, esa idea, esa forma de ser, esa propuesta con su toque teatral, épico y científico, deslumbra a los expertos y seguidores de su mundo u constelación. Si todos lográramos lo mismo en lo nuestro (de la fontanería a la arquitectura), nos iría mejor -en lo profesional, al menos-. Estaría mejor nuestro barrio, ciudad o provincia, cabe suponer. Se llama excelencia y no es un ministro, es una carencia que tenemos demasiados por aquí, afecta desde la enseñanza y la sanidad a la política, el periodismo y la reparación de lavadoras, la cultura, la hostelería, la educación y la convivencia. Estaría bien que quisiéramos ser mejores en vez de cantar que una vez lo fueron nuestros antepasados, esos presuntos inventores de todo lo mejor del universo. Esta bien contemplar a uno de los nuestros que sabe, que puede y que quiere.

Con todo el reconocimiento que merece, tampoco creo que el fenómeno turístico de la gastronomía mueva tanto dinero y tanto visitante como se dice. O será que estoy lejos y no me entero. Crece, claro, está al alza, tiene alto nivel adquisitivo (alias ‘taco’), me parece cierto, sensato pensarlo. Pero es un complemento, un área limitada, una tajada del melón. León hace mucho, puede que muchísimo, por la promoción de la provincia. Lo hace de forma secundaria y subsidiaria porque su primer objetivo es su propia empresa. Obvio y legítimo. Pero lo hace. Sólo digo que esos términos (prestigio, fama, promoción…) son intangibles, incuantificables más allá del número de visitantes que tenga su establecimiento, tampoco creo que se le deba considerar directamente responsable de riqueza y empleo. Forma parte de un enorme conjunto de personas y tareas que convierte Cádiz en un destino más atractivo -últimamente, con altibajos y brutales contrastes locales-. Es decir, tampoco entiendo tanto revuelo -el tamaño del revuelo- alrededor de un fenómeno publicitario y comercial. Me refiero a Michelin y también a cualquier restaurante.

Que my menda no tenga un gran interés por Aponiente (ni por ese sector que puede tener como ejemplos a DiverXO, Mugaritz, Atrio, ABaC, El Celler de Can Roca…) no significa que celebre que tenga sucursal en Cádiz o que no me guste comer, incluso en la calle. Si no miras los catálogos de Harley Davidson o la programación de la Ópera de Viena no significa que no te interesen las motos o la música.

Son distintos escalafones, grupos, cada uno con sus miembros, respetémonos, bro… A los sibaritas y gastropicaítos, tanto como a los que no. Ni son marqueses todos aquellos ni somos unos esmorecíos todos los demás. Está bien intentar apreciar, aplaudir en caso de duda, dejar a cada uno con sus planes, con sus gustos y preferencias, celebrar que los negocios de otros vayan bien.

Todos mandamos un fuerte aplauso a lo sucedido en Tenerife porque pasa en El Puerto y en Chiclana. Nunca había pasado aquí. Merece mucha felicitación porque ha tenido que mediar mucho esfuerzo y atrevimiento.

Hablando de estrellas, cualquier excusa es buena para volver a ver a Enma Piedra:

Pincha, es dulce, hasta empalagoso, para postre