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Pensaba que iba tarde, pero es falso. O me gusta. A qué las prisas. Su magisterio involuntario, el carácter mezclado con la obra, las debilidades (que no capto pero estarán) ni son nuevos ni caducan. Están lejos de ser moda, llegaron para quedarse porque no lo pretendían. Todo esto podría haberse dicho hace años. O dentro de tres. Los que les conocemos hace un tiempo (mucho menos del que habría deseado la gula de oyente y lector) tenemos el impulso miserable y vengativo de gritar “te lo dije”. Son dos tipos talludos, descreídos, viciosos frustrados por la responsabilidad, impostores por pura honestidad. Saben que declararse embustero es la única sinceridad posible. Supieron elegir su lugar en el mundo sin un codazo, bien al contrario, con generosidad en abrazos, colaboración y palabras. Uno lo encontró en El Puerto y desde allí amasa mil versiones de la receta de la risa que luego distribuye cada vez más, cada vez más lejos. El otro, en una higuera que hace de patio de banderas para mil islas griegas. Las visita una y otra vez como si quisiera unirlas para resolver alrededor del arbolito un puzzle de Sísifo. Cada vez que va, manda brisa, toneladas de curiosidad, paseos, fotos y suspiros. Cuando vuelve, siempre encuentra cien partidarios más para su causa insular, filosófica sin rollos.

Llevan tiempo haciéndolo por amor pero, ahora, les han llamado dos empresas gordas, casi a la vez. Por eso les asocio, porque esas marcas se han fijado en ambos casi al tiempo, aunque el falsario tiene un denso recorrido por medios de ámbito nacional hace mucho. Y esa justicia poética hecha coincidencia merece celebración y transmisión. ‘Díseselo’ al que puedas, sobre todo porque te lo agradecerán los receptores de la confidencia. Los autores, no. Ellos van a seguir a su bola, haciendo lo que les gusta, disfrutando y haciendo disfrutar sin importarles si son una decena o un millón los que reciben sus mensajes en botella, pantalla o papel.

Caso A) Plaza&Janés edita una recopilación de las mejores recetas (divertidas, hechas con presuntas vulgaridades de súper, trampucheras pero reales) de Falsarius Chef. Son las mejores de las que ha publicado ya en ediciones preciosas y que han vendido mucho, mucho. Pese a ese matrimonio de conveniencia, su autor secreto (no puedo revelar que se llama Ignacio Moreno, coautor de Goomer, justo la mitad de Ricardo&Nacho) mantiene su preciosa editorial portuense Compañía Oriental de la Tinta (busca a Daniela Malospelos si quieres a los niños que haya en tu vida), sus colaboraciones en la Cadena Ser (A vivir que son dos días), con el Huffington Post, su blog

Aquí, una compañera a la que el otro día tuve la suerte de ver, como aparición vaporosa y con vuelo ante la Santa Cueva, lo cuenta mejor.

Caso B) Anaya, la empresa que más guías turísticas vende en España, ha encargado a Ulyfox (idéntico caso, tampoco puedo decir que se trata de Manuel Muñoz Fossati, subdirector de Diario de Cádiz, bloguero sedoso y sedante) la de Creta. Acaba de volver del viaje de exploración para obtener la información de primera mano, para actualizar porque pocos residentes en toda España pueden tener mayor conocimiento de la mítica y grande isla griega al Sur del Egeo. Iniciará la fase de redacción en unos días. Imagino (sin datos, sin confirmación) que la editorial querrá tenerla en las vitrinas para inicios del año que viene. Para que la gente pueda planificar su viaje con ella en verano de 2013. Sólo le deseo a todos los que quiero que tengan la ocasión de recorrer Creta, al menos una semana, siguiendo esas letras con sus pasos. Para mí, no nos engañemos, también lo quiero. También quiero, para eso está escrito este ladrillo, que me invite al vino que se ha traido.

Aquí, algunas entradas en las que ha contado la fase de documentación sobre el terreno.

Ahora, menos piropitos y a la librería, cabrones/as. Bueno, en el caso de la guía, hay que esperar un poco pero ya se puede ir encargando.

A ver si venden mucho y tenemos la suerte de que hagan más y más cosas.

Así todos contentos, los que piensan que pueden dar dinero y los que sabemos que dan felicidad a lectores, glotones y viajeros.

  1. Uly

    en julio 9th en 17:39

    ¡Qué tío más cabrón! Las cosas que puedes llegar a inventarte por una botella de vino.

  2. Lovely

    en julio 9th en 18:06

    Omeeee, yo por una botella de vino, como dijo Rosalía de Castro, “ma-to”. Es evidente que también “mien-to”.

    Ahora está por ver que me la beba, claro.