Es menudo y le gusta lucirse frágil.
Fiel a la tradición gastronómica platense, tiene un leve aire empanado en la cara. Pero la sonrisa inmensa le maquilla y la inteligencia rebosa en cada palabra. Ha ido a la recepción oficial de la alcaldesa en camisa de cuadros, vaqueros y tenis (Adidas).
Estábamos allí esperando que se justificara contra los talibanes del catetismo terruñero y dijo: “Soy consciente de que soy de fuera, un extraño, pero puede ser
una ventaja. A los que me ven como alguien de fuera sólo puedo decirles que tienen razón pero les pido que piensen que puede ser algo bueno. Veo Cádiz con los ojos de un enamorado reciente, con mirada limpia, casi a estrenar. Es verdad que recién empiezo a querer a Cádiz, pero ella me hace caso. Vengo a disfrutar y a aprender”. En ese momento, imaginé que sonaba ‘clonc’, era el ruido de los genitales de mis compañeras, de las mandíbulas de mis compañeros, cayendo al suelo, rendidos al asombro que causa el poder seductor de la palabra exacta, del párrafo calibrado, que nace pulido como el diamante pese a ser espontáneo.
Al terminar esa frase, he sentido lo que algunas chicas deben pensar en silencio en esas pocas noches en las que deciden “después de lo que acabas de decir, vamos a follar el rato que tú quieras y puedas”. No es usual, lo normal es que escuchen frases que les hacen pensar lo contrario “con lo que has dicho, conmigo te vas a comer tú un mohón mu gordo esta noche”.
Drexler es de los pocos que debe conseguir lo primero de tanto en tanto, quizás cuando quiera, un prestidigitador de verbos, un barman de sustantivos y adjetivos pero sobre todo es una esperanza para los ‘no-guapos’. La confirmación vigente de que la palabra es el mejor afrodisíaco inventado por el hombre, que el sexo está entre las cejas y no entre las piernas.
Ya me gustaba horrores lo que componía y cómo lo canta pero, como sospechaba, me tomaría un millón de cañas con él, sólo por ver cómo las más guapas del lugar se derriten cuando les pone un sonotone uno de los menos feos del local, uno de esos que sabe mezclar las palabras hasta conseguir la pócima secreta. Cuando ha terminado de hablar, una periodista de Cádiz (preservemos su identidad) me ha puesto la cabeza en el hombro y ha soltado una mezcla de suspiro y maullido de gata que causaba tanta risa como compasión.
Vale, no lo ha probado pero al menos ya sabe como suena.
Ahora entiendo por qué he escuchado a tantas mujeres, que nunca han ido, decir: “Este año voy al pregón”.
En la foto, de la Agencia EFE, durante la llegada al Kodak Center para la entrega de los Oscar. Su gesto corresponde al momento en el que los periodistas norteamericanos le preguntaban en tropel: “¿Dónde llevas Cádiz, Jorge, dónde, dónde?”.

en noviembre 2nd en 22:15
Amigo, se de al menos una seguidora tuya que hace sonar el ‘clonc’ al leer muchas de las entradas de este afamado y visitado blog, y lo oigo bien porque la tengo cerca. Seguro que hay varias más. La parte del sexo la veo más complicada. No obstante, se presenten inmediatamente, aquí, ahora.
en noviembre 3rd en 9:50
@ Chicharonne
Tú eres de los afortunados que, dado el chasis que te tocó en el sorteo, tenías que hablar menos. Pero los demás…
Por cierto, que con el corte de pelo y los cuatro kilitos borrados estás para ponerte un piso (en Bahía Blanca, inclusive). Qué bien te vi el otro día, Braspí.
Si esa seguidora es su compañera, dígale que me emociona contar entre los partidarios con una vendedora de fantasías a dúo, una distribuidora de sueños de raso, envasadora de caricias y magreos de los ricos se divierta leyendo como yo escribiendo. No sé si habrá más, total, cuando me vean la cara de boba de Medina van a reaccionar igual. Pero ante la suya, póstreme (sí, yo tocino de sielo. No, gracias, yo un cortaíto).
Póngame a los pies de su señora y déjeme ahí un rato, todo el fin de semana, el lunes, para no estorbarle los pies al andar, ya me quitas.
en noviembre 4th en 23:56
Entre los “aro, aro” que te suelen entrar en Cádi (dícese de aquellos que responden cualquier cuestión con este tan elaborado constructo) y la poesía que emana este mushasho, pos qué quiere que te diga… No es malo soñar que alguien te dice “¿Que habré hecho yo de bueno, para que la vida crea que yo te merecía?” en vez de canijaaaaa
en noviembre 5th en 20:37
Yo soy una de esas a cuyo lado se hubiera o hubiese escuchado un clonc como de romper un par de losas. Debe hacer como diecitantos años que ando enamoradiscadilla de este señor (a la Watling le podría decir que yo lo vi primero), que utilizo sus coplas como ánimo necesario para el zafarrancho limpiador, que acudía cada vez que se deja ver por esta ciudad (antes, cuando el caché sólo le daba para tocar en La central lechera), cuando lo conocían todavía menos de los que lo conocen ahora (por las reacciones del anuncio del pregonero, debemos ser cuatro). El clonc ese se oyó literal el día que ganó el oscar a mejor canción, cuando aprovechó su intervención al recogerlo para cantarla, ya que no le habían dejado antes (malditos gringos) y le habían cedido el honor a Antonio Banderas (ojito, que yo no tengo nada en contra de mi Antonio, pero cantar, cantar…)
Eso sí, risa me dan los que dicen que lo que quiere es aprovecharse de ser pregonero para dar un impulso a su carrera, pfffffff….
En fin, que qué querés que os diga, que ya estoy yo repasando la discografía. Ya te lo he dicho alguna vez: es la sonrisa más bonita de todo Uruguay.
en noviembre 7th en 9:41
@ Chupacharcosdecadi
No sólo no es malo, me parece imprescindible.
en noviembre 7th en 10:05
@ Ana
Yo también soy drexlófilo hace años. Lo descubrí en radio, tele y CD, luego vi un concierto y ya fue levitar. Desde entonces, varias canciones suyas, casi todas de Eco y Eco2, macompañan siempre, creo que son de las que menos me canso.
Lo de las críticas recibidas, me asombra, me espanta, me confirma que esta ciudad se acateta a toda velocidad. Que no se le conozca, vale (yo no conozco a la mitad de los grupos de música de los que me hablan cada mes) pero presumir de no conocerle, criticarle por eso, es triste. Puede que no esté muy vinculado a la ciudad ni a la fiesta, pero decenas de pregoneros anteriores no lo estuvieron (¿Jesulín, Morancos, Carlos Herrera, Ismael Beiro?) y el nivel de crítica no fue tal. Tengo para mí que se ha destapado una herida, una brecha que siempre me pareció que estaba pero discreta, el carnaval cultureta, gafapasta, de profesionales y universitarios, el de las ilegales y las tres chirigotas de culto, está picado con el carnaval de siempre, el de comparsas, Falla, coros, chirigota clásica y demás. Yo muero con el primer mundillo (aunque sea tan vanidoso y pamplinoso como el otro) y me gustan cosas sueltas del segundo. Así que he tomado partido.
A mí no se me cae nada pero me confirma que si no soy gay es porque tengo remilgos físicos, biológicos, por lo demás…