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Igual va a ser cierto que eso de retroceder años y desandar el camino de la presunta riqueza de cartón piedra será placentero en algunos casos. Hace ya un par de meses que TVE, esa tele pública que se va a infectar cuando al fin era ejemplar (menos en lo económico), decidió suprimir series presuntamente caras y suplirlas por un recurso barato: algunas de las mayores joyas del cine clásico que están pagadas, bien amortizadas desde 1975 cuando fueron emitidas por quincuagésima vez.

Y por un milagro que provoca la tacañería, reaparece el viejo encanto doméstico y televisivo de ver, como aquellos sábados de infancia, sin cortes publicitarios, auténticas exhibiciones de placer y sentimiento de dos horas. Así, un jueves cualquiera. ’Cortina rasgada’, creo que fue la primera aunque no es de las que más me gustan del Gordo (no me refiero a Julio Pardo). Luego cayó majestuosa ‘El Hombre Tranquilo’, y ‘Doctor Zhivago’. Este semana me acordé de las ganas que tenía de comentar este hallazgo casual, fruto de las miserias económicas. Ojalá todo lo que se haga en nombre del racanería salga igual, aunque no creo. Con novelas y cine funciona, valen los viejos tesoros para revisarlos o descubrirlos. Con aulas y quirófanos, no tanto.

Anoche, enésimo jueves de ahorro, otra semana de congelación de la cara y gastada ’Cuéntame’, tocó ‘La vuelta al mundo en 80 días’. Tampoco es que sea de las grandes obras que vería sin pausa cada mes pero tiene el talento visionario de Julio Verne, los colorines y la fuerza de la amenidad inocente de los cuentos que nos descubrían el mundo. En el reparto, más que Cantinflas, la hipnótica presencia de David Niven.

El Gran Niv, como le llamaban los que tenían confianza, es aún el máximo exponente de una elegancia antigua, menos evidente, más frágil que la de Cary Grant, menos viril. Fue un hombre que pareció tener siempre 50 años desde la adolescencia hasta la muerte. Parece que la enfermera, recién nacido, ya le puso smoking. Cuando lo ensuciaba, frac. De otra forma no se explica que los luciera toda la vida con tanta naturalidad. Dueño de una soberbia modestia de gentelman autodidacta se reía cuando le decían que la interpretación era un trabajo. “Es un juego sobrerremunerado, basta con llegar puntual y sobrio”.

Su vida trágica (huérfano por la masacre de Gallipoli, dos veces viudo muy joven), su humor irrepetible y su actitud pétrea quedan muy bien reflejados en este antiguo, pero hermoso, creo, artículo de la Agencia EFE. Es cierto que contiene un error (nunca participó en ‘El Puente sobre el Río Kwai’, el redactor le debe confundir con Alec Guinness, como mucha gente porque se daban un aire). Con todo, una hermosura de texto, a la altura del personaje que tan buen embajador tiene en Cádiz.

Buen mote, vive Dios. Buenos jueves.

  1. ana

    en mayo 18th en 20:55

    La semana pasada fue ‘Me enamoré de una bruja’, como si fuera posible no enamorarse de esa Kim Novak de negro absoluto susurrándole maldades a Pyewacket…

  2. Lovely

    en mayo 18th en 20:57

    @ ana

    Te lo leí, pero me la perdí.

    Kim Novak, hasta con bata de cola…