De verdad que no es por provocar, es que hay un dirigente político muy veterano de Cádiz que me cae bien. Le aprecio (sin conocerle personalmente ni saludarle
aunque me lo cruce a diario) por lo que creo que ha hecho. Le tengo por un trabajador de la cosa pública, de esos que se preocupan por colaborar para que la comunidad de vecinos esté algo mejor. Es decir, un político que debería ser normal y lamentablemente parece excepcional en todos los partidos.
Una vez me contaron que fue de los que trabajó en la clandestinidad, contra los elementos, por sacar al Cerro del Moro de la miseria absoluta, en los 70, junto a curas con conciencia más humana que divina, dirigentes vecinales valientes y otras gentes generosas de las que ya escasean. Luego le recuerdo de concejal, sin ruido ni protagonismo, sin aprovecharse. Ahora dirige el Servicio Andaluz de Salud en Cádiz y para mí representa un sistema sanitario público que (con mil defectos, perennes muchos) ha funcionado con vocación universal y cierta eficiencia, gracias a mil profesionales anónimos, hasta que ha llegado una ola gigante minada de vacas flacas muertas. Hipólito García se llama. Es abuelo entusiasta, creo, y le tengo estima pública en estos tiempos en los que lo colectivo da arcadas.
Este viernes 15 de junio, a las 20 horas en la muy recomendable librería Las Libreras, en la Avenida, ya cerquita del Carranza, en la acera más cercana al estadio, presenta ‘Kiko, el perro que no podía ladrar’. Es un relato infantil obra de Carmen de Manuel, destinado a transmitir a los niños, con la hábil amenidad de los viejos profesores, el respeto, la complicidad y el cariño a los discapacitados, a los lesionados crónicos, a los que tienen menos suerte, pero casi siempre más fuerza y valor, que los tontos que nos quejamos por memeces a diario.
También participan en el acto Gema Rivas (lectora) y Ana Marchena (especialista en discapacidad).
Si tienes niños, inscríbete en la librería para que te tengan al tanto de lecturas, presentaciones… Hacen muchas cosas y todas parecen tan divertidas como didácticas. Está ahí, en la avenida, esperando a tus chinorris.

en junio 14th en 14:04
Qué lindo eres, joé!
en junio 15th en 10:06
¿A que sí? Eso me repito mientras juego con mis cilindros metálicos
en junio 18th en 11:01
¿Cilindros peludos?
en junio 18th en 11:50
@ Juan
Cuando se compran, vienen limpitos.
en julio 23rd en 17:22
Gracias, por atreverse a hablar bien de un político, aunque me gusta más lo de “trabajador de la cosa pública”. En todos estos años habrá tomado decisiones buenas y malas, pero le aseguro que ante todo es una persona trabajadora y honrada, que no es poco en los tiempos que corren. Gracias de parte de sus nietos.
en julio 24th en 12:41
@ Silvia
De nada, fue un acto reflejo, irracional. Lo vi en la presentación y recordé lo bien que me cae, aunque insisto en que no habremos hablado más que tres veces y por obligación laboral de ambos, no nos saludamos ni, como decían los antiguos, “hemos comido juntos” jamás. Sin embargo, sí tengo gran cantidad de testimonios elogiosos, diversos, de muchas personas muy distintas, en etapas diferentes. Por ser muy justos, creo que aún le apreciaría más si hubiera abandonado la vida pública antes (seguro que su familia está de acuerdo) para dar ejemplo de la limitación o autolimitación de cargos o carreras políticas que me gustaría ver como norma cotidiana por pura salud democrática. Efectivamente, le tengo por hombre generoso y honrado, con su montaña de errores y aciertos, pero de buena voluntad, que intenta acercarse a eso tan extraño y complejo del beneficio colectivo. Se me pasó comentar su etapa como Delegado de Trabajo, donde también hablan muy bien de él. Hay más como él, creo, el porcentaje sube entre su generación y baja entre la mía, pero me pareció ejemplo de los que siempre lo intentaron. Si encima he conseguido enorgullecer a nietos, pagado del todo.