lobeli
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La necesidad de captar clientes dispara la imaginación. En algunos casos, la hace galopar e incluso la pone al baño maría. Hace unas semanas, supe de una peluquería de la Avenida, de estas de franquicia, que organizaba despedidas de soltera. Por un precio cerrado, echa la baraja al caer el sol y la novia con su tribu se quedan dentro, se someten a un ritual colectivo de lavado de coco, peinado, masaje, tapeo y strip-tease (eso que a nadie le gusta, de ningún sexo, que a todos repele pero que asombrosamente, por ensalmo, se sigue haciendo ¡¡¡y pagando!!!).

Este segundo caso, el del cartel de abajo (perdón), es menos chocante, es un restaurante, especializado en carne, lo que añade un punto de lógica. Un alivio lo de las lágrimas de pollo. Y ponen lambrusco. Absténganse de comentar el postre que me gustaría poder cenar algo luego. 

“Que no nos farte de ná/ que no/ que no”. Inmortal tonada.

Entrada dedicada a Ignacio ‘El Maldad’, que siempre fue muy fan de estos saraos, de los tocados fálicos para ellas y, en el caso de ellos, del grito coral que, con tono monacal, dice: “Esta noche vas a joé, joé, joé”. Versallesco, todo.