Me dice la librera que empezaron a llegar con este nuevo aspecto en verano. Más grandes, con un papel que tarda algo más en volverse una sepia con algo de tinta, con un aspecto que le iguala a sus iguales, al resto de novelas, lejos de aquel formato pequeño. Ahora va maqueado y se codea con los demás en la estantería sin estar condenado a ser pasto de librería de viejo, carne de intercambio coleccionista. Aunque yo creo que ese destino le gustaba y nos gustaba.
Lo publica ¿¿Almuzara, Anagrama, Alfaguara?? no sé, una editorial que empieza por ‘A’. Cada ejemplar ronda los 6 leuriots.
Pero los personajes cabalgan igual, pronuncian las mismas frases cortantes, secas, y tienen el mismo pasado atormentado que precisa siempre de un ajuste de cuentas a base de Colt 45. Empieza la época de los regalos y me pareció que, para algunos de nuestros queridos puretas, puede ser una delicia. Simplemente, para que vean que sus gustos no estaban tan desencaminados. De hecho, vuelven. O nunca se fueron.
Los he visto en esa papelería de siempre de la calle Fermín Salvochea (¿Dulcinea?) y en Quorum de la calle San Francisco (antigua La Marina) donde está hecha la affoto. Pero me suena que está en todas partes. Siempre estuvo por ahí.
Gloria eterna para Curro ‘El Palmo’ y para su santo padre del Poble Sec.

en octubre 29th en 13:27
Pos ná ya sabemos lo que te va caé en navidad, tó la colección del salvaje Oeste¡¡¡¡¡¡¡
en octubre 29th en 20:55
El muchachito bueno siempre medía seis pies de alto y la muchachita buena era la hija de un pez gordo corrupto y sanguinario. El muchachito malo la pretendía o era su novio oficial, y estaba al servicio de su futuro suegro. Naturalmente, los dos buenos acababan enamorándose, y el malo acababa con un disparo entre ceja y ceja, víctima del bueno justiciero. Siempre había un caballo alazán y otro grisperla.
Y gloria también a Silver Kane, pseudónimo de Francisco González Ledesma, que creo que a mí me gustaba más que Estefanía.
¡Qué buenos ratos veraniegos, esa literatura de los pobres! Y esas idas a la tienda multipropósito de la esquina que te cambiaba las novelas que ya habías leído por otras diferentes, igual de usadas, por unos razonables dos reales (o 50 céntimos de peseta).
Muchas gracias
en octubre 29th en 21:31
En casa recuerdo los interminables coleccionables de El Coyote, con esas pastas tan blandas, así que creo que pa mi progenitor, al que ya he obsequiado con todos los DVDs del oeste que he encontrado, le va a caer este año. Gracias.
Iba a comentar lo de Silver Kane, pero se me ha adelantado Uly. Yo me quedo con su inspector Méndez y su Barcelona de contrastes (la de González Ledesma), aunque muchas de las páginas de Silver Kane llevara la impronta de su, entonces un crío, hijo, el gran Enric González.
en octubre 29th en 21:47
La papelería es Mio Cid, que Dulcinea estaba en Nueva.
en octubre 29th en 22:32
Y había otra serie de novelitas de ese estilo publicadas por la misma editorial (Bruguera) que iban de ciencia ficción: alienígenas inavasores, mutantes y cosas por el estilo. El autor era un gaditano, Angel Torres, uno de los hermanos propietarios de la confitería Orcha, escritor en sus ratos libres. Firmaba como A. Tower, para darle un toque americano al nombre. Se pueden encontrar algunas en el baratillo.
en noviembre 1st en 9:11
@ Tubalillo
Con respeto a los fanes del asunto y a la nostalgia que provoca incluso en los que no lo somos, yo tenía otras lecturas favoritas en aquella época. Ya puestos a recuperar clásicos descatalogados, mejor me regalas, encuadernados, cien números del Lib o el Cartas Privadas del Pen
en noviembre 1st en 9:15
@ Uly
Recuerdo aquel ritual casi diario del intercambio siendo yo completamente mico (¿1975, 1978?), en un local atiborrado de revistitas y tebeos que colgaban y salían de las paredes, que te asfixiaba de aquel olor (desagradable de intenso) a ese papel que se perdió. Tenía dos o tres escalones enormes, o me lo parecían, de forma que daba a la calle pero estaba metro y medio por encima del nivel del suelo, una cosa rarísima.
Estaba justo enfrente de la actual entrada a los Multicines El Centro (del que eres buen cliente), quizás unos 20 metros más hacia la Plaza de Abastos. Yo iba a cambiar tebeos, a por estampas. La fascinación que me produce Marcial Lafuente Estefanía o Silver Kane es prestada, yo nunca los leí, pero lo veía constantemente a los demás, sobre todo, no sé por qué, recuerdo a gente muy mayor leyéndolo, no sé, a un portero de un edificio, a un funcionario, a un dependiente con bata cuando llegabas a comprar algo… Ese recuerdo extraño tengo, que era la literatura de nosotros los (ya semi)pobres y de ellos los veteranos.
en noviembre 1st en 9:20
@ Taite
Loor al coproductor del gran Enric. De nada, si a tu padre le gusta, ya me doy por pagado. Sería la primera vez que las pamplinas que se me ocurren tienen algún uso práctico y real.
en noviembre 1st en 9:21
@ Y.V.
Gracias. No le digas nada a Don Alonso, que ya sabes que es un poquito paranoico y ve fantasmas aonde no los hay. Por cierto, encantadores y ejemplares los trabajadores-propietarios de Mío Cid (padre e hijas).
en noviembre 1st en 9:24
@ Enrique
De las alegrías que me ha dado el trabajo es conocer a gente como Ángel Torres. Me dio tiempo a hacerle un par de entrevistas y reportajes antes de dejar de hacer Cultura. Siempre fue porque le acababan de dar un premio y, cada vez, todo el mundo volvía a descubrir que tras ese pastelero callado, de discreción novelesca, que hablaba raramente y con susurros, estaba uno de los escritores de Ciencia Ficción más prolíficos y apreciados de España, al menos en ese microcosmos de aficionados especializados.
Pero una vez salían foto y texto, le volvía a tapar el anonimato. ¿Dónde andará? Debe tener una edad considerable ya y no estará trabajando en un negocio duro. Ojalá que no, que sólo se dedique a escribir sus historias intergalácticas.