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Entradas etiquetadas ‘Deportes’

 

Publicado en La Voz

el 6 de Mayo del Año de Nuestro Señor (o Nuestra Señora, mejor) de 2012.

Y qué viejo está Dios.

Y mira que se ha cuidado…

Me acaba de llegar, de un amistoso promocional este pasado fin de semana.

Sólo en Rosario saben recitar el fútbol así. Es la historia de El Trinche Carlovich. Dicen los que le vieron que el mejor volante zurdo nacido de madre humana. Dicen que iba para genio y lo fue, que quítese Maradona, pero se perdía entrenamientos por irse a pescar. Dicen que le perdieron el vaso y las mujeres. Dicen, dicen, él lo niega todo. Cuenta que no se acuerda pero llora al recordar. Los que le vieron lloran al recordar que no volverán a verle. El astro invisible, el gigante que quiso ser pequeño.

Ojalá vean este vídeo Uly, Antonio, Picaporte, Chicharonne, David Niven, Pitch y todos los que piensan que el fútbol es un arte menor de la poesía. Lo emitieron el domingo en ‘Informe Robinson’ en Canal+.

Intenté poner el enlace pero ha desaparecido, imagino que no dejan colgar un programa tan reciente.

No sale ni un gol, no existe ni un segundo de su juego grabado. Sólo palabras pero engarzadas con una cadencia emocionante.

Merece la pena buscarlo.

La entrada cachondeable sobre la mención a don Antonio Muñoz Vera en Wikipedia ha sido borrada porque, obviamente, la enciclopedia ha eliminado la última frase, para tirarse reiteradamente desde el Pirulí, esa que decía, tras dar todos sus datos “y aquí sigue, dando por culo”.

Una vez cambiada, ya no tiene la menor gracia, así que no tiene sentido que siga por aquí.

Como todas las cosas buenas, duró poco.

... que soñaba ser campeón del mundo en carreras de caballos de hierro. Los cronistas de la aldea quisieron hacerle una entrevista para que contara sus planes e ilusiones. Iba a cambiar de montura, preparaba nuevas aventuras, cada vez tenía más argumentos para creer que su deseo es una posibilidad. Lo relataba con naturalidad, con la osadía de los afortunados. Pero los juglares y escribanos, a la hora de narrar su historia, no tenían animal que ponerle para el retrato, para montar la escena de mentirijillas. El galán tenía que posar con un caballo, aunque no fuera de carreras, pero no encontraba ninguno el retratista. Bajaronse, el futuro héroe y el pintor de fotos, a la plaza y encontraron casualmente lo que necesitaban: un animal viejo y solo, el mío. Decidieron utilizarlo como humorístico ejemplo. A falta de otra pieza que cabalgar, esa misma serviría. Y de esas resulta que el futuro campeón del mundo se montó por fortuna en mi preciosa morena italiana, culona, ...Continuar leyendo
Artículo nº4 para Radio Andalucía Información (Deportes). Lo emitieron el jueves pasado. Ojo, va de fútbol. Pa mi amigatxo Antonio, que los 'escucha' por aquí. ------------------------------------------- Hace muchos años que superé lo del fútbol como sentimiento. Para mí es una preferencia, un entretenimiento que sigo apasionadamente, pero no una pasión. Ni lo siento así, ni se lo pido a nadie. Pero que ningún romántico se crea mejor que yo. El disfrute de un espectáculo así, omnipresente y potente, es perfectamente posible si se confía a personas que se ganan la vida con él, que se juegan los cuartos y que quieren ganar un sueldo de lujo, o un simple salario. También el cine, la música o la literatura, que me gustan y me ocupan tanto o más que el fútbol, están en manos de profesionales y no pierden ni un gramo de emoción. Los actores y directores ganan pastizales por sus películas, los grupos se forran con giras, ya no con discos, y los escritores ...Continuar leyendo
Era el más malo del recreo, el tocapelotas bravucón e inconsciente que sólo con aparecer espantaba la poca paz que tenemos. Era alérgico a pasar desapercibido. Travieso hasta cansar, no paraba quieto, dicen que nada se tomaba en serio que era agresivo más por instinto que por ambición. Ayer murió jugando. Se cayó de la moto y se agarró al manillar. Unos cuantos planetas negros se alinearon y a él le tocó justo debajo de las dos motos que venían detrás, la de Colin Edwards y la de su maestro, Il Dottore. La tragedia me llegó, como a todos, pero me sonaba lejana, casi ficticia, hasta que me dijeron que una chica no dejaba de llorar en Cádiz porque lo adoraba. Los chicos malos siempre tuvieron tirón. Y así será siempre hasta la última vuelta. 24 años tenía Marco Simoncelli, es lo más horroroso de su muerte. Quizás lo único. Si le hubiera sucedido con 60 más, sería una estupenda forma de irse, rápida, en todos los sentidos, espectacular y sin tibiezas, ...Continuar leyendo