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Tengo, como casi todos los lugareños, un vínculo sentimental con el Hotel Atlántico.

Allí celebré mi boda (el Ministerio de Medio Ambiente decreta tres meses de levantamiento de veda para el cachondeo correspondiente que ya ha comenzado después de confesar, ayer, con la cursilería más lamiosa, que estoy de aniversario). Además fui a otras pocas. Recuerdo cenas y veladas de carnaval, también actos profesionales, hacer entrevistas, ir a buscar a actores, escritores, cantantes con esa ilusión del periodista impostor que se sabe privilegiado.

Lo de mi enlace matrimonial fue cuatro días después del 11S con sus Torres Gemelas derritiéndose, plegándose sobre sí como las comparsas tristes al final del popurrí. Mejor tomárselo así porque fueron los momentos de mayor pánico colectivo que recuerdo. Yo me quedé 12 horas clavado ante la tele, con el bañador listo para la playa que nunca pisé ese día, sin comer, sin beber, sin hablar, el Guerrero del Antifaz, que se quede como está cuando yo diga “ya”. ‘Pitrificado’ como tutti. Todos pensábamos que el fin del mundo había empezado, no es que eso fuera el avance, es que entendíamos que eran los primeros minutos de la película. Luego hemos sabido que es un largometraje por entregas, que empezó a terminarse hace mucho y la agonía será lenta.

Uno de los muchos atractivos de la boda, ya beodos de Marqués de Cáceres (si reserva, chavá, reserva), consistió en ver desde la terraza de la piscina despegar y aterrizar los F18 de la Base de Rota. Digamos que había cierto movimiento en el planeta Tierra por aquellos días. Puedo decir, en puridad, que fui el verdadero precursor del Festival Aéreo de Cádiz mucho antes de que a Teófila Martínez (pueden sentarse) se le pasara siquiera la idea por sus doradas sienes.

Así que ahora me alegra verlo reabierto, tan modenno, dicen que fantásticamente equipado, con un SPA quespamatarse, con un conjunto de piscinas que ya quisieran Esther Williams, Phelps y Flipper. Con esa ubicación privilegiada y ese entorno bellísimo pero desperdiciado, que debiera ser bochorno de todo gaditano que tenga un mínimo aprecio por la ciudad que le tocó. No he ido. Quiero ir. Pensaba celebrar mi aniversario allí pero he pensado que mejor que no. Sin motivo, es que no me da la gana (he mirado, hay habitaciones libres, ve tú sisquiere).

Bueno, pues vale, que habrá quedado muy bien y que a esta ciudad le hacía falta un hotel de ese tamaño, de tales prestaciones. Pero como edificio, como edificio, lo que se dice como edificio, como inmueble, aspecto y fachada, con sus macetitas de Gulliver y su look nitroso, qué quieres que te diga.

Que es un consuelo para los que siempre hemos tenido que defender, como último recurso desesperado, la patética patraña esa de que “la belleza está en el interior”.

Digo yo que estará, porque lo que es en el exterior…

Habrá que callar y mamar, como en el colegio Reyes Católicos, como en los pisos de estudiantes donde el Cine Caleta. Como tantas veces. Es que no entendéis a los artistas, so lerdos.

P.S: Siempre llegará un arquitecto que dirá ¿qué sabrás tú? Argumento que puede usar un escritor (¿tú has escrito algo para criticarme?) o un baloncestista (¿has metido una canasta alguna vez?) o un músico (¿acaso sabes tocar algo?). Es el argumento comodín de los mediocres que supone la negación de público del que viven. ¿Eres fontanero? ¿Pues qué sabrás tú si el agua sale sucia o fría?

  1. Pedro

    en septiembre 14th en 13:31

    Me gusta ver que cada vez más gente se hace sensible ante las barbaridades arquitectónicas que lleva sufriendo el casco antiguo y que conste que se bastante poco de arquitectura. Sólo hay que ver los numerosos ejemplos que nos están brindando en unos años, el museo del títere, el hotel atlántico las promociones de VPO del barrio de santa maría y muchas más que se podrían enumerar. ¿Tan difícil es hacer un balcón en estos tiempos?, y después habrá gente que se pregunte que porqué Cádiz no es patrimonio de la humanidad…

    Perdón de antemano a las personas que sepan de esto, que seguramente tendrán razón y los edificios nuevos son joyas que ganan concursos internacionales y todo eso…. pero yo prefiero un casco antiguo bien conservado sin esas estridencias para la vista. gracias.

  2. uly

    en septiembre 14th en 18:56

    Primero que nada, desde un balcón un poco cutre de un apartamento idem pero con una hermosa vista al oscureciente mar de Libia, MUCHAS FELICIDADES A LOS DOS. Después, acordarme de que aquel 11S que todo el mundo tembló, nosotros estábamos, como era preceptivo, en una isla griega, observando el tumulto televisivo como si fuera en un planeta lejano. Del Atlántico nuevo, no sé qué decirte, no lo he visto más que a lo lejos. De cualquier forma, el que estaba antes no es que fuera un dechado de estilo arquitectónico ni que respetara el entorno. Era sólo que lo conocimos así, pero era bastante feo. Y no te quepa duda, dentro de nada habrá mucha gente con recuerdos como los vuestros, pero con este envoltorio.
    Besos de nuevo a los dos!!

  3. Enrique

    en septiembre 16th en 1:14

    Está pasando por todas partes. Te piden cuarenta permisos para cambiar una ventana en tu casa y luego en pleno casco histórico permiten que se levente un auténtico coprolito (vulgo mohón) de diseño. Por ejemplo el caso en Córdoba del antiguo hotel Meliá. En su lugar han construido una mole rematada por una fachada de hierro mohoso llena de agujeros. Desde lejos parece Sarajevo, la gente ya lo conoce como “el oxidao”. El nuevo Atlántico lo he visto por fuera y al parecer el interior es una pasada. Nos tendremos que acostumbrar. De todos modos al lado siguen los bloques de los militares que también fue un bastinazo gordo en su día. Rompiendo la linea entre la Santa Catalina y el parque, por la mismísima cara.
    Por cierto, la tarta ¿era de merengue con los muñequitos en lo alto? Pues enhorabuena.

  4. Lovely

    en septiembre 20th en 12:59

    @ Uly

    Muchas gracias, Man. Me cuesta pensar que el balcón y el apartamento sean tan cutres. Como poco, tendrán unas vistas fantásticas o el pueblito será una delicia integral. Que nos conocemos.

    Qué raro que el 11S te cogiera en una isla griega. Para una vez que vais…

    Ya en serio, es verdad que el anterior Parador no era ninguna belleza y que la memoria lo dulcifica todo pero ya que lo tiraban y lo reconstruían, podrían haber hecho otra cosita, menos “bloque-muralla” de hormigón vista desde el mar y la calle, sin esas paredes de óxido.

    Eso sí, entre que escribí la entrada y te escribo este comentario, me ha dado tiempo a estar dentro. El equipamiento es asombroso, salones, restaurantes, la zona de piscinas, el terrazón del bar de tapas y el comedor principal que, sin temor a exagerar, puede tener las dimensiones de un campo de fútbol, quizás diez metros menos de ancho y largo, abierta a la Bahía. Aunque me hubiera gustado que más abierta en la parte de tapas. Todo con su madera lacada, todo lujoso, no he visto las habitaciones, pero el interior es de sombrerazo. El aspecto exterior no me lo parece y ya puestos a cambiar… pero es cierto que ya nos acostumbraremos. Es una frívola pega estética que me molesta por la soberbia de los arquitectos, más que por el resultado.

    Qué le van a gustar a WiFi vuestros besos, sabiendo de quién y de dónde vienen.

  5. Lovely

    en septiembre 20th en 13:09

    @ Pedro y Enrique

    Efectivamente, me quedé corto, no me acordé del Teatro de la Tía Norica (N´gendro Grande) y tantos otros. A mí lo que me molesta, más que el resultado, es la soberbia del artista, el ego del arquitecto. En vez de pensar en los usuarios, en el público, en la gente (aunque sea imposible contentar a todos y ni siquiera convenga intentarlo) parece que predomina “mi obra”, “mi creatividad”, “mi criterio”. Pero yo sólo pienso, como usted, pero ¿y las ventanas? Hay que adaptarse, parcialmente al menos, a las necesidades y el entorno. Si Cádiz tiene una riqueza inagotable es la luz. Ya se sabe que hay que limitarla porque también es sol-calor y viento pero, cómo pueden hacerse tantos edificios sin una ventana en fachadas tan enormes. Y esa tendencia a los colores grises, el hormigón, el óxido… No digo Agatha Ruiz de la Prada (horror) pero debe existir un punto medio. No sé.

    Y lo que más me molesta es que cuando se dice, siempre aparece alguien, un esnob, generalmente, que dice “es una maravilla, no entendéis”. ¿Qué carajo tengo que entender? me gusta o no, me parece práctico, luminoso, hermoso o no. Soy público. Me molesta esa tendencia tecnócrata de los últimos años que se da en tantas profesiones. Los periodistas que escriben para unos pocos, los abogados que sólo piensan en el tecnicismo que les favorece, los artistas que persiguen ser minoritarios como si las minorías fueran mejores que la mayorías (están formadas por gente, en ambos casos, así que cabe esperar poco). Dónde están la sensatez, la intención de servir, de cumplir y durar…

    Y lo de los bloques militares es para derribarlos por horrendos, agresivos y por ser un privilegio de otra época (los actuales propietarios no son responsables, claro) pero si se dice, se te echan encima. En este país, todavía, de independencia, toros, iglesia y militares no se puede hablar. Con lo bueno que es hablar de todo y a la carita, decir, escuchar y aguantar lo que uno no quiere oir. Sienta estupendamente a la larga.

    En fin, gracias por ponerme a huevo el desahogo.

    P.S: Gracias. No recuerdo si había muñequitos. Recuerdo que la tarta era blanca, of course, y que nos dieron una tizona de esas para cortarla a pesar de que dijimos XPRESSAMENTE que nos parecía la gran horterada del colorado. Pues nada, nos la trajeron. Me lo pasé estupendamente en mi boda, se me pasó en un segundo y la música (no es porque la grabara yo, o quizás sí) un pelotatzo.