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Artículo emitido en Canal Sur Radio el miércoles 15 de febrero. Me pidieron que intentara engarzar alguna historia de Carnaval con el fútbol (temática del programa que dirige mi compi Juan Miguel Vega). Se me ocurrió esta parida pero resulta que a las personas que la escucharon, les gustó. Tampoco son imparciales ni objetivas pero en estas noches de coplas, igual encaja mejor.

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Voy a contarles dos historietas distantes, distintas, una de fútbol y otra de carnaval, pero con algo en común. Son dos batallitas muy diferentes.

La primera ocurrió hace 20 años. La segunda, anoche. La más antigua, sobre campos de fútbol nórdicos. La otra, sobre el escenario de un teatro neomudéjar al sur del sur de Europa.

El cuento futbolístico habla de una selección, Dinamarca, que no se había clasificado para la Eurocopa de 1992. Se jugaba en la vecina Suecia. En su grupo, Yugoslavia había quedado primera pero no podía jugar porque la Guerra de los Balcanes había hecho saltar ese país en mil millones de pedazos. La UEFA, por una vez sensata, decide que un país en guerra no puede participar. Lo confirma unos días antes del inicio de la competición. Que pase el segundo. La selección de Dinamarca, esa sustituta, llama a los jugadores: “Preséntate mañana en tal hotel a tal hora”. Los jugadores daneses estaban cada uno en una playa, de vacaciones.

Admiten que la llamada les fastidió. Hay curiosos reportajes en los que declaran que temían hacer el ridículo, que tenían la cabeza en una orilla, que les daba pereza, que no querían ir, que llevaban días bebiendo y comiendo mal (o bien). El mítico portero Peter Schmeichel (en la foto) confiesa que algunos compañeros llegaron a la Eurocopa sin molestarse en saber contra qué rivales jugaban, aún preguntaban en el avión, como infantil muestra de rebeldía. Un mes después, por primera vez en la historia, Dinamarca levantaba la copa de campeón de Europa tras ganar en la final a Alemania por 2-0.

La historieta de Carnaval habla de una comparsa conocida, de esas que tienen hasta fans, a la que le salen contratos y mueve pasiones por internet, la de los hermanos Márquez Mateo, los Carapapa. A dos semanas del debú en el Falla, el grupo se rompe. Una discusión en los ensayos acaba con la renuncia irrevocable de la mitad de los componentes. Entre ellos, los guitarras, el director y algunas de las voces más importantes. ‘Los duendes coloraos’, que así se llama la comparsa para evocar mejor a la dinamita roja danesa, tenía 15 días para enseñar todas las músicas, todas las letras a siete nuevos intérpretes, siete osados dispuestos a batir el récord mundial de memorización de acordes y rimas. Todo eran dudas, temores: no podrán, es imposible, se equivocarán.

Anoche actuaron en el Falla, pusieron el teatro bocabajo. Nadie cuenta con mayor respaldo para ganar el primer premio ni arranca más aplausos este año. En 15 días de ensayos, con todo perdido, ante la incredulidad de los pocos que se acuerdan, se ha convertido en el grupo favorito del público.

Lo que tienen en común ambas historias, tan diferentes, separadas en el espacio y en el tiempo, incomparables por distintas, es un hatajo de preguntas sin respuesta que conviene evitar a los niños: ¿De veras es tan importante la preparación? ¿Está sobrevalorado el esfuerzo, el sacrificio? ¿Son tan necesarias las concentraciones de un mes? ¿Los ensayos desde septiembre? ¿Es tan imprescindible la estrategia, la planificación o, cuando hay talento, basta la improvisación? ¿Está subestimada la relajación como técnica para alcanzar el triunfo? ¿Todo va mejor cuando jugamos sin miedo a perder?

No tengo las respuestas. Es más, creo que si se repitieran ambas historias, difícilmente acabarían igual. ¿O sí?.