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Sólo queda redundar. Ya está dicho todo aquí, en el blog de Fernando Santiago, donde aparece el enlace a la entrañablentrevista.

Así que sólo añadir que lo celebro, lo comparto y suscribo. Lo mismo que podríais decir casi todos. Me alegro de que le llegue el reconocimiento y el cariño en vida, en plena salud por su caletoterapia. Siempre me pareció buen hombre. Se acuerda siempre de mi abuelo paterno (murió hace ya diez años). Ha repartido mucha felicidad de la buena, de la sencillita, de la involuntaria, la anónima y la pequeña. También me apunto a que es la mejor pastelería de Cádiz ahora (con La Belle y Le Poeme para los que gusten de otro estilo, menos tradicional, más afrancesado).

Es el orfebre del hojaldre. Guarda el secreto para que su crujir suene sinfónico y sus sabores de capa o relleno se agarren a la memoria. Ahí lleva desde que éramos chicos. Para colmo, el reciente relevo generacional todavía ha sido capaz de mejorar el surtido, el trato, la atención, sin restar un nanogramo de excelencia al producto. Un placer leer la entrevista, como verle, visitarle y admirar su obra por vía palatal.

Para mi orgullo, tuvieron este artículo, o una referencia a él hecha por Monforr, no recuerdo, enmarcado hasta hace poco en esa capilla de azulejos blancos en honor a Nuestra Señora de la Empanada.

En resumen, y como diría la gente más joven, el puto amo.