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No voy para viejo. Ya he llegado.

Así que siento una irrefrenable y enfermiza atracción por las obras. También por los escaparates de las ferreterías (esos taladros, esas cafeteras italianas, los enchufes múltiples, las bombillas…). Hubo un tiempo en el que me atraían los anaqueles de las confiterías, de las librerías, las licorerías, las lencerías pero ahora son los cacharros, los objetos, las reformas. Nunca es triste la verdad…

OBRA1En este último apartado, el de reformas, hoy me encontré con un asombro completo. Paseaba, nada apuradillo, arrastrando el escroto, de hecho, disfrutando mis mañanas al sol, saboreando mi exilio laboral, cuando pasé por Candelaria. No pude reprimirme. Puse las dos manos cruzadas a la espalda, justo por encima del culo, eché el cuerpo para adelante y empecé a mirar levantando la barbilla, con aire de muy enterado.

Entré en Sonámbulo, sólo dos pasos. Estaba abierto (aún sin actividad, pero abierto) y medio oscuro. Casi listo, con el menaje y el mobiliario por allí, ya todo a punto, instalado. Iba a saludar pero preferí cotillear. Me llevé una sola impresión: es la rehabilitación, la readaptación de un local más hermosa que he visto en Cádiz en mucho tiempo. Quizás, nunca. Está pared con pared con otra asombrosa, espléndida, distinta, histórica, la del Café Royalty que recuperó frescos de Abarzuza y preciosas piezas de anticuario. Las de El Chicuco y La Sorpresa, en su sector retrocostumbrista, también me parecen estupendas.

Esta es diferente, aparentemente informal, profundamente elegante, chilau, hippichachi, serena, feliz y relajante como siesta de verano pero bellísima. O eso me ha resultado.

Cada detalle del suelo, de ventanales, paredes y ladrillo visto, de mobiliario y patio, de ligeros adornos florales, me resultó completamente adorable. Curiosamente, las dos bellezas opuestas, complementarias quizás, una junto a la otra. Es una absoluta delicia a la altura, en mi paleta opinión, de los mejores trabajos que se hayan hecho así en esta ciudad, en la provincia, en Andalucía. Que yo haya visto, al menos. Eso me pareció.

Luego seguí camino hasta la siguiente obra. Por cierto, la rotonda nueva de San Severiano, ondestaba el cuartel de la Guardia Civil, muy avanzada.

Qué tiempos en los que uno miraba de soslayo las portadas de las revistas guarras en los quioscos. Ya no hay. Revistas guarras, digo. Bueno, ni de las otras. Ni quioscos.

Pero siempre nos quedarán las obras, viejo.

P. S:

Si le añadimos los recientes (más o menos) La Curiosidad de Mauro, Casino, Ultramar&nos, A Plomo, Salicornia

Si le añadimos que Enrique El Marmiteño (no confundir con Pepe El Marismeño) ultima otra preciosidad en la calle Buenos Aires.

Si le añadimos que Carmen&Victor (The Candelas) abren un asiático en Hospital de Mujeres/Sagasta según leo en cosasdecomé.

Si le añadimos que la reforma de Arsenio Manila es una preciosidad que mantiene intacto -ensalzado con mil detalles nuevos como un sabio coctelero italiano– el sabor de siempre.

Si le añadimos que la ampliación de Nahù Beach promete ser otra virguería para los sentidos.

Si le añadimos que hay obras en lo que fuera heladería ubicada frente a La Marea (la gente de Charlotte) o en lo que fuera Rayuela en Sopranis.

Pues va a resultar que salir a comer o libar en Cádiz (city) va a ser más interesante y agradable estos próximos meses de lo que fue en todo lo que va de siglo (century). Qué pena que yo ya no vaya a ningún sitio, ni visite bares, ni zampe, ni beba.

Sólo obras, sólo quiero obras. Opus, Opus y venga Opus. No pares, sigue, sigue, ahí, justo ahí, dale, dale fuerte. 

A la hormigonera, malpensado/a.

  1. Antoniodlr

    en abril 24th en 13:05

    Sonámbulo iría yo a ese restaurante después de los buenos recuerdos que aún perduran de un par de visitas a Valvatida. Tendré que buscar una excusa, porque ya salgo poco. Solo a golpe de excusa.

    Encontré una hace un par de domingos. Hacía 41 años que una niña de 16 años y un joven, con acné y melena, de 17 se conocieron. Ya no queda ni acné ni melena, pero aquella niña de 16 sigue siendo guapa y me sigue atrayendo. Decidimos celebrarlo en Aplomo y nos gustó; todo hay que decirlo. El sitio es coqueto y agradable, la chica que nos atendió amable y atenta. Y luego está la comida, claro. Pedimos cuatro raciones y dos postres, todo para compartir; que es lo que hemos venido haciendo todos estos años juntos

    ¡Qué buenos tanto el bacalao, como la carrillera o el ravioli de rabo de toro!

    Las alcachofas fritas -que es un plato sencillo pero exquisito, cuando el producto lo es- no mejoraron con el aceite de trufa que las acompañaba. Hay cosas, como el jamón, que es mejor dejarlas como están.

    De los postres, mejor la torrija caramelizada que el strudel de manzana.

    Nos invitaron a un vino dulce con los postres. Pa mí que se nos notaba demasiado.