L´Obeli (pero llámame Lovely). Bares y restaurantes.

febrero 10, 2014

Sobre la publicidad (El beso de Bòma)

Venía pensando en una contradicción. La idea original es gratis pero es lo primero que desaparece cuando escasea el dinero.

Será que sus dueños tienen la costumbre de comer y venderla cara.

El más escandaloso de los ejemplos, por lo evidente, es el de la publicidad.

Nunca se ha hecho más chusca, ordinaria y contraproducente en España en mucho tiempo. En radio y en tele (en prensa casi no queda). A escala local, regional o nacional. Desde personajes a los que se les caga un pájaro en un ojo hasta abuelos desdentados hasta el paroxismo de algunos anuncios que acompañan las retransmisiones de Carnaval. Pero, por apuntar más arriba, en programaciones andaluzas, serias y prestigiosas, te encuentras a uno que se carcajea como un villano de serie B cuando le preguntan si sufre filtraciones de agua en su casa  o local. O tienes que soportar guitarras melancólicas de bolero barato cada vez que se anuncia un hotel, destino de vacaciones o restaurante.

Muchas veces, con modo pretendidamente gracioso, con acento andaluz (o catalán, o vasco) de bote, con mucho “pisha” y mucho “shiquillo”, “hostia Ander” y todo eso, ya sabes, yo no soy tonto, ya sabes todo lo que quieres oir para ir inmediatamente a un establecimiento, para comprar raudo, sin oponer resistencia, cualquier producto por caro o innecesario que sea.

En suma, todo lo que inmediatamente crees que ya no necesitas, nada más escuchar el reclamo. Todo lo que, nada más oírlo, te hace sentir peor. La contracultura publicitaria elevada a norma en tiempos de baratismo galopante en la barataria sin rumbo.

En ese páramo aún brilla más, por contraste, que una pequeña empresa gaditana, Bòma, ubicada en La Laguna, en Alonso Cano con Pintor Zuloaga, se descuelgue con una diminuta preciosidad de anuncio así.

Por factura y evocación, por microcontinente y minicontenido, resulta difícil comprender que unos cuantos guerrilleros hagan esto sin apenas medios mientras que grandes empresas emiten auténticos zurullos a diario. Ilustrativo.

Imagina lo que pueden hacerte con una foto para el salón o el cuarto si son capaces de hacer esto con la gastada idea del beso, de la boda, el gatito y el ritual mecánico de San Valentín. Vale que el dueño es colega de los años aquellos (aunque me considere, con razón, sicario de la derecha mediática), vale que esta tienda hizo las plaquitas esas que repartimos por Navidad por algunos locales amigos, vale que le gusta este blogrhf, pero intento ser objetivo, templado, interesado como cliente. Podría callarme. Ni halagar ni criticar, ignorar.

Pero creo que esta imagen habla bien de ellos.

De eso se trataba la publicidad, de pronosticar algo bueno, de crear la predisposición de satisfacción en el usuario.

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5 Comments to “Sobre la publicidad (El beso de Bòma)”