lobeli
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He descubierto algo que debo poner en conocimiento de mi pueblo con premura.

Entiendo que el bienestar de mis compatriotas depende de la difusión de estas palabras precipitadas.

Hasta nervioso estoy. Qué responsabilidad, caraggio:

Sin más rodeos.

Hay una pizza individual en esta microciudad, del tamaño las pequeñas del Telepizza o La Bella Italia, pero cuadrada, suficiente para jartar a una persona, que ofrecen al asombroso precio de UN LEURIMEDIO. Sí, camaradas y amigos, 1,5 pavos y has comido, al menos te has llenado. Sí queridos. Como suena.

Su calidad es igual, quizás algo superior, a la de los locales mencionados, equivalente o algo mejor que la de cualquier pizzería de barrio. Más rica, seguro, que cualquiera que venden congeladas en supermercados y grandesuperfisie.

La ponen en un local llamado El Italiano (son originales, no me jodas). Está en Los Balbo (vulgo, “Los Pescaítos” y a partir de ahora I Balbi), en esa zona ignota, peatonal y amorfa que separa Loselesiano de Lavenida. Es un local humilde hasta la exageración. Con aire de bar de camping, con sillas y mesas de modesto plástico publicitario, con su higiene suficiente, su estética nula y su encanto escaso. Pero si te gusta jartarte y comer senza pamplini, si eres del amplio sector de adoradores del quitajambre, si eres de la cofradía del Brighton, nostálgico del Wimpi o el Saray, clandestino visitante ocasional del Burrykin o el Macdónal, en suma, si frecuentas los fasfú o si tienes bambini golozzi e zamponni, es una opción reseñable.

Yo fui porque el ninio me dijo “quiero una porción de piza de las que se comen mis amigos” y me cogió blando (así me coge 24 horas de cada siete días de la semana).

Fui, la pedí, y me dijeron en il mostratore: “Los días laborables, hasta la merienda, tenemos 2×1 en porciones de picsa”. Hasta ahí, nada nuevo.”Podámela”, le contesté.

Al traerme la porción, que yo esperaba como una cuñita o cuña de las habituales, resultó tener cuatro cuadrículas del tamaño de una estampita de comunión. Como era un dosporuno, multiplica ese tamaño por ocho y ya me dirás si no te sale una picsa completa para un ser humano convencional. Per pavo y medio. Adjunto foto real, cinema verité:

IMG_6079Le pregunté a la amable mesonera que cómo era eso posible y me dijo que lo hacían “para los chavales del colegio cercano, que la piden en el recreo y tienen poco dinero”. Soy consciente, mucho: pésimo ejemplo de dieta mediterránea o hipocalórica, es la base argumental de los peores venenos de la comida industrial a cascoporro, mucha cantidad, gran sabor, poco precio y no mires los ingredientes ni los efectos en la salud. Pero -confesemos, hermanos, que estamos en famiglia- para algún homenaje warro que nos damos a la semana, quizás dos, es una opción preferente, apagnada. Sobre todo, del día 15 de cada mes en adelante. Tu ya me capici.

Es pizza tipo romano, usea, pan mullido, y algo grueso como base y la cobertura de siempre. Nada crujiente, ni fino, ni tipo torta (creo que esa otra la denominan napolitana). Es picsa de barrio canalla y vallecano. Como yo, chabacano. Como tú, podemita y proletaria. De campaña y supervivencia para nosotros y de repetir para los más chicos, rica como casi todas, sin nada más pero si comparamos calidad y precio, la proporción resulta asombrosa: con ser común y corriente, la cantidad y lo que cuesta llaman la atención.

Atiende una chica amabilísima (y discreta, nada de francescadas) que es italiana o ganará pronto un Oscar por su habilidad para fingir acentos. Sirven desayunos normales con Nespresso (grazie), tienen repostería (no sé si artesana), media docena de tapas españolas clásicas decente y basic, un surtido de marcas de cervezas peculiar (algo nacional, más Moretti, Heineken…) y hasta algún Chianti, Toscana o D’Aosta modesto, en plan vino de la casa, de los que costarán cinco leuros la botella en su madre patria pero que están ricos de pura suavidad (a ver cuándo cogno los vinos de la casa en España se ponen a la altura de los griegos, franceses e italianos, con el Viña Alcorta dei coglioni). Eso sí, el tinto lo sirven en las mismas proporciones de generosidad resbosante. Es literal: pides una copa y te echan dentro media botella.

Anuncian en carta pasta artesana y risottos pero, la verdad, no los he probado y no sé si atreverme.

Si hablamos de excelencia, Aponiente sería Australia y, esta humilde pizzería, Spagna. El Faro del Puerto sería el Polo Norte y este lugar, L’Antártida.

Pero no hablamos de finezza. Hablamos de cantidad, de recurso esporádico y desesperado (o no tanto), de ahorro y economía. Joder, hablamos de lo otro.

Tú sabes de lo que estamos hablando.