Tal día como hoy, hace 30 años, los niños de un Cádiz, como siempre tieso y a la espera, improvisador como ahora, descubrimos con un bocadillo envuelto en amarillo Simago al que sería el mayor suministrador de alegría frívola, irracional, inexplicable e intransferible de nuestra juventud. Quizás de todas nuestras catetas vidas de golfitos de playa.
Héroe local, melenudo y despeinado, feo, rostro equino, despreocupado hasta hacerlo religión, repentista, inventor de momentos, creador de jugadas nunca vistas antes, ni después, estropeador de pronósticos, inconstante como los de veras, caprichoso, sensiblero, señor de sus reales ganas, iluminador de campos enteros, infantil, folklórico, autodestructivo, irresponsable, generoso hasta ser derrochón como Georgie Best, el único que le llegó al tobillo elástico. Guadaña de toda la defensa entera en la solemnidad del Camp Nou. Como siempre, con un solo movimiento, seco pero armonioso, engrasado, que parecía natural, silvestre. Fabricante de las vaselinas más sofisticadas del mercado, antes de que supiéramos qué era el Aloe Vera y los centrales se quitaran el bigote para cubrirlo con cremas.
Si no fuera por sus piernas, algo más gruesas que alambres, por su estética intolerable para las madres, se le hubiera confundido por el compás con uno de aquellos repelentes bailarines de mallas blancas (por aquella época se salía Barishnikov). Autor del mejor slalom que se ha visto fuera de una pista de esquí. Culminación barroca del arte del regate limpio, claro y largo, al que nunca llegaba la patada perversa.
El único jugador al que he visto felicitado por los rivales tras perseguirle, varias veces, por una genialidad aún con más de medio partido por jugarse. Mestizo precursor de esa elegancia pachorra, esa lentitud vertiginosa, que luego mostraron algunos imitadores menores, limitados, como Van Basten, Iniesta o Zidane, gemelo en lo particular, en lo irrepetible, de Garrincha. Asombro de los que asombraban, anárquico, macarra, absolutamente único, tanto, que el número uno se le quedaba corto y lo tuvo que llevar por duplicado. El jugador con el sobrenombre más exacto de la historia del fútbol.
Hoy hace 30 años que debutó en partido oficial con el Cádiz Jorge Alberto González Barillas.
Al recordar que yo estaba allí en el Viejo Carranza con mi tortilla y mi cara, ambas de papas, sólo puedo celebrar la suerte que tuve de vivirlo, la que tengo de recordarlo y temer en silencio la velocidad a la que viaja el tiempo.

en septiembre 5th en 19:20
Tengo amigos inmejorables; tengo familia que me reconforta; tengo una esposa adorabilísima; tengo trabajo, de momento; y tengo ideales, por carajote.
Pero mi mayor tesoro son mis dos hijos… ¡y la vieja massana de mangas largas con el once a la espalda que “con afecto” me regaló el Mágico González!
Gracias por la vuelta, lovely l’obeli
en septiembre 5th en 22:18
En la paleolítica cadista tengo tres momentazos que viví de chavalín en Carranza: el gol de Carvallo ( así, en singular, el gol en referencia al que le metío al Córdoba), los dos goles de Juanito (creo que venía con el Burgos) y por supuesto la aparición de ese paupérrimo “esmayao” que parecía Mágico, en el único lugar en el mundo en el que podía triunfar.
en septiembre 6th en 12:58
¡Hace treinta años! Cómo pasa el tiempo, qué chicos éramos entonces. No recuerdo bien si estuve el día de su debut en Carranza, pero pienso que sí porque en esa época no me perdía un partido del Cádiz. Muchos de los momentos más gozosos de mi vida se lo debo a ese enclenque y desgarbado jugador, gran mamarracho paridor de fantasías. Para mí su figura va unida irremediablemente a un gran amigo que tu sabes, por lo que recordarlo a veces me sumerge en la pena. Pero él nos hizo felices. Tengo para mí que su forma de actuar, irresponsable, derrochona, de vivir el momento, se debía en parte no sólo a su manera de sentir la vida, sino a que (pienso) su nivel de inteligencia no era muy elevado, al menos eso me pareció las dos o tres veces que hablé con él.
Me acuerdo de cuando apareció en Carranza con una pluma en el pelo y se me ilumina la cara, del taconazo al Valencia…
A mis hijos les pongo alguna que otra vez los videos de sus jugadas y no entienden que el Cádiz pueda estar en Segunda B, son pequeños aún.
Fuimos felices, nos hizo felices..
en septiembre 6th en 14:02
Yo recuerdo aquel partido (Cádiz-Burgos) y aún recuerdo el 2º gol de Juanito y los defensas del Cadiz dándose patadas uno a otro (a la altura de medio campo pegado al lateral de tribuna) mientras que Juanito saltando sobre ambos los sortea. Son momentos que se graban para toda la vida
en septiembre 6th en 18:12
Yo también estaba allí brodel. En Fondo Norte. Y nunca lo olvidaré. Son de estas cosas que nunca se olvidan. Tres décadas pisha. Qué viejo somos io.
en septiembre 8th en 10:02
@ Adso
No te pierdas la foto de los que presentaron, viernes 7 de septiembre, el corto de Mágico en Alcances. Todos con la CAMISETA MEYBA con el 11. Grande.
en septiembre 8th en 10:03
@ Adso
Ah, y qué suerte tengo de ser inmejorable!!
en septiembre 8th en 10:06
@ Ditirambo
Yo me perdí a Carvallo. Como mi padre, mis familiares y vecinos odiaban el fútbol (¿cómo puede gustarme tanto?), no pude ir al Carranza hasta que enganché con amigos futboleros en el cole, ya por mi cuenta, a los 10 o 12 años, muy tarde para empezar con el fútbol. Iba con el Zamorano y su tío. En una furgoneta infame, tumbados atrás no sé cuantos chinorris. Un domingo, de vuelta, en la radio sonaba ‘Clara’ de Juan Bautista Humet. Mi primer recuerdo, mi primer partido entero, en serio, que recuerdo, fue un Cádiz-Palencia, en la temporada que acabó con el ascenso en Elche (1981??). Desde ese momento tengo memoria. Podría tener alguna más. Cagontó.
en septiembre 8th en 10:08
@ Pier Paulo
Yo también recuerdo a Alfonso, a diario. Y cuando se habla de su Cádiz o su Mágico, varias veces por hora.
Que no se nos pase.
en septiembre 8th en 10:10
@ Recuerdos
Curiosa la memoria futbolera, como la cinematográfica o la musica, tiene reglas propias, va por libre, se recuerdan unas cosas sí y otras no sin que el recordador parezca tener mucha capacidad de decisión.
en septiembre 8th en 10:12
@ Picaporte
Bueno, viejos, viejos, yo llevo dos meses nadando un kilómetro al día, he bajado ya ocho kilos, apenas fumo y me siento muy bien. De hecho, quería contarte, que hace unas semanas cada día hago el amor con una joven pétrea diferente que me asalta por la calle y sin mediar palabra. Una vez me arrastra a los servicios del Burger King, otras veces en el módulo de playas, otra vez iba yo paseando por la orilla, me cogió de la mano y me llevó lentamente mar adentro. Así, cada día, una vez al menos. Bueno, no sé si es exactamente así porque a veces, al despertarme, no me acuerdo.