lobeli
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Ya, ya, ya lo sé.

Que si es una fantasía, que si ya es difícil pasarlo bien con uno enfrente, o al lado, o encima o debajo, qué te voy a contar de tener a dos. Que si no estamos ni para soportar un cumpleaños en el trabajo cómo vamos a ir a la ruta del bakalao…

Ya me lo sé, tenéis razón. Ya sé que la imaginación se vuelve fastidio al llevarla a eso tan pringoso de la realidad y la práctica. Entiendo que no es fácil encontrar cómplices discretos y generosos.

Pero darle vueltas es gratis y ya te pinta la necesaria sonrisa boba que aparece, sin palabras, cuando se piensa en algo feliz.

Lo que te propongo es quedar de tres en tres. Ese es el número mágico de seres humanos para salir a disfrutar. Nadie puede hqdefaultconcentrarse demasiado en uno sólo sin cometer una grosería con el restante.

Y recorrer los bares también agrupándolos de tres en tres, montar triángulos con sitios que estén muy cerca. A menos de 5 minutos de paseo -qué vicio adictivo pasear-, unos de otros. Un platito y una bebida en cada uno. Al final serán tres y tres, puede ser el número ideal de copas y tapas para gozar sin saciarse, para dejarse en el depósito cierta reserva de ganas, que es el combustible de la vida. Siempre harán falta otro día.

Con la de bares guapetones, de jóvenes que se arriesgan y de cocineros molones, que están abriendo en la ciudad de Cádiz, me salen varias rutas nuevas (y otras que no) de tres locales muy cercanos para visitar el trío en un sólo par de horas.

Y los tríos (de bares, no nos confundamos) que tendrás tú para contarme.

Por poner unos cuantos, con combinaciones de varios elementos (porque eres un elemento) tomados de tres en tres y siempre para tres:

 


La trasladada, visitadísima y celebrada nueva casa de Mauro (La Curiosidad, en Veedor), Ultramar&nos (Plaza de Mina con Enrique de las Marinas) y lo nuevo que abrirá pronto en lo que era Parador de Buenos Aires y ahora La Antigua Confitería (esquina de Enrique de las Marinas con calle Buenos Aires). Ya me ha confirmado el interfecto que está cerrado pero ni esto está para dar noticias ni merecen la pena las indiscreciones.

Aquí estamos para reírnos (o para llorar). Ya lo contará cuando le convenga.

 


Una alternativa para formar el tridente (mientras abre ese último sitio de uno de los cocineros jóvenes y gaditanos que más me ha divertido en los últimos años), para completar ese anterior trío del entorno de San Antonio-Plaza Mina es lo nuevo del Casino. O el tradicional Veedor, o el muy castizo Cumbres Mayores.

 


En un país muy, muy lejano, en Puertatierra, otros tres para ir del tirón y sin sacarla (digo la cartera) serían la deliciosa, familiar y excelsa casa de tapas Bohemia (avenida, frente al colegio Reyes Católicos) para cruzar luego, cien metros, al infalible, sabroso, contundente Sur (Fernández Ballesteros) y divertirse curioseando en el nuevo Aplomo, del que todo el mundo habla virguerías y que está pared con pared, en la misma calle del anterior.

 


En realidad, pensé en el vicioso trío por primera vez cuando me enteré de que Los Asombrosos Valvatida Boys, Tamara&Jesús, abren en Candelaria, en local contiguo al impresionante y elegante Café Royalty. Imaginé lo bien que podría estar combinar en una misma tirada esa delicia (no sólo por lo que se come) que es La Candela (Feduchy), con las exquisitas versiones y perversiones de Código de Barra más lo que hagan los retornados de Vejer en Sonámbulo. Entre los dos locales más alejados de los mencionados no habrá cien metros. Y son lisos, sin un escaloncito siquiera. Los han quitado.

Con todo, lo mejor es la sensación de que se recupera -por fin, tras tantos altibajos y con las obras de reforma por culminar- una preciosa plaza de Cádiz. Candelaria es de las más históricas, hermosas y estratégicas, de las que más recuerdos de todos nosotros (los viejos niños del casco antiguo) guarda. Ha estado demasiado tiempo abandonada a su mala suerte, a pájaros de mal agüero de los que no cagan sobre la estatua de Castelar pero contagian su mierda por donde pasan. Esos tiempos de mala sombra pasaron hace mucho y ahora debe tocar buena luz, también de noche. Que sea pronto y por muchos años.

A ver si la siguente es el Mentidero, que esa sí se atascó tras unos pocos años de relumbrón y mejoría.

 


En La Laguna City se puede hacer otro recorrido (recuerden, para tres comensales de cualquier edad, condición y sexo) que disfrute de un tapeo espléndido en tres sitios sin apenas distancias. Se puede empezar, o acabar, lo mismo da, en La Primera Levantá. Está oculto en la tristérrima calle Murillo, ya casi cuando toca Santa Teresa. Bar de barrio, peticito, apretaíto y algo incómodo pero con ristra de tapas classic de mercado que te la levanta inmediatamente (la gorra, para que vuele a modo de homenaje). En este recorrido es imprescindible pasar por La Marmita, en Santa Teresa, ya cerca de la avenida. Un pelotazo de taberna para comer cosa fina, en la línea de los mejores jóvenes salidos (entiéndase) de la convaleciente Escuela de Hostelería de Cádiz, de esos a los que enseñaron a respetar el producto y darle un toque personal justo. En este caso, es Enrique Hidalgo como podía ser Victor Piñero, José Luis F. Tallafigo, Jesús Recio… Para rematar el trío, conviene rendir pleitesía a la carne al toro (meat at bull) de Caña Aquí, un bar sin pedigrí ni nada, proletarium del totum, en la esquina de la Plaza Reina Sofía más cercana a Goya y avenida Juan Carlos I.

 


No puede faltar Plocia. Ahora hay motivos para practicar la novelería del estreno gracias a otra de las grandes novedades de esta imponente, inquieta, vitalista, vanguardista y joven urbe: Salicornia, que tampoco lo he probado. Se puede combinar (o maridar, por ponernos estirados) para formar el trío con El Chicuco, pelín elitista, hermosísimo, retro y con una materia prima espectacular, para turisteo glam y caro porque debe serlo pero excelente en carta de vinos y cocina. Si apetece algo más mundano (tampoco mucho) siempre está enfrente La Cepa Gallega o Garum a dos pasos y, por un callejón secreto se llega a La Rambla o los dos estupendos locales de Sopranis. Aquí sobran los candidatos para elegir la terna con la que montárselo. La cosa es tener ganas de probar de tres en tres y con tres.

  1. José Devis

    en enero 12th en 20:12

    A mí, lo que va a terminar sucediendo en el casco antiguo es que me va a dar vértigo porque no vamos a tener cartera para tanta cosa estupenda junta. A 5 minutos uno del otro, vamos a tener a La Candela, Mauro Barreiro, Enrique Hidalgo en su nuevo local, Código de Barra, Pancho en Ultramarinos… ¡¡¡Pepe que nos vamos a quedar pelaos!!!, ¡¡¡Qué locura macho!!!, ¡¡¡Enorme lujo gaditano!!!

  2. Lovely

    en enero 13th en 12:49

    Sabiendo que somos fáciles de tentar, nos tientan. No tienen tiento. Van a ser unos paseos viciosos. Yo, por ahora, me contengo porque estoy extremadamente tieso y hartito de comer pero llegará febrero y… Me conozco. Caeré. Por cierto, cuando caiga, allí al fondo del infierno, te veré. Un abrazo.

  3. M.J.

    en enero 18th en 9:26

    Aunque tengamos claro que no estamos aquí para esto, me alegra tener unas cuantas referencias, ahí en el horizonte.

    Gracias por la información.

  4. Lovely

    en enero 18th en 11:57

    Ahora sólo me pasa aplicarme el cuento, probar lo que me gustaría que mis amigos probaran. Tosponerse. Quedo a sus pies, siempre suyo.

  5. Avenger

    en enero 18th en 13:36

    Convengo con vd. en que recuperar la plaza del Mentidero, es importante. Y no menos importante sería que se descubriera (ya que ésta ni siquiera así ha sido) la Plaza de la Merced, que me imagino en sueños de noches de verano, con terrazas y locales bien puestos, con el toque de algunos de los aquí nombrados.

    No sé, una fijación que tengo por ese lugar, que igual me parece propio del Madrid de los Austria, como de alguna ciudad italiana de esas con las que tenemos historia y lazos en común… A ver si le llega quien vea el potencial de esa zona.

    Fuerte abrazo y a preparar ánimos, cartera y estómago (tras las fiestas) para catar las nuevas propuestas (y también las ya conocidas). Calurosísimo abrazo (hoy más que nunca por el frío).

  6. antoniodlr

    en abril 21st en 18:45

    Sr. L´Obeli pongo en su conocimiento que en determinadas entradas de su blog no es posible hacer comentarios. Que igual la gente quiere y no puede. Ésta que le adjunto en realidad va para “Mirón y Sonámbulo”, por si tiene a bien incluirla. Que si no tampoco pasa nada y esto queda entre los dos, que en realidad es lo que me importa.

    Sonámbulo iría yo a ese restaurante después de los buenos recuerdos que aún perduran de un par de visitas a Valvatida. Tendré que buscar una excusa, porque ya salgo poco. Solo a golpe de excusa.

    Encontré una hace un par de domingos. Hacía 41 años que una niña de 16 años y un joven, con acné y melena, de 17 se conocieron. Ya no queda ni acné ni melena, pero aquella niña de 16 sigue siendo guapa y me sigue atrayendo. Decidimos celebrarlo en Aplomo y nos gustó; todo hay que decirlo. El sitio es coqueto y agradable, la chica que nos atendió amable y atenta. Y luego está la comida, claro. Pedimos cuatro raciones y dos postres, todo para compartir; que es lo que hemos venido haciendo todos estos años juntos

    ¡Qué buenos tanto el bacalao, como la carrillera o el ravioli de rabo de toro!

    Las alcachofas fritas, que es un plato sencillo pero exquisito, cuando el producto lo es, no mejoraron con el aceite de trufa que lo acompañaba. Hay cosas, como el jamón, que es mejor dejarlas como están. De los postres, mejor la torrija caramelizada que el strudel de manzana. Nos invitaron a un vino dulce con los postres. Pa mí que se nos notaba demasiado.

  7. Lovely

    en abril 24th en 13:04

    Admirado, añorado, querido Don Antonio:

    Pues entre lo flojo que yo estoy para escribir y que no se puedan hacer comentarios, esto va a tener el mismo nivel de actividad y actualización que las pinturas de Altamira. Bueno, ya vendrán tiempos mejores.

    Por ahora, permítame agradecerle su crónica sentimental, dulce y exquisita, de Aplomo que pienso colgar donde usted me dice y más allá. Aunque sea muy aburrido, tengo que volver a darle la razón. Yo no la conocí con 16 ni 17 para mi desdicha, picha, pero el otro día coincidí con ELLA en los pasillos de un supermercado buscando productos, leyendo etiquetas para eludir el pérfido aceite de palma, que junto con Donald Trump y Eddy Silvestre son de las tres peores cosas sobre la faz de la Tierra.

    Me regaló, como siempre, esa sonrisa para entrar a vivir, para echarse, tan grande y hermosa. Así que ya me fui contento, con cosas que tenían aceite de palma pero pensando que ya se puede uno morir más tranquilo. Qué le voy a contar a usted, que ha hecho de esa cara la mayor de las excusas, la única e incomparable.

    Enhorabuena, vecino. Un abrazo inmenso (voy para viejo, me pongo tierno enseguida, metze saltan las lágrimas). Gracias por seguir al otro lado de la pantalla y de la calle. Consuela.