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La presencia en El Pelícano de Juan Tamariz (gran crack del show mágico internacional de antiquísima e inoxidable relación con Cádiz) me parece una de las diminutas grandes noticias de la hostelería gaditana este verano. Esa alianza entre artistas y locales me parece un gran salvavidas, honesto, digno, sostenible y real para ambas partes ahora que los adornos se caen y queda la simpleza, la gente quiere ver algo que merezca la pena tomándose algo. Nada más, y nada menos. Desde luego, Tamariz y los que le acompañan están muchísimos peldaños por encima de “merecer la pena”.

La actuación de Tamariz ya fue el día 6 de agosto, pero esta tarde, sábado 11 a las 19 horas, toma el relevo su esposa, Lorgia, en un espectáculo de magia infantil. Pocas caras explican y ensalzan mejor la humanidad que la mueca de asombro de un crío ante un truco, ante el prodigio. Truffaut me lo enseñó en ‘Los 400 golpes’, donde dibuja esa conmovedora escena, entre tierna y terrorífica, de los niños en el guiñol. Un homenaje a la inocencia que nada tiene que ver con la historia (¿o sí?), casi gratuito, descarado.

Los que quieran ver otra vez esa expresión, esta tarde, 19 horas, El Pelícano, Baluarte de San Roque (Preguntar por Instituto Columela o Cárcel Real los que no estén familiarizados con el callejero local, está a menos de 50 metros de ambos sitios).

La entrada para niños cuesta 7 euros. La de adultos, 10 euros. No sé si quedan localidades. Ojalá, porque salgo ahora mismo a comprarlas.