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	<title>L´Obeli (pero llámame Lovely). Bares y restaurantes.</title>
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	<description>Bares y restaurantes en Cádiz y alrededores. Y de todo lo que se puede hablar allí</description>
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		<title>En ruta (serie de los 70)</title>
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		<pubDate>Wed, 22 May 2013 20:12:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lovely</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las rutas del tapeo, tan gastadas ellas, me parecieron -si no lo son aún- una buena idea promocional, sencilla, ubicada como cantimplora de oxígeno para las cajas registradoras en el valle entre temporadas altas (octubre-noviembre, abril-mayo dependiendo de festividades). No sé si serán rentables para los locales -imagino porque no cesan- pero para el cliente son inofensivas, lúdicas. Si quieres vas y si te cansan, desconfías o las ignoras, no afectan al resto de la oferta. Si quieres juegas y, si no, entras en el bar y es como si no existieran. No creo que ya causen aglomeraciones ni alteración alguna, ojalá, pero pueden suponer alivio y publicidad. Hace años que apenas las sigo a la hora de pedir pero me gusta ver los ganadores, como el que ve el palmarés de Cannes, para quedarse con lo que curiosear en el futuro cercano. Así descubrí hace mucho el Bar Nono (que es que fuera nuevo entonces, ya lo sé) o visité por primera vez El Enigma de 1812, ese bar kitsch en la calle José García-Agulló, la que va de la Avenida al Paseo Marítimo justo frente a la cuesta del Carranza de Fondo Norte. Acaparaba cada año los premios de la Ruta de La Laguna y me picó la curiosidad. Así me topé con un bar una jartá de feo, tirando a horroroso, con forma imposible (la estructura hace una &#8216;s&#8217; estrecha e incómoda) con una decoración chocante del todo. Pero una vez sentado, que es lo importante, los que lo llevan le ponen corazón aliñado con talento y modestia, ofrecen una curiosa combinación de cierta creatividad mezclada con parroquia de barrio, tradición, pollos para llevar, desayunos, costumbrismo revisado en recetas, presentación currada y bar cañí. Con todo lo accesorio que queramos, creo que dan un tapeo sorprendente, largo y ancho, divertido y aparente, de correcta materia prima. El papeo compensa la estancia en un sitio difícil que los primeros que padecerán serán los propietarios y trabajadores. Así seguiré, apuntando los sitios que ganan premios en las rutas de tapas para ir a los dos, ocho, 23 meses, a hacerme la ruta individual y secreta. Acaban de salir los premios de la de Puerto Real y aprovecho para proclamar solessnemente que la villa (qué control histórico, webo) me parece la revelación gastronómica en la Bahía en los últimos años. Es llamativo que un municipio con tan escaso encanto y movimiento turístico, de función puramente residencial y aspecto transilvano encierre tantos sitios en los que disfrutar ante una mesa, sin que sufra la ubriqueña y en pequeño formato. No hablo sólo de Mauro (Real 210 Gastro) y El Guanche, afamadísimos y que merecen peregrinaciones semanales con rodilleras, da igual lo mentados que estén, hablo de otros seis, ocho, lugares por descubrir y consagrar para el resto de los bahianos. Novísimos y de siempre. Yo pienso usar esta nota de prensa para anotar los nombres de los que han ganado y prometerme una visita próxima. Quistá la nota de prensa. Punta, punta (en negrita van los sitios reconocidos por un jurado de postín). &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212; EL MESÓN DE LA ABUELA ROSARIO, CON SU REVUELTO DE MORCILLA Y PIÑONES, PRIMER PREMIO DE LA RUTA DE LA TAPA DE 2013 El Real 210 Gastro y el Restaurante El Muelle se alzan con el 2º y 3º premio, si bien el Mesón Marinero en Tierra se erige como mejor establecimiento El jurado que ha juzgado las tapas presentadas en la Ruta TapaReal 2013 ha estado compuesto por dos gastrónomos de prestigio: Rosario Barrios Fedriani y Antonio Vizcaíno Rubio, editores de varios libros de gastronomía y del blog www.comeencasa.net. El Mesón de la Abuela Rosario, con su revuelto de morcilla y piñones de Las Canteras, ha merecido la consideración de primer premio, ya que se trata de “una tapa bien resuelta, hecha con productos tradicionales y de calidad de la zona, y que incorpora eficazmente un licuado de fruta para suavizar su potente sabor”. Por su parte, el segundo premio ha recaído en el cremoso de atún en escabeche de Real 210 Gastro, por ser una “tapa de excelente presentación e integración, con un amplio recorrido en sabores animados por los crujientes, resaltando además profesionalidad del servicio”. En cuanto al tercer premio, ha recaído en la bomba de la huerta al foie gratinada servida por el Restaurante El Muelle, pues es una “tapa que es clara apuesta por la comida casera y sana, consiguiendo potenciar los sabores de las verduras, lo que le da gran originalidad”. El premio al mejor establecimiento se lo ha llevado el Mesón Marinero en Tierra, pues su &#8216;entre pinos y caracolas&#8217; “es una tapa exquisita y de compleja elaboración, homenaje a los productos de la zona y de implicación del establecimiento con el entorno, cuidándose todos los detalles. La concesión del premio especial al mejor establecimiento es porque reúne una adecuada decoración del local, un buen servicio, y una tapa real que además de gran calidad, es la que tiene una mejor presentación”, en palabras del jurado.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las rutas del tapeo, tan gastadas ellas, me parecieron -si no lo son aún- una buena idea promocional, sencilla, ubicada como cantimplora de oxígeno para las cajas registradoras en el valle entre temporadas altas (octubre-noviembre, abril-mayo dependiendo de festividades). No sé si serán rentables para los locales -imagino porque no cesan- pero para el cliente son inofensivas, lúdicas. Si quieres vas y si te cansan, desconfías o las ignoras, no afectan al resto de la oferta. Si quieres juegas y, si no, entras en el bar y es como si no existieran. No creo que ya causen aglomeraciones ni alteración alguna, ojalá, pero pueden suponer alivio y publicidad.</p>
<p>Hace años que apenas las sigo a la hora de pedir pero me gusta ver los ganadores, como el que ve el palmarés de Cannes, para quedarse con lo que curiosear en el futuro cercano.</p>
<p>Así descubrí hace mucho el <span style="color: #ff0000;">Bar Nono</span> (que es que fuera nuevo entonces, ya lo sé) o visité por primera vez <span style="color: #ff0000;">El Enigma de 1812</span>, ese bar kitsch en la calle José García-Agulló, la que va de la Avenida al Paseo Marítimo justo frente a la cuesta del Carranza de Fondo Norte.</p>
<p>Acaparaba cada año los premios de la Ruta de La Laguna y me picó la curiosidad. Así me topé con un bar una jartá de feo, tirando a horroroso, con forma imposible (la estructura hace una &#8216;s&#8217; estrecha e incómoda) con una decoración chocante del todo. Pero una vez sentado, que es lo importante, los que lo llevan le ponen corazón aliñado con talento y modestia, ofrecen una curiosa combinación de cierta creatividad mezclada con parroquia de barrio, tradición, pollos para llevar, desayunos, costumbrismo revisado en recetas, presentación currada y bar cañí. Con todo lo accesorio que queramos, creo que dan un tapeo sorprendente, largo y ancho, divertido y aparente, de correcta materia prima. El papeo compensa la estancia en un sitio difícil que los primeros que padecerán serán los propietarios y trabajadores.</p>
<p>Así seguiré, apuntando los sitios que ganan premios en las rutas de tapas para ir a los dos, ocho, 23 meses, a hacerme la ruta individual y secreta. Acaban de salir los premios de la de Puerto Real y aprovecho para proclamar solessnemente que la villa (qué control histórico, webo) me parece la revelación gastronómica en la Bahía en los últimos años. Es llamativo que un municipio con tan escaso encanto y movimiento turístico, de función puramente residencial y aspecto transilvano encierre tantos sitios en los que disfrutar ante una mesa, sin que sufra la ubriqueña y en pequeño formato. No hablo sólo de Mauro (<span style="color: #ff0000;">Real 210 Gastro</span>) y <span style="color: #ff0000;">El Guanche</span>, afamadísimos y que merecen peregrinaciones semanales con rodilleras, da igual lo mentados que estén, hablo de otros seis, ocho, lugares por descubrir y consagrar para el resto de los bahianos. Novísimos y de siempre.</p>
<p>Yo pienso usar esta nota de prensa para anotar los nombres de los que han ganado y prometerme una visita próxima.</p>
<p>Quistá la nota de prensa. Punta, punta (en negrita van los sitios reconocidos por un jurado de postín).</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p><span style="color: #3366ff;"><strong>EL MESÓN DE LA ABUELA ROSARIO, CON SU REVUELTO DE MORCILLA Y PIÑONES, PRIMER PREMIO DE LA RUTA DE LA TAPA DE 2013</strong></span></p>
<p><span style="color: #3366ff;"><em>El Real 210 Gastro y el Restaurante El Muelle se alzan con el 2º y 3º premio, si bien el Mesón Marinero en Tierra se erige como mejor establecimiento</em></span></p>
<p><span style="color: #3366ff;">El jurado que ha juzgado las tapas presentadas en la Ruta TapaReal 2013 ha estado compuesto por dos gastrónomos de prestigio: Rosario Barrios Fedriani y Antonio Vizcaíno Rubio, editores de varios libros de gastronomía y del blog <span style="text-decoration: underline;"><a href="http://www.comeencasa.net/"><span style="color: #3366ff; text-decoration: underline;">www.comeencasa.net</span></a></span>. </span><span style="color: #3366ff;"><strong>El Mesón de la Abuela Rosario</strong>, con su revuelto de morcilla y piñones de Las Canteras, ha merecido la consideración de primer premio, ya que se trata de “una tapa bien resuelta, hecha con productos tradicionales y de calidad de la zona, y que incorpora eficazmente un licuado de fruta para suavizar su potente sabor”. </span></p>
<p><span style="color: #3366ff;">Por su parte, el segundo premio ha recaído en el cremoso de atún en escabeche de <strong>Real 210 Gastro</strong>, por ser una “tapa de excelente presentación e integración, con un amplio recorrido en sabores animados por los crujientes, resaltando además profesionalidad del servicio”.</span></p>
<p><span style="color: #3366ff;">En cuanto al tercer premio, ha recaído en la bomba de la huerta al foie gratinada servida por el <strong>Restaurante El Muelle</strong>, pues es una “tapa que es clara apuesta por la comida casera y sana, consiguiendo potenciar los sabores de las verduras, lo que le da gran originalidad”.</span></p>
<p><span style="color: #3366ff;">El premio al mejor establecimiento se lo ha llevado el <strong>Mesón Marinero en Tierra</strong>, pues su &#8216;entre pinos y caracolas&#8217; “es una tapa exquisita y de compleja elaboración, homenaje a los productos de la zona y de implicación del establecimiento con el entorno, cuidándose todos los detalles. La concesión del premio especial al mejor establecimiento es porque reúne una adecuada decoración del local, un buen servicio, y una tapa real que además de gran calidad, es la que tiene una mejor presentación”, en palabras del jurado.</span></p>
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		<title>Nacida en 1946</title>
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		<pubDate>Wed, 22 May 2013 15:00:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lovely</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Esta imagen podría aparecer junto a la acepción de la palabra &#8220;capricho&#8221; en cualquier enciclopedia. Sólo tiene 125 centímetros cúbicos. No pasa de 110 kilómetros por hora y (por si no han caído) sólo tiene dos plazas. Cuerpo de aluminio, faro de xenon, cuero de vaca viuda de las praderas de Arkansas&#8230; Lo que tú quieras, pero una moto de poca cilindrada, autonomía y potencia. El capricho lo define el precio. 9.000 euros, millón y medio de pesetas (¿hasta cuándo haremos ese cálculo los puretillas, como si las cosas fueran a costar ahora lo mismo que hace 13 años aunque se mantuviera aquella moneda?). Es decir, vale lo que un coche utilitario de los pequeñines de varias marcas. Los números la definen como frivolidad, innecesaria, cara por definición, prestación y comparación. Pero luego están las sensaciones. Y ese apartado, que es incalculable, dice que los diseñadores son unos magos, capaces de mezclar &#8216;Blade Runner&#8217; con &#8216;Vacaciones en Roma&#8217;, diseño futurible con los rasgos étnicos, genéticos, del guadabarros delantero, el chasis frontal y ese culo italiano, con sus dos cachas universales como las de la Loren. El resultado es una edición limitada, un objeto de culto consumista para frikis con posibles, una excentricidad prescindible para esos pocos que cada vez tienen más, un imposible para esos que cada vez somos más y aspiramos a menos. Pero reconozcamos, con pantalones cortos, zapatos Gorila y la nariz pegada en el escaparate, impotentes, lejanos, que quien quiera que la haya diseñado ha logrado que parezca una Vespa. Nada menos. Se llama 946, en homenaje al año de nacimiento del diseño original (le pones el &#8217;1&#8242; al principio y ya lo tienes). Aquella idea de un ingeniero arruinado y dolido por la guerra, desesperanzado pero soñador, es un símbolo internacional y democrático, igualitario, que cumple 67 años. Al margen de exhibiciones estéticas sobrantes, como pueda ser ésta, en su versión más doméstica, fue buena idea. Y conserva ese título. Ha permitido moverse (en Vespa no se corre, se va, se vuelve o se pasea) a millones de usuarios semitiesos en todo el planeta, de Nueva Delhi a Tierra del Fuego, de Lebrija a Ciudad del Cabo. Hubo un tiempo, incluso, en que se especializó en el transporte de cartas de amor. También llevaba facturas, obituarios y desahucios. Pero de estos no se acuerda nadie. Las primeras son inolvidables. Tanto tiempo después, maquillada, con algún retoque estético, ya sin marchas y con un paso periódico por el quirófano, es capaz de lucir como entonces, con trajes caros como el de la foto y de diario como la vemos, aún, multiplicada por cientos, en cada calle.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.lobeli.net/wp-content/uploads/2013/05/Nueva-vespa-946-azul.jpg"><img class="alignleft  wp-image-6431" title="Nueva-vespa-946-azul" src="http://www.lobeli.net/wp-content/uploads/2013/05/Nueva-vespa-946-azul.jpg" alt="" width="343" height="228" /></a>Esta imagen podría aparecer junto a la acepción de la palabra &#8220;capricho&#8221; en cualquier enciclopedia.</p>
<p>Sólo tiene 125 centímetros cúbicos. No pasa de 110 kilómetros por hora y (por si no han caído) sólo tiene dos plazas. Cuerpo de aluminio, faro de xenon, cuero de vaca viuda de las praderas de Arkansas&#8230; Lo que tú quieras, pero una moto de poca cilindrada, autonomía y potencia.</p>
<p>El capricho lo define el precio. 9.000 euros, millón y medio de pesetas (¿hasta cuándo haremos ese cálculo los puretillas, como si las cosas fueran a costar ahora lo mismo que hace 13 años aunque se mantuviera aquella moneda?). Es decir, vale lo que un coche utilitario de los pequeñines de varias marcas.</p>
<p>Los números la definen como frivolidad, innecesaria, cara por definición, prestación y comparación. Pero luego están las sensaciones.</p>
<p>Y ese apartado, que es incalculable, dice que los diseñadores son unos magos, capaces de mezclar &#8216;Blade Runner&#8217; con &#8216;Vacaciones en Roma&#8217;, diseño futurible con los rasgos étnicos, genéticos, del guadabarros delantero, el chasis frontal y ese culo italiano, con sus dos cachas universales como las de la Loren. El resultado es una edición limitada, un objeto de culto consumista para frikis con posibles, una excentricidad prescindible para esos pocos que cada vez tienen más, un imposible para esos que cada vez somos más y aspiramos a menos. Pero reconozcamos, con pantalones cortos, zapatos Gorila y la nariz pegada en el escaparate, impotentes, lejanos, que quien quiera que la haya diseñado ha logrado que parezca una Vespa. Nada menos.</p>
<p>Se llama 946, en homenaje al año de nacimiento del diseño original (le pones el &#8217;1&#8242; al principio y ya lo tienes).</p>
<p>Aquella idea de un ingeniero arruinado y dolido por la guerra, desesperanzado pero soñador, es un símbolo internacional y democrático, igualitario, que cumple 67 años. Al margen de exhibiciones estéticas sobrantes, como pueda ser ésta, en su versión más doméstica, fue buena idea. Y conserva ese título. Ha permitido moverse (en Vespa no se corre, se va, se vuelve o se pasea) a millones de usuarios semitiesos en todo el planeta, de Nueva Delhi a Tierra del Fuego, de Lebrija a Ciudad del Cabo. Hubo un tiempo, incluso, en que se especializó en el transporte de cartas de amor. También llevaba facturas, obituarios y desahucios. Pero de estos no se acuerda nadie. Las primeras son inolvidables.</p>
<p>Tanto tiempo después, maquillada, con algún retoque estético, ya sin marchas y con un paso periódico por el quirófano, es capaz de lucir como entonces, con trajes caros como el de la foto y de diario como la vemos, aún, multiplicada por cientos, en cada calle.</p>
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		<title>El hombre del momento</title>
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		<pubDate>Tue, 21 May 2013 10:16:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lovely</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Pero de un momento cualquiera, inconcreto, múltiple, sin fecha fija ni horario frecuente, imprevisible, que escapa cuando buscas y aparece a condición de ser inesperado. Es el célebre golpe, la parida, la cosa, la historia, la pamplina, cualquier forma verbal que provoque la explosión de la risa. Y este hombre es como el Alfred Nobel de ese devastador elemento, uno de los pocos que conoce la fórmula de esa dinamita mental y física que, en vez de causar destrozos, lo pone todo en su sitio y provoca un bienestar más potente y duradero que cualquier droga conocida, natural o artificial. Ya sé que llego tarde, que su legión de adoradores y los lectores más atentos y han visto ya ESTA ENTREVISTA, es del domingo, pero no me resisto, por cariño al entrevistador (sobre todo, desde bien crío, &#8220;a pesar de todo&#8221; como mandan las adhesiones viejas) y al entrevistado (mezclado con admiración y gratitud, sin confianzas, proyectos ni falta que hacen). En el texto confiesa que ha vivido, aunque nunca lo dudamos, jamás sospechamos lo contario. Me gusta que este repaso sea más sereno, sin leyendas urbanas exageradas, ni papeles salvadores de nadie, cada cual se salva solito, sin comprometer a nadie. Es un relato basado en hechos reales, es decir, con la pureza honesta del embuste (nunca confundir este generoso recurso artístico con la repugnante mentira), sin demasiada melancolía, con vigoroso disfrute del presente, con algo de amor propio, sin falsas modestias, con filias y fobias para ser más auténtico. Sólo hay una cosa que no comparto. Además de estar de acuerdo en la necesidad de sacudirnos esa fama de Ciudad de la Gracia, no creo que Cádiz sea el mejor sitio del mundo, ni para vivir ni para nada. Es uno más, el nuestro, claro, y bien haríamos en quererlo de forma práctica, en empezar a cuidarlo, pero ni paradisíaco ni glorioso. Creo que también nos perjudica pensarlo, casi todos, desde pequeños, al menos sin salir a comparar. Cada vez deseo más que mis hijos se vayan para que disfruten volviendo. Creo que es un lugar maravilloso al que regresar cada poco, no en el que estar casi siempre. Me ha vuelto a dar el ataque del síndrome &#8220;de aquí hay que irse, no tenemos solución&#8221;. Ya sé, ya sé, es igual de falso, exagerado e irracional que &#8220;esto es lo mejor del mundo&#8221;.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Pero de un momento cualquiera, inconcreto, múltiple, sin fecha fija ni horario frecuente, imprevisible, que escapa cuando buscas y aparece a condición de ser inesperado. Es el célebre golpe, la parida, la cosa, la historia, la pamplina, cualquier forma verbal que provoque la explosión de la risa. Y este hombre es como el Alfred Nobel de ese devastador elemento, uno de los pocos que conoce la fórmula de esa dinamita mental y física que, en vez de causar destrozos, lo pone todo en su sitio y provoca un bienestar más potente y duradero que cualquier droga conocida, natural o artificial.</p>
<p>Ya sé que llego tarde, que su legión de adoradores y los lectores más atentos y han visto ya <a href="http://www.diariodecadiz.es/article/cadiz/1526661/me/considero/musico/cuenta/historias.html">ESTA ENTREVISTA</a>, es del domingo, pero no me resisto, por cariño al entrevistador (sobre todo, desde bien crío, &#8220;a pesar de todo&#8221; como mandan las adhesiones viejas) y al entrevistado (mezclado con admiración y gratitud, sin confianzas, proyectos ni falta que hacen).</p>
<p>En el texto confiesa que ha vivido, aunque nunca lo dudamos, jamás sospechamos lo contario. Me gusta que este repaso sea más sereno, sin leyendas urbanas exageradas, ni papeles salvadores de nadie, cada cual se salva solito, sin comprometer a nadie. Es un relato basado en hechos reales, es decir, con la pureza honesta del embuste (nunca confundir este generoso recurso artístico con la repugnante mentira), sin demasiada melancolía, con vigoroso disfrute del presente, con algo de amor propio, sin falsas modestias, con filias y fobias para ser más auténtico.</p>
<p>Sólo hay una cosa que no comparto. Además de estar de acuerdo en la necesidad de sacudirnos esa fama de Ciudad de la Gracia, no creo que Cádiz sea el mejor sitio del mundo, ni para vivir ni para nada. Es uno más, el nuestro, claro, y bien haríamos en quererlo de forma práctica, en empezar a cuidarlo, pero ni paradisíaco ni glorioso. Creo que también nos perjudica pensarlo, casi todos, desde pequeños, al menos sin salir a comparar.</p>
<p>Cada vez deseo más que mis hijos se vayan para que disfruten volviendo. Creo que es un lugar maravilloso al que regresar cada poco, no en el que estar casi siempre.</p>
<p>Me ha vuelto a dar el ataque del síndrome &#8220;de aquí hay que irse, no tenemos solución&#8221;.</p>
<p>Ya sé, ya sé, es igual de falso, exagerado e irracional que &#8220;esto es lo mejor del mundo&#8221;.</p>
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		<title>&#8220;No tengáis miedo&#8221; (El violinista en el tejado de ladrillos coloraos)</title>
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		<pubDate>Tue, 21 May 2013 09:54:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lovely</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;Os preguntaréis por qué hacemos esto. Por dos razones. La primera es porque nos gusta. Amamos la música y disfrutamos con ella. La segunda es porque queremos que no tengáis miedo. Cuando vayáis por una ciudad y veáis un cartel que anuncia un concierto, o un recital de música clásica, no tengáis miedo. Id. La música clásica no significa un señor tocando con cara de pescado muerto. Se puede sentir, bailar, vivir y festejar. Eso queríamos, que no le tengáis miedo&#8221;. Con ese breve monólogo acabó Ara Malikian el prodigio de 70 minutos que obró, y yo disfruté, en el Gran Teatro Falla el pasado domingo. Vi lo que es capaz de hacer con un violín (acompañado de otro, una viola y un cello), lo mismo que hacía el flautista: atrapar a los niños y llevárselos a donde quiera, a un mundo dulce sin golosinas, sin ruido ni llantos. Casi llenó el Falla (¿800 personas? ¿La mitad con menos de diez años?) y llenó el silencio (sí, lo consiguió) a través de un sonido delicioso y emotivo. Fue capaz de tocar &#8216;Las Cuatro Estaciones&#8217;, completas, de Antonio Vivaldi ante ese público y que ¡¡¡le escuchara embelesado, interesado, atrapado!!! Es verdad que mientras interpreta hay una oradora que, como se trata de un concierto dirigido a niños, expresamente infantil, explica cada uno de los tres movimientos de las cuatro piezas, es verdad que mete chistes para los niños y sus padres, pocos, medidos, es cierto que mientras interpreta se tira al suelo, gesticula, pide palmas y participación, bromea, patalea y mueve su melena indómita como un guitarrista de rock duro, pero esos recursos, además de mostrar una capacidad manual, artística y atlética asombrosa, nunca eclipsan la música, la acompañan, nunca la deforman ni la ridiculizan, jamás. Aquello sonaba a las mejores cuatro estaciones que hayamos catado fuera de una pizzería y mira que las habremos escuchado, manoseadas como están por la publicidad, el cine, la televisión&#8230; La prodigiosa acústica del teatro rojo hizo de aliado invisible. En Gallinero, en lo alto del Paraíso, sonaba como si el violinista estuviera subido a ese tejado caliente, tocándote a dos metros, redondo, envolvente, armonioso me pareció desde mi ignorancia, el sonido, el son, el sedoso violín, claro como manantial (qué bonito, se me contagió el comparsismo del entorno). Imperial el dolby surround, el stereo, que también se inventaron en Cádiz, como todo. Como nada, quería decir. Cientos de niños arremolinándose al terminar, en el vestíbulo, para hacerse fotos con el violinista, pedirle autógrafos, tocarle esa chabola de rizos de diez plazas que tiene por pelo. Los músicos riendo con los niños, agradeciéndoles la asistencia. Yo miraba asombrado y sin decirles agradecía que hubieran hecho realidad las palabras y el sonido: &#8220;No tengáis miedo&#8221;. Mis niños no lo tuvieron. Se fueron a casa ¡tarareando a Vivaldi! Sólo hay que acercarse, dejarse llevar, disfrutar o sufrir según dicte la transmisión. Sin prejuicios, sin obligación de conocimiento previo, sin experiencia anterior, sin temores, a esto como al jazz, al flamenco, al arte contemporáneo, barroco, la poesía, el cómic o al arte embotellado&#8230; A todo. Acercarse a oir, a probar, a vivir, a ver&#8230; Y ya veremos. (Enlazo una entrevista de Pedro Espinosa Coucheiro, estupenda me parece).]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Os preguntaréis por qué hacemos esto. Por dos razones. La primera es porque nos gusta. Amamos la música y disfrutamos con ella. La segunda es porque queremos que no tengáis miedo. Cuando vayáis por una ciudad y veáis un cartel que anuncia un concierto, o un recital de música clásica, no tengáis miedo. Id. La música clásica no significa un señor tocando con cara de pescado muerto. Se puede sentir, bailar, vivir y festejar. Eso queríamos, que no le tengáis miedo&#8221;.</p>
<p>Con ese breve monólogo acabó Ara Malikian el prodigio de 70 minutos que obró, y yo disfruté, en el Gran Teatro Falla el pasado domingo.</p>
<p>Vi lo que es capaz de hacer con un violín (acompañado de otro, una viola y un cello), lo mismo que hacía el flautista: atrapar a los niños y llevárselos a donde quiera, a un mundo dulce sin golosinas, sin ruido ni llantos. Casi llenó el Falla (¿800 personas? ¿La mitad con menos de diez años?) y llenó el silencio (sí, lo consiguió) a través de un sonido delicioso y emotivo. Fue capaz de tocar &#8216;Las Cuatro Estaciones&#8217;, completas, de Antonio Vivaldi ante ese público y que ¡¡¡le escuchara embelesado, interesado, atrapado!!!</p>
<p><a href="http://www.lobeli.net/wp-content/uploads/2013/05/Ara-Malikian.jpg"><img class="alignleft  wp-image-6419" style="margin: 12px;" title="Ara-Malikian" src="http://www.lobeli.net/wp-content/uploads/2013/05/Ara-Malikian-1024x642.jpg" alt="" width="368" height="231" /></a></p>
<p>Es verdad que mientras interpreta hay una oradora que, como se trata de un concierto dirigido a niños, expresamente infantil, explica cada uno de los tres movimientos de las cuatro piezas, es verdad que mete chistes para los niños y sus padres, pocos, medidos, es cierto que mientras interpreta se tira al suelo, gesticula, pide palmas y participación, bromea, patalea y mueve su melena indómita como un guitarrista de rock duro, pero esos recursos, además de mostrar una capacidad manual, artística y atlética asombrosa, nunca eclipsan la música, la acompañan, nunca la deforman ni la ridiculizan, jamás.</p>
<p>Aquello sonaba a las mejores cuatro estaciones que hayamos catado fuera de una pizzería y mira que las habremos escuchado, manoseadas como están por la publicidad, el cine, la televisión&#8230;</p>
<p>La prodigiosa acústica del teatro rojo hizo de aliado invisible. En Gallinero, en lo alto del Paraíso, sonaba como si el violinista estuviera subido a ese tejado caliente, tocándote a dos metros, redondo, envolvente, armonioso me pareció desde mi ignorancia, el sonido, el son, el sedoso violín, claro como manantial (qué bonito, se me contagió el comparsismo del entorno). Imperial el dolby surround, el stereo, que también se inventaron en Cádiz, como todo. Como nada, quería decir.</p>
<p>Cientos de niños arremolinándose al terminar, en el vestíbulo, para hacerse fotos con el violinista, pedirle autógrafos, tocarle esa chabola de rizos de diez plazas que tiene por pelo. Los músicos riendo con los niños, agradeciéndoles la asistencia. Yo miraba asombrado y sin decirles agradecía que hubieran hecho realidad las palabras y el sonido: &#8220;No tengáis miedo&#8221;. Mis niños no lo tuvieron. Se fueron a casa ¡tarareando a Vivaldi!</p>
<p>Sólo hay que acercarse, dejarse llevar, disfrutar o sufrir según dicte la transmisión. Sin prejuicios, sin obligación de conocimiento previo, sin experiencia anterior, sin temores, a esto como al jazz, al flamenco, al arte contemporáneo, barroco, la poesía, el cómic o al arte embotellado&#8230; A todo. Acercarse a oir, a probar, a vivir, a ver&#8230; Y ya veremos.</p>
<p>(Enlazo una <a href="http://revistaculturaldeandalucia.blogspot.com.es/#!/2013/05/ara-maliikian-no-se-si-volvere-pedir-la.html">entrevista de Pedro Espinosa Coucheiro</a>, estupenda me parece).</p>
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		<title>Free Manzanilla</title>
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		<pubDate>Tue, 21 May 2013 09:21:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lovely</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Mañana, miércoles 22, nueva cita de &#8216;Calle en Cata&#8217; de Vinos Magerit. En el barrio de El Pópulo, en una esquina precisa y preciosa, gran lugar para degustar Manzanillas de Antonio Barbadillo. El lugar elegido es la Taberna La Favorita, donde se realizará una &#8216;cata vertical&#8217; (¿eso qué es, de pie?) de las añadas 2010, 2011 y 2012, además de la recién salida de saca de 2013. El maestro de ceremonias no puede ser más pertinente, no puede importarle más, es el propietario de la bodega, Antonio Barbadillo Mateos. La cita es a las 18.30 horas. Los convocantes aconsejan llegar unos minutos antes, ya que las plazas son limitadas. La cata se prolongará hasta las 20 horas. El acto es gratuito, free, de válvula, per la patiggia. Buena forma de vivir el World Sherry Day, una iniciativa publicitaria que anima a celebrar actos con los vinos de nuestra denominación y que ha encontrado cómplices en un millón de rincones del mundo. Manda huevos que en su casa no le hagamos honores. No seré hipócrita, pertenezco a ese grupo grande que temía los jereces y las manzanillas, que se refugiaba en cualquier Rioja o Ribera, pero probando, probando, caminando, caminando, descubriendo, leyendo, siguiendo consejos, estoy cogiéndole el gusto, descubriendo maravillas, disfrutando de veras. A3BT, que dirían en la Universidad de Cádiz.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mañana, miércoles 22, nueva cita de &#8216;Calle en Cata&#8217; de Vinos Magerit.</p>
<p>En el barrio de El Pópulo, en una esquina precisa y preciosa, gran lugar para degustar <span style="color: #008000;">Manzanillas de Antonio Barbadillo</span>.</p>
<p>El lugar elegido es la<span style="color: #008000;"> Taberna La Favorita</span>, donde se realizará una &#8216;cata vertical&#8217; (¿eso qué es, de pie?) de las añadas 2010, 2011 y 2012, además de la recién salida de saca de 2013. El maestro de ceremonias no puede ser más pertinente, no puede importarle más, es el propietario de la bodega, Antonio Barbadillo Mateos.</p>
<p><a href="http://www.lobeli.net/wp-content/uploads/2013/05/181281_576641375702809_1336615405_n.jpg"><img class="alignleft  wp-image-6410" style="margin: 12px;" title="181281_576641375702809_1336615405_n" src="http://www.lobeli.net/wp-content/uploads/2013/05/181281_576641375702809_1336615405_n.jpg" alt="" width="323" height="251" /></a></p>
<p>La cita es a las <span style="color: #008000;">18.30 horas</span>. Los convocantes aconsejan llegar unos minutos antes, ya que las plazas son limitadas.</p>
<p>La cata se prolongará hasta las 20 horas. El acto es gratuito, free, de válvula, per la patiggia.</p>
<p>Buena forma de vivir el World Sherry Day, una iniciativa publicitaria que anima a celebrar actos con los vinos de nuestra denominación y que ha encontrado cómplices en un millón de rincones del mundo. Manda huevos que en su casa no le hagamos honores. No seré hipócrita, pertenezco a ese grupo grande que temía los jereces y las manzanillas, que se refugiaba en cualquier Rioja o Ribera, pero probando, probando, caminando, caminando, descubriendo, leyendo, siguiendo consejos, estoy cogiéndole el gusto, descubriendo maravillas, disfrutando de veras. A3BT, que dirían en la Universidad de Cádiz.</p>
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		<title>Existe de verdad</title>
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		<pubDate>Mon, 20 May 2013 20:59:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lovely</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Me gustan las películas que dividen al mundo (bueno, al mundo de espectadores, de cinéfilos o, como me dijo una vez un fotógrafo cabreado para darme caña de &#8221;cinéfagos enterados&#8221;). Cada año hay varias, que parecen provocar adhesión o rechazo radical, como si no hubiera espacio entre ambas pasiones. &#8216;Drive&#8217; puede ser de las últimas, o &#8216;Los Miserables&#8217;&#8230; Suele pasar mucho con los musicales, tan dependientes del estado de ánimo del que los ve. Yo me apunto al bando del entusiasmo, o al del silbido, según me plazca, como todos, en ese juego infinito de argumentar las preferencias caprichosas, de disfrazar con razones las manías de lo que nos parece. Sucedió con este largometraje hace ya casi un lustro. Casi todos, crítica y espectadores amigachos, se dividieron en dos, como una sandía. Bien estupidez vacía, ñoña y cursi, bien entretenimiento completo, vital, melómano, mitómano y euforizante. En este caso, me apunto a la segunda. Me divierte y punto. Como mi niña, la vuelve a ver -como el domingo- vaya por donde vaya y tiene que seguir, tarareando, sonriendo. Está vacía, de acuerdo, es ridícula, paródica (cada cual elige sus parodias, hay quien ve el Festival de Eurovisión cada año) pero quizás el consumo constante de productos &#8216;llenos&#8217; esté sobrevalorado o sea contraproducente. Alternemos -en todos los sentidos, chati-. Una frivolidad cursi de vez en cuando sienta de categoría, como expulsar un flato pertinaz. En ambos casos, eso sí, conviene hacerlo de tanto en tanto, en estricta privacidad, pero con disfrute. Además, ahora sé que el decorado del cuento existe, que es verdad. Hay un tipo que lo conoce, sabe dónde está y cómo llegar. Ahora la veo diciendo &#8220;quiero ir, quiero ir&#8221;, mientras WiFi recita el mismo mantra. Sabemos de uno que conoce el paradero de todos los paraísos y este, tan célebre, no se le iba a escapar. Aquí tienes la prueba.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me gustan las películas que dividen al mundo (bueno, al mundo de espectadores, de cinéfilos o, como me dijo una vez un fotógrafo cabreado para darme caña de &#8221;cinéfagos enterados&#8221;). Cada año hay varias, que parecen provocar adhesión o rechazo radical, como si no hubiera espacio entre ambas pasiones. &#8216;Drive&#8217; puede ser de las últimas, o &#8216;Los Miserables&#8217;&#8230; Suele pasar mucho con los musicales, tan dependientes del estado de ánimo del que los ve. Yo me apunto al bando del entusiasmo, o al del silbido, según me plazca, como todos, en ese juego infinito de argumentar las preferencias caprichosas, de disfrazar con razones las manías de lo que nos parece.</p>
<p>Sucedió con este largometraje hace ya casi un lustro. Casi todos, crítica y espectadores amigachos, se dividieron en dos, como una sandía. Bien estupidez vacía, ñoña y cursi, bien entretenimiento completo, vital, melómano, mitómano y euforizante.</p>
<p>En este caso, me apunto a la segunda. Me divierte y punto. Como mi niña, la vuelve a ver -como el domingo- vaya por donde vaya y tiene que seguir, tarareando, sonriendo. Está vacía, de acuerdo, es ridícula, paródica (cada cual elige sus parodias, hay quien ve el Festival de Eurovisión cada año) pero quizás el consumo constante de productos &#8216;llenos&#8217; esté sobrevalorado o sea contraproducente. Alternemos -en todos los sentidos, chati-. Una frivolidad cursi de vez en cuando sienta de categoría, como expulsar un flato pertinaz. En ambos casos, eso sí, conviene hacerlo de tanto en tanto, en estricta privacidad, pero con disfrute.</p>
<p>Además, ahora sé que el decorado del cuento existe, que es verdad. Hay un tipo que lo conoce, sabe dónde está y cómo llegar. Ahora la veo diciendo &#8220;quiero ir, quiero ir&#8221;, mientras WiFi recita el mismo mantra. Sabemos de uno que conoce el paradero de todos los paraísos y este, tan célebre, no se le iba a escapar.</p>
<p>Aquí tienes <a href="http://blogs.grupojoly.com/mil-sitios-bonitos-cadiz/2010/05/01/las-islas-de-mamma-mia/">la prueba</a>.</p>
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		<title>Vista al frente (Hotel La Catedral)</title>
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		<pubDate>Mon, 20 May 2013 12:52:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lovely</dc:creator>
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		<description><![CDATA[He estado unas cuantas veces por el Hotel La Catedral, abierto como bar y cafetería hace un mes, disponible a los huéspedes hace una semana. Ninguna de ellas como me gustaría, con la mejor compañía posible, en la terraza de la azotea, vista a la Seo (sinónimo pedante para no repetir) más joven y extraña de Andalucía, con dos tipos de piedra, dos colores, eternamente semiclausurada, opaca al turismo y con su predecesora aún viva. Esa vista en el frente, con su Torre de Poniente y todos sus avíos, marca el lugar. Está hecho por y para la contemplación del templo que le da nombre y sentido al establecimiento turístico.  Es propiedad de un señor llamado Javier Bote. Debe de ser muy popular porque todo el mundo me dice &#8220;sí, ome, Javi Bote, cogno, seguro que sabes quién es&#8221; como si estuviéramos ambos en la obligación de conocernos, pero no recuerdo. Pero me da igual, su negocio me parece un alivio. En esta ciudad en la que cuesta tanto poner en marcha (la lista de frustrados hoteles semilujosos y con eso inconcreto llamado &#8220;encanto&#8221; pasa por Veedor y la Casa del Almirante, por Valcárcel y medio Paseo Marítimo) es un respiro que alguno llegue a inaugurar. Aunque sea tarde respecto al año doce en el que todo iba a suceder. Este ha abierto, y en una finca reconstruida, en uno de esos paisajes cerca del cielo que tenemos que aprender a recuperar, disfrutar y ofrecer sin joder a los vecinos. Me recuerda, en esencia, a proyectos como Pay-Pay, El Pelícano, Mare&#8217;s, La Canela, Sopranis&#8230; Que no todos me gustan por igual, alguno ni me gusta, pero ninguno ha cerrado ni fracasado, todos resisten. Será que unen oferta y eso del &#8220;marco incomparable&#8221;, será que nadie puede sumar en cualquier otro sitio ese patrimonio visual o arquitectónico, histórico o aromático, con un café, una copa, un plato o una actuación. Así que lo celebro y planeo disfrutarlo. Ojalá encuentre rato y perras. No nos sacudimos la sensación de que esto de La Catedral debería pasarle más veces, en más fincas y rincones (Santa María, El Pópulo, La Viña, Club Marte, Castillo de San Sebastián y todo el perímetro amurallado&#8230;) a esta ciudad esclerótica. He estado en La Catedral tomando café, curioseando, haciendo una entrevista (a una profesional de los cruceros que me resultó de conversación apasionante, Gema Rosso), entrando, mirando, saliendo, pero no como quiero, en la azotea, con my WiFi, botella de algo y plato de cualquier cosa por delante, nada de trabajo ni reloj, sin niños, divagando, sacando pegas por sacar, por hacernos los interesantes y no caer en el entusiasmo de confesar el disfrute (una práctica muy desprestigiada). De lo que he visto, poco, de lo que sé, casi nada, me gusta que el local esté abierto en todos los sentidos, comunicado con la terraza de la plaza, con cristaleras, blanco, luminoso. Le veo vocación de atender también al público medio gaditano, de servicio hostelero a los no alojados, un acierto, una vocación descarada que hasta ahora sólo percibo en un hotel en la ciudad de Cádiz, el Barceló. Este parece querer presentarse a todos, hasta la cocina es transparente (afortunada moda que le recuerdo a Mauro en Balea de los primeros y ahora se reproduce, de La Parrilla de Matilde al nuevo Madueño, por doquier). La carta está llena de tapas y platos típicos, como la modesta carta de vinos, pero eso me parece honrada obligación, compromiso coherente, en un lugar dirigido al turismo nacional o internacional. Quieren pescado frito, y a la roteña, y vinos de Jerez y de Sanlúcar, pues claro. Otra cosa es ofrecerlos con honradez y la mejor actitud pero nadie viene a Cádiz a probar Chianti con burritos. Eso deben ofrecerlo otros locales de Cádiz dirigidos a los gaditanos a los que guste la recomendable variedad. Me choca el salón comedor de la planta baja, el principal. Tiene una cristalera al fondo que deja ver una finca tercermundista de ese Cádiz profundísimo, asfixiante, (Deeper Cádiz) que a menudo se oculta y siempre termina por reaparecer, esa ciudad intacta desde la posguerra, con su miseria conservada tal cual, que aún es frecuente, para bochorno colectivo, en San Juan, Puerto Chico, La Viña y Santa María. Esa que Junta y Ayuntamiento iban a erradicar (por una vez colaboraban) con un Plan de Rehabilitación al que se le acabó la gasolina presupuestaria a falta de solo dos vueltas para la meta. Es tan doloroso y triste ese paisaje que cuesta saber qué hace ahí, por qué no han puesto una cortina. Si es un honesto ejercicio de exposición del Cádiz real tras la máscara turística o una exhibición de optimismo porque creen que será remozado pronto. Varios amigos sí han ido a la terraza superior, con jacuzzi que se ve como una pared de agua desde abajo, desde la plaza. No es enorme pero sí curiosa. No se ve el mar pero se siente el Campo del Sur. La Catedral lo tapa todo pero a una prudente distancia (a la que conviene tener siempre lo religioso, por hermoso que sea su patrimonio artístico). Me dicen esos amigos que han ido, y han repetido, que la relación de calidad-cantidad-precio es aceptable, que en la terraza superior no te ponen pegas, que te lo sirven todo sin clavazo añadido. Es su rinconcito de moda estas semanas. Afortunados (&#8220;hijosdeputa&#8221; se dice en Arameo). Me cuentan que no hay sorpresa ni exquisitez en la manduca, que es estándar pero aceptable, sin pufos descarados. Pero en este sitio, como en otros de Cádiz, con que lo de la mesa sea mínimamente correcto, sin abusos monetarios ni engaños, ya merece la pena la experiencia, el contorno, aunque no haya excelencia gastronómica.  Pregunté en la recepción &#8220;¿puedo pedir lo que quiera arriba, en la azotea, aunque no esté alojado?&#8221; y dos mujeres de exacerbada amabilidad me dijeron &#8220;por supuesto&#8221;. No sé si lo probaré antes que tú. Ni siquiera sé si quieres probarlo. Yo, sí. Soy Noveler Man, me pirra una novedad. Si llegas antes, cuéntame. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>He estado unas cuantas veces por el Hotel La Catedral, abierto como bar y cafetería hace un mes, disponible a los huéspedes hace una semana. Ninguna de ellas como me gustaría, con la mejor compañía posible, en la terraza de la azotea, vista a la Seo (sinónimo pedante para no repetir) más joven y extraña de Andalucía, con dos tipos de piedra, dos colores, eternamente semiclausurada, opaca al turismo y con su predecesora aún viva. Esa vista en el frente, con su Torre de Poniente y todos sus avíos, marca el lugar. Está hecho por y para la contemplación del templo que le da nombre y sentido al establecimiento turístico.</p>
<p> <a href="http://www.lobeli.net/wp-content/uploads/2013/05/Hot1.jpg"><img class="wp-image-6387 alignleft" style="margin: 12px;" title="DOCU_CADIZ" src="http://www.lobeli.net/wp-content/uploads/2013/05/Hot1-1024x721.jpg" alt="" width="368" height="260" /></a>Es propiedad de un señor llamado Javier Bote. Debe de ser muy popular porque todo el mundo me dice &#8220;sí, ome, Javi Bote, cogno, seguro que sabes quién es&#8221; como si estuviéramos ambos en la obligación de conocernos, pero no recuerdo. Pero me da igual, su negocio me parece un alivio. En esta ciudad en la que cuesta tanto poner en marcha (la lista de frustrados hoteles semilujosos y con eso inconcreto llamado &#8220;encanto&#8221; pasa por Veedor y la Casa del Almirante, por Valcárcel y medio Paseo Marítimo) es un respiro que alguno llegue a inaugurar. Aunque sea tarde respecto al año doce en el que todo iba a suceder. Este ha abierto, y en una finca reconstruida, en uno de esos paisajes cerca del cielo que tenemos que aprender a recuperar, disfrutar y ofrecer sin joder a los vecinos. Me recuerda, en esencia, a proyectos como Pay-Pay, El Pelícano, Mare&#8217;s, La Canela, Sopranis&#8230; Que no todos me gustan por igual, alguno ni me gusta, pero ninguno ha cerrado ni fracasado, todos resisten. Será que unen oferta y eso del &#8220;marco incomparable&#8221;, será que nadie puede sumar en cualquier otro sitio ese patrimonio visual o arquitectónico, histórico o aromático, con un café, una copa, un plato o una actuación.</p>
<p>Así que lo celebro y planeo disfrutarlo. Ojalá encuentre rato y perras. No nos sacudimos la sensación de que esto de La Catedral debería pasarle más veces, en más fincas y rincones (Santa María, El Pópulo, La Viña, Club Marte, Castillo de San Sebastián y todo el perímetro amurallado&#8230;) a esta ciudad esclerótica.</p>
<p><a href="http://www.lobeli.net/wp-content/uploads/2013/05/Hot2.jpg"><img class="wp-image-6389 alignleft" style="margin: 12px;" title="Hot2" src="http://www.lobeli.net/wp-content/uploads/2013/05/Hot2-1024x761.jpg" alt="" width="368" height="274" /></a></p>
<p>He estado en La Catedral tomando café, curioseando, haciendo una entrevista (a una profesional de los cruceros que me resultó de conversación apasionante, Gema Rosso), entrando, mirando, saliendo, pero no como quiero, en la azotea, con my WiFi, botella de algo y plato de cualquier cosa por delante, nada de trabajo ni reloj, sin niños, divagando, sacando pegas por sacar, por hacernos los interesantes y no caer en el entusiasmo de confesar el disfrute (una práctica muy desprestigiada).</p>
<p>De lo que he visto, poco, de lo que sé, casi nada, me gusta que el local esté abierto en todos los sentidos, comunicado con la terraza de la plaza, con cristaleras, blanco, luminoso. Le veo vocación de atender también al público medio gaditano, de servicio hostelero a los no alojados, un acierto, una vocación descarada que hasta ahora sólo percibo en un hotel en la ciudad de Cádiz, el Barceló.</p>
<p>Este parece querer presentarse a todos, hasta la cocina es transparente (afortunada moda que le recuerdo a Mauro en Balea de los primeros y ahora se reproduce, de La Parrilla de Matilde al nuevo Madueño, por doquier). La carta está llena de tapas y platos típicos, como la modesta carta de vinos, pero eso me parece honrada obligación, compromiso coherente, en un lugar dirigido al turismo nacional o internacional. Quieren pescado frito, y a la roteña, y vinos de Jerez y de Sanlúcar, pues claro. Otra cosa es ofrecerlos con honradez y la mejor actitud pero nadie viene a Cádiz a probar Chianti con burritos. Eso deben ofrecerlo otros locales de Cádiz dirigidos a los gaditanos a los que guste la recomendable variedad.</p>
<p><a href="http://www.lobeli.net/wp-content/uploads/2013/05/Hot3.jpg"><img class="alignleft  wp-image-6391" style="margin: 12px;" title="Hot3" src="http://www.lobeli.net/wp-content/uploads/2013/05/Hot3-1024x663.jpg" alt="" width="344" height="223" /></a></p>
<p>Me choca el salón comedor de la planta baja, el principal. Tiene una cristalera al fondo que deja ver una finca tercermundista de ese Cádiz profundísimo, asfixiante, (Deeper Cádiz) que a menudo se oculta y siempre termina por reaparecer, esa ciudad intacta desde la posguerra, con su miseria conservada tal cual, que aún es frecuente, para bochorno colectivo, en San Juan, Puerto Chico, La Viña y Santa María. Esa que Junta y Ayuntamiento iban a erradicar (por una vez colaboraban) con un Plan de Rehabilitación al que se le acabó la gasolina presupuestaria a falta de solo dos vueltas para la meta. Es tan doloroso y triste ese paisaje que cuesta saber qué hace ahí, por qué no han puesto una cortina. Si es un honesto ejercicio de exposición del Cádiz real tras la máscara turística o una exhibición de optimismo porque creen que será remozado pronto.</p>
<p>Varios amigos sí han ido a la terraza superior, con jacuzzi que se ve como una pared de agua desde abajo, desde la plaza. No es enorme pero sí curiosa. No se ve el mar pero se siente el Campo del Sur. La Catedral lo tapa todo pero a una prudente distancia (a la que conviene tener siempre lo religioso, por hermoso que sea su patrimonio artístico). Me dicen esos amigos que han ido, y han repetido, que la relación de calidad-cantidad-precio es aceptable, que en la terraza superior no te ponen pegas, que te lo sirven todo sin clavazo añadido. Es su rinconcito de moda estas semanas. Afortunados (&#8220;hijosdeputa&#8221; se dice en Arameo). Me cuentan que no hay sorpresa ni exquisitez en la manduca, que es estándar pero aceptable, sin pufos descarados. Pero en este sitio, como en otros de Cádiz, con que lo de la mesa sea mínimamente correcto, sin abusos monetarios ni engaños, ya merece la pena la experiencia, el contorno, aunque no haya excelencia gastronómica.</p>
<p> <img class="wp-image-6394 alignright" style="margin: 12px;" title="Hot4" src="http://www.lobeli.net/wp-content/uploads/2013/05/Hot4-300x223.jpg" alt="" width="216" height="161" />Pregunté en la recepción &#8220;¿puedo pedir lo que quiera arriba, en la azotea, aunque no esté alojado?&#8221; y dos mujeres de exacerbada amabilidad me dijeron &#8220;por supuesto&#8221;. No sé si lo probaré antes que tú. Ni siquiera sé si quieres probarlo. Yo, sí. Soy Noveler Man, me pirra una novedad.</p>
<p>Si llegas antes, cuéntame. Si voy yo, ya te digo.</p>
<p><a href="http://www.lobeli.net/wp-content/uploads/2013/05/Hot5.jpg"><img class="size-medium wp-image-6396 alignright" style="margin: 12px;" title="Hot5" src="http://www.lobeli.net/wp-content/uploads/2013/05/Hot5-198x300.jpg" alt="" width="198" height="300" /></a></p>
<p>P.S: En una de las visitas me encontré con la llegada de una inspectora de Turismo de la Junta, con su carpeta. Una escena que podría ser tensa pero que la señora resolvió con una actitud ejemplar que merece comentario. En vez de decirle al empleado, aterrado, todo lo que estaba mal, le dijo &#8220;coge un papel y apunta. Mira, aquí tiene que estar un extintor. En esta pared, bien visibles, los precios. Este teléfono, que sea público y en aquella mesa, visible. Quita esto y aquello, pon más allá lo otro&#8230;&#8221; y así, en plan didáctico, sin sombra de amenaza de multa, ni decir nada de &#8220;no puedo dejar que abráis si no hacéis esto o lo otro&#8221;, bien al contrario, diciéndole, al detalle, maternal, cómo debía ser todo. Me pareció asombroso que la administración, tan ralentizadora y obstaculizadora por lo común, pareciera colaboradora, a favor de obra, en la ayuda y no en la represión. No sé quién es la señora, pero vuela mi gorra de obrero (no llevo sombrero) por su comportamiento.</p>
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		<title>Tres veranos</title>
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		<pubDate>Mon, 20 May 2013 11:30:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lovely</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La climatología ocupa lugar de honor en el podio de las conversaciones vacías, las que se tienen sin querer y nunca se quieren prolongar, las que nacen por hablar de algo como si el silencio molestara y tuviera que ser acallado. Este año, ese tópico tiene más alimento que nunca por mor de un invierno perseverante, cansino como la petera de un conversador redundante y previsible. Nunca vi montar los chiringuitos cubierto con una cazadora de cuero, hasta hoy. Pero será cíclico, natural, pasajero y por tanto no precisa de más vueltas, a no ser que queramos marear la ausencia de palabras con frases ausentes, de esas que sabemos decir enteras mientras pensamos en otra cosa. Pero hasta en el yermo del lugar común aparecen prodigios. Paseo Marítimo, con Lorenzo soltando golpes, el único fin de semana que se dignó. Me encuentro a una antigua compañera, con su acento francés (nació y creció en París) cruzado con ese deje precioso de la Andalucía interior de sus padres. La veo con silla de playa, gafas de sol, equipada, y se me escapa el lamentable recurso manido: &#8220;¿De veranito ya?&#8221;. Y aparece la sorpresa: &#8220;Sí, el tercero seguido. El pasado verano, en el paro, lo pasé entero en la playa de Cádiz. En octubre, todavía morena, me fui seis meses a Australia. Ha sido una experiencia fantástica y al llegar allí casi empezaba el verano. Ahora, en abril, he vuelto y otra vez toca verano aquí. Tres seguidos, sin pausa, uno detrás de otro sin coger el abrigo. Y no estoy cansada&#8221;, dijo con esa sonrisa de doble ancho que le coge toda la cabeza. Llegué con una frase hecha y me fui con un sueño. Tres veranos seguidos, nueve, diez meses bajo el sol, el calor tan acogedor, antihigiénico dirás y me da igual. Para ti la higiene, déjame el color y el resto de olores. Me gusta. Si llevo, llevamos, tan mal este invierno encasquillado es por malcriados, por mal acostumbrados. El clima siempre nos mimó (salvo el viento, para que sepamos que la vida es jodida) y un caprichoso jamás se cansa de caprichos por mucho mohín de fastidio que ponga. Tres veranos sin parar. Quién los pillara. Si pudiera, iría por el mundo persiguiendo el verano. Cádiz-Chile-Islas Griegas-Australia no sería un mal plan para 12 meses seguidos (con alguna semanita primaveral insospechada a modo de alivio para coger fuerzas). Ese sueño será difícil, caro. Tengo uno sustituto: un verano de cuatro meses, enteros, como aquellos de pibes. Junio, julio, agosto y septiembre, uno de aquellos eternos, que se hacían largos como si no comiéramos, en los que te quejabas por disimular la oración, que no termine, que no termine. El tiempo se paraba hasta que aparecía ese monstruo amable, el aburrimiento, que siempre te agarra de la mano para llevarte a la curiosidad, el disfrute o el vicio. De pronto, aparecían tantos ratos que te daba por leer aquello tan extraño, por releer lo otro, escribir sin rumbo, hacer maquetas de tanques de la II Guerra Mundial, iniciar colecciones absurdas, llamar a quien nunca venía, convocar orgías nonatas, ver películas que jamás quisiste, coger la bici por desesperación, encadenar siestas reparadoras con el Tour de Francia como nana, dar maravillosos paseos improvisados o probar drogas para cobardes y formales, de juguete. Y, sobre todo, masticar el tiempo como un chicle, sin comérselo, frente al mar. Sentado, con o sin música, con o sin novela, jugando al dominó, a las cartas, con o sin dinero. Incluso, rey de todos los recuerdos preciosos, jugando al fútbol al anochecer, pisoteando el mayor espejo del mundo, el que nunca se rompe, el que se deja la marea en la orilla infinita algunas noches. Tres veranos seguidos, sin pausa. Así. Bueno. Vale, si no puede ser, tres meses enteros de los cuatro siquiera. Quién los cogiera otra vez. Si alguna vez me voy al paro, que sea en primavera y que el nuevo trabajo me coja, ya muerto de miedo, en otoño. Porque si me sale antes iré corriendo, ansioso, y me lo perderé como todos estos desde 1990. Jamás querría burlarme de tantos amigos parados, sólo les pido que recuerden que uno siempre quiere lo que no tiene. Tiempo cuando tiene nómina y nómina cuando tiene tiempo. Nunca alcanzamos la satisfaction, que diría Mick. Sólo pido uno completo, y ya luego ninguno más, sólo quiero probarlo una vez más antes de cumplir los 70. Tampoco es tanto pedir. P.S: El otro día, en una rueda de prensa, escuché a Romaní y Teófila decir que los chiringuitos en Cádiz serán los mismos, con las mismas empresas, en los mismos lugares que el pasado verano. Sólo hay una baja: el María-María, el primero de Cortadura, el más cercano a la Victoria. Lo echaré de menos. Me gustaba lo que ofrecían (cocina casi de restaurante, de venta bien, en esa onda de los nuevos chiringochic, con un suave toque de cocina marroquí), me gustaba el sitio, el trato, el mobiliario, la música (Vetusta Morla de fondo, por lo común), el ambiente, entre el pijochill y la dictadura de la belleza juvenil tan frecuente en los guays y el excesivamente familiar, con su dejadez y su feísmo, de los excesivamente tradicionales. Una pena. Espero que sea por preferencia de sus promotores, porque tienen otro proyecto mejor en otro sitio, porque se han hecho ricos y van a cruzar el mundo de verano en verano o por cualquier otra cuestión en la que no haya mediado ruina ni desgracia personal.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La climatología ocupa lugar de honor en el podio de las conversaciones vacías, las que se tienen sin querer y nunca se quieren prolongar, las que nacen por hablar de algo como si el silencio molestara y tuviera que ser acallado. Este año, ese tópico tiene más alimento que nunca por mor de un invierno perseverante, cansino como la petera de un conversador redundante y previsible. Nunca vi montar los chiringuitos cubierto con una cazadora de cuero, hasta hoy. Pero será cíclico, natural, pasajero y por tanto no precisa de más vueltas, a no ser que queramos marear la ausencia de palabras con frases ausentes, de esas que sabemos decir enteras mientras pensamos en otra cosa.</p>
<p>Pero hasta en el yermo del lugar común aparecen prodigios.</p>
<p>Paseo Marítimo, con Lorenzo soltando golpes, el único fin de semana que se dignó. Me encuentro a una antigua compañera, con su acento francés (nació y creció en París) cruzado con ese deje precioso de la Andalucía interior de sus padres. La veo con silla de playa, gafas de sol, equipada, y se me escapa el lamentable recurso manido: &#8220;¿De veranito ya?&#8221;.</p>
<p>Y aparece la sorpresa: &#8220;Sí, el tercero seguido. El pasado verano, en el paro, lo pasé entero en la playa de Cádiz. En octubre, todavía morena, me fui seis meses a Australia. Ha sido una experiencia fantástica y al llegar allí casi empezaba el verano. Ahora, en abril, he vuelto y otra vez toca verano aquí. Tres seguidos, sin pausa, uno detrás de otro sin coger el abrigo. Y no estoy cansada&#8221;, dijo con esa sonrisa de doble ancho que le coge toda la cabeza.</p>
<p>Llegué con una frase hecha y me fui con un sueño. Tres veranos seguidos, nueve, diez meses bajo el sol, el calor tan acogedor, antihigiénico dirás y me da igual. Para ti la higiene, déjame el color y el resto de olores. Me gusta. Si llevo, llevamos, tan mal este invierno encasquillado es por malcriados, por mal acostumbrados. El clima siempre nos mimó (salvo el viento, para que sepamos que la vida es jodida) y un caprichoso jamás se cansa de caprichos por mucho mohín de fastidio que ponga. Tres veranos sin parar. Quién los pillara. Si pudiera, iría por el mundo persiguiendo el verano. Cádiz-Chile-Islas Griegas-Australia no sería un mal plan para 12 meses seguidos (con alguna semanita primaveral insospechada a modo de alivio para coger fuerzas).</p>
<p>Ese sueño será difícil, caro. Tengo uno sustituto: un verano de cuatro meses, enteros, como aquellos de pibes. Junio, julio, agosto y septiembre, uno de aquellos eternos, que se hacían largos como si no comiéramos, en los que te quejabas por disimular la oración, que no termine, que no termine. El tiempo se paraba hasta que aparecía ese monstruo amable, el aburrimiento, que siempre te agarra de la mano para llevarte a la curiosidad, el disfrute o el vicio. De pronto, aparecían tantos ratos que te daba por leer aquello tan extraño, por releer lo otro, escribir sin rumbo, hacer maquetas de tanques de la II Guerra Mundial, iniciar colecciones absurdas, llamar a quien nunca venía, convocar orgías nonatas, ver películas que jamás quisiste, coger la bici por desesperación, encadenar siestas reparadoras con el Tour de Francia como nana, dar maravillosos paseos improvisados o probar drogas para cobardes y formales, de juguete.</p>
<p>Y, sobre todo, masticar el tiempo como un chicle, sin comérselo, frente al mar. Sentado, con o sin música, con o sin novela, jugando al dominó, a las cartas, con o sin dinero. Incluso, rey de todos los recuerdos preciosos, jugando al fútbol al anochecer, pisoteando el mayor espejo del mundo, el que nunca se rompe, el que se deja la marea en la orilla infinita algunas noches.</p>
<p>Tres veranos seguidos, sin pausa. Así.</p>
<p>Bueno. Vale, si no puede ser, tres meses enteros de los cuatro siquiera. Quién los cogiera otra vez. Si alguna vez me voy al paro, que sea en primavera y que el nuevo trabajo me coja, ya muerto de miedo, en otoño. Porque si me sale antes iré corriendo, ansioso, y me lo perderé como todos estos desde 1990. Jamás querría burlarme de tantos amigos parados, sólo les pido que recuerden que uno siempre quiere lo que no tiene. Tiempo cuando tiene nómina y nómina cuando tiene tiempo. Nunca alcanzamos la satisfaction, que diría Mick.</p>
<p>Sólo pido uno completo, y ya luego ninguno más, sólo quiero probarlo una vez más antes de cumplir los 70.</p>
<p>Tampoco es tanto pedir.</p>
<p>P.S: El otro día, en una rueda de prensa, escuché a Romaní y Teófila decir que los chiringuitos en Cádiz serán los mismos, con las mismas empresas, en los mismos lugares que el pasado verano. Sólo hay una baja: el <span style="color: #ff0000;">María-María</span>, el primero de Cortadura, el más cercano a la Victoria. Lo echaré de menos. Me gustaba lo que ofrecían (cocina casi de restaurante, de venta bien, en esa onda de los nuevos chiringochic, con un suave toque de cocina marroquí), me gustaba el sitio, el trato, el mobiliario, la música (Vetusta Morla de fondo, por lo común), el ambiente, entre el pijochill y la dictadura de la belleza juvenil tan frecuente en los guays y el excesivamente familiar, con su dejadez y su feísmo, de los excesivamente tradicionales. Una pena. Espero que sea por preferencia de sus promotores, porque tienen otro proyecto mejor en otro sitio, porque se han hecho ricos y van a cruzar el mundo de verano en verano o por cualquier otra cuestión en la que no haya mediado ruina ni desgracia personal.</p>
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