Tengo un amigo (sí, así que todavía me hable, uno) que nunca deja de sorprenderme. Es el tío más mijita y milindri de cuatro de los cinco continentes. Nariz de oro que adivina aromas a orina a 50 metros de la puerta de todo retrete de bar. Detector infalible de aceites usados para freir más de una vez. Capaz de poner 873 muecas de asco distintas, con sólo usar napia y boca, para definir su infinito rechazo por otras tantas tapas en el mismo número de bares. Dueño de un dedo índice implacable, cuya yema arrastra por cualquier superficie para encontrar siempre rastros de pringue o polvo. Látigo de camareros irrespetuosos. Implacable censor de cocineros de disciplina laxa e imaginación corta. Es de esos que dice que en Cádiz no se puede ir a más de dos restaurantes y ya está siendo generoso con un par de ellos.
Un auténtico cretino. Pero yo le adoro. Quizás porque los iguales tendemos a la supervivencia por agrupamiento. Llevamos 30 años así. Insultándonos sin cesar. Walter Mathau y Jack Lemmon, dos ursulinas.
Pues ese tío, ese y no otro, este enorme capullo, va y me dice el otro día: “Tengo un descubrimiento gastronómico brutal”.
Yo pensé que Mister Proper, Sanex, Mistol y Adrià se habían asociado para abrir un restaurante en Cádiz y yo no me había enterado. Pos no. Va y me dice: “He probado el mejor bocadillo de mi vida”.
¿Bocadillo?
“Sí, quillo, bocadillo”
¿Dónde, criatura?
“En Paco Culo. Es la mejor tortilla de papas que he probado con un pan recién hecho. Se nota que el aceite es nuevo. Es el bocata perfecto. La tortilla pluscuamperfecta, con el viena exacto. Lo probé hace unos días y ya he vuelto diez veces. Estoy obsesionado. Hasta cuando salgo de marcha, me pego el bocadillo en vez de cenar en un sitio y, luego, ya me voy de copas”.
Ojiplático, mudo, sordo y cegado, shockeado y achocado por el testimonio de semejante mindundi sibarita de la hiperhigiene alimenticia y corporal, me marché pensando que la vida jamás deja de sorprenderte. Como si Jack el Destripador te dice, “quillo, que he empezado a leer a Santa Teresa de Jesús y que no puedo parar, esa tía es lo más grande”.
Yo creo que los bocatas de tan noble establecimiento los he probado porque aquello lleva allí, lo de Paco Culo, más tiempo que las Puertas de Tierra encima de la Cuesta de las Calesas. Está en La Viña, en El Corralón, a pocos metros de Casa Manteca. Le conocía la fama, como sitio de bocatas de estudiantes, almacén de barrio, práctico para vecinos, paseantes, turistas y demás. Dignísimo, lo que tú quieras, pero claro, como templo gastronómico no lo tenía fichado. Pero ya me ha quedado la duda. Es más, balbuceante, sólo pude responder afirmativamente a su ruego: “Prométeme que vas a ir”.
Cierto que el bocadillo tiene poca literatura para ser uno de los recursos nutritivos más evocadores de nuestra vida. Nos acompaña desde el recreo
hasta el trabajo, pasando por las primeras e inolvidables escapadas. Vale que es una receta prodigiosa, grasas animales y proteínas cubiertas de hidratos de carbono. Vale que la humanidad podría sobrevivir milenios sin comer nada más. Vale, me gustan los bocadillos, particularmente los atortillados patatoides, pero ¿los de Paco Culo? ¿No es discutible, mejorable al menos, el nombre comercial del sitio? Sí, desde luego tiene fuerza pero… ¿Paco Culo?
En fin, que se me ha ocurrido ampliar campo para salir del ahogo de la duda.
¿Dónde están los mejores bocadillos de Cádiz?
¿Dónde te compraste o comiste el mejor bocadillo de tu existencia, siga abierto ese sitio o no?
¿Hay algo mejor que un buen bocadillo en esta vida, doliente valle de lágrimas y recortes?

en septiembre 13th en 0:23
Yo no tendo dudas. Los mejores bocadillos eran los del bar de gallegos junto al antiguo hotel Playa Victoria (es que no recuerdo el nombre del bar). Eran los de calamares: pan blanco, tierno, calentito, calamares muy bien fritos, tiernos, con el aceitito justo cayendo sobre el pan…. y yo con diez añitos y un hambre…. pero no he vuelto a comer ninguno igual….lo juro.
en septiembre 13th en 0:26
Estamos hablando de Paco Culo. Emblema de la subsistencia alimenticia de La Viña y parte del extranjero. ¡Felicidades por el descubrimiento y por tu pluma -literaria- arrebatadora!
en septiembre 13th en 9:40
Para mi los mejores bocadillos que he comido en Cádiz son los de Miguel Rivas en la calle Teniente Andujar (Barrio Santa María). El campero, el florentino, el escandinavo, el riojano…una delicia. Este hombre cambio su negocio de ubicación y actualmente es propietario de un bar en el barrio de astilleros, que se llama “LA ATALAYA”, lo que no se sigue haciendo estos bocadillos que eran el disfrute de todo aquel que se los llevaba a la boca.
en septiembre 13th en 10:28
Joé, Pepe, que casualidad. Mañana te contesto a esta pregunta sobre los mejores bocadillos de Cádiz. Abrazo metio en dos rebanás.
en septiembre 13th en 22:27
Yo, cuando me tenia que quedar en Cadiz a comer, hace ya 20 añitos (estaba estudiando), me pedia uno de longaniza y huevo en el Madueño, que me sabia a gloria.
en septiembre 14th en 10:47
@ Charo y Guillermo
No lo conocí pero el bocata de calamares fritos, a poco que esté medio bien hecho con corazón, cariño y honestidad, merece un sitio siempre en el olimpo bocatero. Aquí, en Madrid o en Puertollano.
en septiembre 14th en 10:48
@ JSampalo
¡¡Loor (que no olor) a don Francisco si ha contribuido a la subsistencia del pueblo!!
Pluma, tú.
en septiembre 14th en 10:52
@ Mofli
Para suerte mía, don Miguel de Rivas se trasladó a mi barrio, a 30 metros de mi casa. Ha abierto ese bar que dices, La Atalaya, pequeño, caluroso, puede que ni muy rápido, ni muy bonito, ni cuidado pero con un trato paternal y maternal maravilloso, siempre con seis tapitas caseras, hechas en su hogar por María, por las que corren la sangre y la sabiduría de todas las abuelas que fueron en Cádiz. Exquisitas. Los bocatas los ha convertido en pulguitas aunque si se lo pides, te hace unas creaciones bocatescas grandes, digamos fusionadas, que lo flipas. Es mi bareto de cabecera, en el único en Cádiz en el que me llaman por mi nombre y me dirijo a ellos por su nombre. Mi Cheers de verdad. Creo que les quiero y todo, así que gracias por haberles mencionado.
en septiembre 20th en 12:50
@ María Jesús
Pues al Madueño le están dando un enorme repaso estético-tésnico aunque sigue con la misma propiedad. Todo madera, en plan mesoncito. Espero que no pierda su esencia y mejore su apariencia. Igual mantienen o recuperan el bocata que recuerdas. Por ir y preguntar, no perdemos nada. A ver si me acuerdo cuando reabra.
Gracias por escribirme. Me encanta recibir cartas. Suspiés.
en octubre 3rd en 22:06
Bueno, llego tarde, como siempre, pero los bocatas de tortilla -algo gollipona- recien hecha del bar de los ciegos a los que estudiamos (poco) en el Columela nos parecia manjar de dioses. Yo los alternaba con las delicatesen que preparaba Miguel en su despacho de Teniente Andújar.
en octubre 8th en 18:14
@ Adso
¿Sigues fiel a Miguel ahora que está en nuestro barrio o vessindario?