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Como adelanté en una edición anterior, he terminado una novela protagonizada por un derrotista pesimista y un novelero entusiasta, ying y yang del carácter local, quintaesencia paleta du purismo et gaditanismo, Jeckyll y Hyde de la idiosincracia propia (¿eso existe?) de los habitantes de esta tierra. Todo gadita de pro (que son p’charlos) lleva dentro de la cabeza a estos dos personajes. En mi caso, dado el perímetro descomunal del molondro y la cantidad de solares con jaramagos que alberga, llevo dos coros a pie, uno formado por los unos y el otro, sorpresa, por los otros. Hablan constantemente y he intentado darle forma en una obra que verá la luz muy pronto.

Las negociaciones con varias editoriales están muy avanzadas y todo apunta a que será édita (lo contrario de inédita) en la cuarta o la quinta década de este siglo. Mis agentes aseguran que será un éxito, que entrará con honores en la mejor tradición de la novela póstuma española.

Como igual no queréis esperar ese ratito, os adelanto un poco el esbozo, la filosofía de cada personaje. Para dar acción trepidante al relato, los he puesto a vivir aventuras asombrosas, las que nos gustan a los de aquí, tres misiones urgentes, inaplazables, el descubrimiento de mundos nuevos, de paisajes remotos. A saber: Visitar el Café Royalty de la Plaza de Candelaria, el nuevo Parador Hotel Atlántico y el Castillo de San Sebastián.

Obviamente, está basado en hechos reales. Vamos con el primer capítulo:

Café Royalty (con eco)

Mensaje del Novelero Entusiasta a su Walter Egotz aguafiestas: “Mira, güevo, en esta ciudad no estamos contentos con nada. Nos dedicamos a despellejarlo todo y a tumbar los proyectos de los pocos que se atreven. Por eso será que sólo los que no son de Cádiz abren negocios aquí. El Café Royalty es de una pareja de Sevilla que se ha pegado una enorme pechá para poner en pie un sueño. Han trabajado como auténticos siesos durante más de dos años. Se han gastado lo que no tienen, se han entrampado y el resultado es un café que está a la altura de los mejores de Europa, le pese a quien le pese, me llamen exagerado o peliculero. Debería estar en todas las guías y revistas. El turista que venga a Cádiz y no lo conozca, como si no hubiera venido. Yo he estado en el Hotel Sacher, en la piazza de San Marco sin botas de agua. Sí ¿qué pasa? con esta cara, y me dejaron entrar. En París, que sí, y en London, en el Café Gijón, en el Brim… Y en muchos. Y te digo que no tiene nada que envidiar a ninguno. La decoración, el mobiliario, la ambientación, es deslumbrante, crea un clima propio. Encima, está cargado de historia y te la cuentan, ya fue café hace un siglo (bueno, vale, y luego ferretería) pero te digo que es una preciosidad. Barroquismo del romanticismo puro de oliva. Y esa carta traducida, y ese personal, que sobre, 55 criaturas atendiendo, uniformadas, escamondás, susurrantes, creando empleo, cogno. Y esos cuartos de baño con más sillas para esperar que butacas tiene el Falla, que hasta han puesto a niños (de metal) para que te sujeten la toalla. Y esos espejos, las mesas, mármol y elegancia por todas partes, pan de oro, sí. Y qué lámparas, los techos, los frisos, que deberían dar collarines al entrar. Y la caja registradora. Su expositor de durses, que no son tan chicos. Y sus tostas para almorzar o cenar, sus platitos, ensaladitas, alguna creación, sus tostás XXL, sus tortitas. Y los sofales. Qué sofales. Ya sé lo que me vas a decir, tíomiedda, que si está lleno de pititas y pititos, que si es para el pijerío que echa de menos La Camelia, que si el café vale 2,80 euros y el sandwich missto más de 7 lerus. Pues está escrito, en la puerta, clarito. La carta la ve el que quiera, así que no hay engaño. Vale, que no es para la chusma de Cádiz como tú, es para la gente decente como yo. Para los tiesos ya hay mil cafeterías más, deja que haya una para el señorío. Si no triunfa sería la confirmación de que en Cádi no hay pala dá pa ná”.

Mensaje del Derrotista Pesimista a su colega el Ufórico: “Que te vayan dando muchísimo a ti, a las pititas, a los pititos, al icono y árbitro de la elegancia (jua, jua) de Cádiz que han escogido de modelo (eso denota su gusto) y a todos los que echan de menos La Camelia (donde había más pamplinas que pasteles), al Bonsai, a las teterías y a las tonterías. Ese Cádiz que añoráis nunca existió. Los de las alpargatas siempre fuimos inmensa mayoría. No se puede aguantar un sitio que pone el café a 2,80 euros en estos momentos de sosobra en los que ni un duro sobra. Tú eres un pamplinoso, lo que quieres es que te vean en los sitios para que crean que no estás tieso, igual que cuando te sientas en Los Italianos cinco horas con una leche manchá. Una mancha de cretinos es lo que sois los noveleros de Cádi. No tenéis donde precipitaros fallecidos pero tenéis dos cursos de teatro que hicísteis en BUP en San Felipe Neri, suficiente formación para poner caras que justifiquen que lleváis toda la tarde con la misma manzanilla (infusión) con sacarina. Es caro, es elitista y sí, será muy bonito, no lo niego, pero no me gustan los sitios en los que tengo que preguntarme si estoy a la altura, si soy digno. Yo voy a donde estoy cómodo. Ya he conocido muchas, las cafeterías esas de siempre, aquí, en Sevilla, en Madrid, las que os gustaban a los de siempre, en las que el camarero te mira de arriba a abajo al entrar preguntando con los ojos ¿tú crees que esto es pa ti? Que sí, que mucha gente, pero cuando ya haya ido todo el mundo una vez, a ver el que repite a ese precio y con ese ambiente que de monegasco tiene las cuatro últimas letras. A mí me gusta llegar a los bares y que digan mi nombre de un bocinazo, saludar a los parroquianos, dando la mano, y que me saluden. Sabes qué te digo, que les han mandado un castiguito de Dior y les han puesto, pared con pared, el burger Enkaguti. La naturaleza siempre tiende al equilibrio. Eso es justicia poética, cohesión social. Pero si ya le llaman Café Royatzy, por favor. El glamú te lo quedas tú. Ya estoy yo en Los Pabellones”.

Nota del autor: Obviamente, soy responsable de los exagerados comentarios y están basados en tres visitas al escenario de los hechos. Al margen de bromas, me pareció lugar fascinante. De las pamplinas puestas, coincido en que se trata de una cafetería que debe estar entre las más hermosas y atractivas de España. Cualquier adjetivo laudatorio se queda corto para su estética, que pese a la recarga es embriagadora. La tarea de decoración y restauración es asombrosa, ejemplar, digna de premios, reconocimientos y aplauso constante. Respecto a los precios, son altos, pero están anunciados y publicados. Nadie puede rasgarse las vestiduras. Eso sí, demuestran que es un local que trata de jugar en la liga del lujo, del alto poder adquisitivo. Aún así, sus precios pueden parecer estratosféricos en Cádiz pero cualquiera que haya viajado un poco por España y Europa ha pagado mucho más por productos peores en sitios infinitamente inferiores. Efectivamente, creo que el ambiente, la clientela, puede espantar a un consumidor medio. Si definitivamente se lo apropian los “melancólicos del señorío”, los contemporáneos pueden sentirse incómodos. En la habilidad, y las prioridades, de los propietarios y el personal estará.

Me parece sitio ideal, incomparable, fantástico para todo tipo de actos sociales (presentaciones literarias, actos comerciales, ruedas de prensa, rodajes, entrevistas, algo de música muy acorde). Las tres veces que he ido (prejuicios sociales al margen, que los tengo) me ha llamado la atención la presencia de parejas de turistas almorzando o cenando con vino. Para ese sector es una oferta extraordinaria que enriquece la ciudad. Quizás sea lo mejor que el Bicentenario va a dejar en cuanto a empresa privada (puede parecer poco, o no). La oferta debe definirse. La carta es corta aunque original y llena de distintiva calidad (ese pan de molde, las tortitas, sin ir más lejos), los precios altos, pero lo que he probado era exquisito. El sandwich mixto de la niña era una comida de un adulto, queso excepcional, jamón serrano, patatas fritas artesanas… Que no era ni un sandwich mixto, vamos. Eso sí, 7,60 pavos. La pastelería me parece excesivamente basta, poco fina para tanta finura del entorno. El servicio, bienintencionado al extremo, atento, educadísimo, aunque algo verde. Una de las veces me pedí un gintónic y la chica me lo trajo ¡¡¡servido!!!. Tuve que preguntarle qué ginebra era y por qué no había podido elegir la cantidad de licor, es decir, por qué carajo no me lo sirvió en la cara, en la mesa. Para un sitio que ofrece lujo, imperdonable. Los detalles de menaje y vajilla están al celestial nivel estético del clasicismo restante.

Le queda por definir a qué público se dirige, si quiere ser universal tendrá un problema con los precios y puede que la business class, la (afortunadamente pequeña) alta burguesía gaditana, se decepcione y deserte. Si apuesta por los últimos, abandonarán los primeros que, de todas formas, no pueden acudir regularmente. Es un sitio excepcional para ocasiones excepcionales. La apuesta que parece obligada, y un éxito probable, es la del turismo. Esta opción debe ser fija. En el resto, es casi inevitable que sea minoritario. Así que del forasta puede depender su supervivencia. Merece estar, bien subrayado, en cada guía, folleto y publicación turísticos. Es un lugar de atractivo extraordinario para el paso fugaz de un visitante.

Los demás, tenemos que ver con qué periodicidad vamos, queremos o podemos ir. Una obviedad final: no es obligatorio.

 

  1. Alí Ban Doz

    en septiembre 28th en 18:19

    Una sola pregunta. ¿Qué harán en Carnavales, cerrar?

  2. Begoña

    en septiembre 29th en 14:15

    Yo qué te voy a decir si no quisieron de mis “bellos” pasteles? Que no me digas que es lo que le falta, ese punto de estética y finura. Un sitio como ese no merece la pastelería basta que mencionas. Y también decir, que si el público es el elitista, deben de cuidar ese servicio que dicho público demanda. No puedes pedir Champagne y que no te lo traigan en su cubitera fresquito. Te traen la botella y punto, pues no. Lo del Gin Tonic idem de idem. Eso no lo admite uno de la élite. Mis hijos se tomaron un Sandwich mixto que es riquísimo y yo el Royalty que era excepcional, a 9,50 euros pero riquísimo. Lo que no puedes acompañar ese café de lujo a 2,80 euros con ese palo de nata seco o esa milhoja de nata duro el hojaldre…Eso no. Estoy deseando que abran el restaurante que quiero sentarme en uno de esos butacones! Aún así el sitio me encanta y le deseo una vida eterna en esta ciudad!!!

  3. Enrique

    en septiembre 29th en 19:13

    El precio de un bien o servicio está en función del tiempo y el lugar. Eso dicen los enterados en economía. Yo estuve allí y mientras me tomaba mi café y admiraba como ha quedado el local pensé en los días de carnaval cuando la cola para coger un papelito de pescao frito que da una peña llega hasta la puerta de este establecimiento.
    Ojalá se mantenga y entre en todas las guías porque merece la pena y los turistas vayan a hacerse fotos y a consumir. Porque me temo que muchos lugareños, pasada la novelería, van a entrar para ir al servicio los días de bulla.
    Y a Mr. Derrotero dele un cosqui, por sieso.

  4. Nomefastidius

    en septiembre 30th en 12:02

    ¿Has pasado por aquí?, C/ Garcia de Sola,46. Un buen inicio para empezar a meter mano.

  5. antoniodlr

    en septiembre 30th en 19:43

    Que bastinazo lo del gintónic. Ni en la peor de las ventas he visto yo semejante torpeza. No obstante, estoy deseando de ir; porque, por lo que cuentas, suman más las virtudes que los defectos. Ya voy prevenido e iré con el collarín y con la VISA.

  6. Lovely

    en octubre 1st en 12:40

    @ Alí Ban Doz

    Creo que están organizado una velada de máscaras venecianas, con más ganas, a la que sólo tendrán acceso los que tengan, como mínimo, siete preposiciones entre el nombre de pila (alcalina, claro) y los dos apellidos.

  7. Lovely

    en octubre 1st en 12:42

    @ Begoña

    Comparto tu opinión. Los detalles de servicio, si van a ofrecer una propuesta lujosa, para turistas o para oriundos, tienen que mejorar prongo. Por lo demás, queda afinar la oferta (pastelería, platos para almuerzos y cenas…) como en cualquier sitio recién abierto. Yo también le deseo vida eterna, esté dirigido a quien esté dirigido. Sea cual sea el target (¿has visto? ¿parezco un ejecutivo?)

  8. Lovely

    en octubre 1st en 12:48

    @ Enrique

    Yo con el derrotista no me hablo (bueno, ni con el otro). Lo del precio, lo comparto. Siempre que esté anunciado, que las reglas estén claras, no hay escándalo posible. Luego cada cual valora si la experiencia (ambiente, lugar, trato, productos…) está a la altura o no. De hecho, el placer o la decepción pocas veces tienen que ver con el precio. Si hemos estado a gusto, nos da igual pagar algo más. Si hemos estado mal, el hecho de que sea barato nunca consuela.

    Respecto a lo del Carnaval, tendrá que convivir. No será el único momento en que un local que se supone asociado a la “distinción” tenga que exponerse a oleadas de presencia “popular”, pasará en Semana Santa y más veces.

  9. Lovely

    en octubre 1st en 13:13

    @ Nomefastidius

    A pesar de que este reportaje
    http://www.diariodecadiz.es/article/provincia/1364679/obrador/y/escuela/reposteros.html
    lo ubica en Avenida de Portugal, creo que la dirección correcta es la que pones. He visto el escaparate y demás, pero sin profundizar. En general, con respeto a los que lo están intentando y a los que lo hacen bien, que los hay porque he probado algún cupcaqui de esos para matarse, me parece que hay una inflación de reposteros domésticos y autodidactas, que a la peña le ha dado por hacer las tartas fondant estas en casa y, claro, los cinco primeros, muy bien, pero es que ya son 50.000 por metro cuadrado y no sé yo si hay mercado para tanto. Me parece otra burbujita, otro desequilibrio entre oferta y demanda. Pero hay tantos excesos de estos (blogs, gastroblogs, cibercocineros, marcas de coches, periodistas, estudios de tatuaje, yogurterías, heladerías…), en los que participamos tantos, que es injusto y soberbio reirte de las burbujas ajenas, cada cual tiene la suya. O las suyas.

  10. Lovely

    en octubre 1st en 13:15

    @ Antonio

    A mí me pesa el ambiente pero eso es paranoia personal, cada cual está cómodo o incómodo en uno, incluso es posible que en el mismo ambiente, la misma persona, esté unas veces tan pancha y otras, irritada.

    Desde luego, sobran los motivos (que diría Sabina) para ir. Mínimo a sacar las conclusiones propias. Probablemente, para mucho más.

  11. Antonio Martín

    en octubre 1st en 21:33

    He leído tu texto y estoy de acuerdo en todo. Merece la pena esperar y ver si cuaja el proyecto y se pulen las iniciales aristas… Cuando yo estuve el trato fue exquisito y los camareros atentos al máximo… pero no había cerveza de grifo aún… Esperaré. Un saludo, y gracias por tu texto.

  12. Lovely

    en octubre 8th en 18:09

    @ Antonio Martín

    A ver si arreglan pronto los detalles, sobre todo porque las expextativas de la gente son muy altas y la decepción es mayor. A un local normal se le perdonan más cosas, pero a esa preciosidad… Todo el mundo cree ir al Ritz y a esos sitios se lleva poca paciencia en los bolsillos.