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Sé que la vida matrimonial tiene poco prestigio, incluso entre los que la practican. Resulta más impactante el amor fou, la pasión desabrochada, el romance encadenado, la carne cruda, euforizante, incontrolable, fascinante por fugaz o viceversa. Lo de estar casado tiene poca poesía, es más fácil hacerle cuplés que pasodobles. Incluso el desamor es más atractivo, padre de mejores canciones y sonetos que las relaciones sin arañones. A mí también me gustaría descubrir un cuerpo desnudo (de mujer, que eso va por gustos) nuevo cada 15 días, pero la naturaleza me dotó de una infalible vacuna en forma de cara y, ya puestos, habrá que hacer de la necesidad virtud. La fidelidad se supone que es una. Somnífera, pero virtud.

Es frecuente que el casado, desde el mito de Madame Bovary, aparezca en cine o novela como sinónimo de rutina gris, de monje solitario en un claustro de aburrimiento infinito, angustiado por el recuerdo de un furor pretérito, preso de una vida apagada. Y no vamos a ponernos moñas, la convivencia es un coñazo de proporciones catedralicias en cualquier ámbito, medie o no el matrimonio, al margen de sexos, edades e incluso más allá del parentesco de los encerrados. Coja a las dos personas mejores del orbe-mundo, métalas en la misma vivienda y tendrán arrebatos de hastío, agotamiento e ira a partir del cuarto minuto y ya para siempre. De forma esporádica en el mejor de los casos.

Pero todo paisaje tiene colores distintos, es imposible que sólo tenga tonos oscuros, desaparecería de la vista. Hay un dulzor inexplicable y permanente, muy discreto, cuando descubres que aquella revelación o convicción aún te parece verdadera. La amistad inquebratable, única (con sexo, unos años, que tampoco hay que ser pesados) es uno de los mejores refugios posibles.

Ahora que me toca celebrar esa condición tan denostada, que no escribiré en unos días porque estaré liado (en todos los sentidos) vaya un saludo admirado a los que resisten con el pesado de siempre, el único posible, con la jartible aquella, la única imaginable. Hayan pasado o no por altar o juzgado. Sean homos u heteros. Eso me da igual. Me refiero al elegido, a la elegida, que ahí siguen. Como dirían las abuelas: ‘penene’. Un reconocimiento al tren de largo recorrido, con lo pesado que se hace, con sus cuestas y sus bajadas, paradas y arranques. Pero sigue sin pararse.

Nadie ha contado mejor la mentira de la imperfecta vida matrimonial (‘Married life’ se llama la canción) ni la hizo sonar más hermosa que Giachinno. El prodigio de imagen y sonido se casó para siempre en esta obra de arte, cumbre neorrealista y gótica del cine romántico de todos los tiempos, sinopsis genial en boceto, lírica de trazo maestro, que hizo llorar a millones de adultos desprevenidos, con la guardia baja, durante seis minutos. Ellos que iban al cine acompañando a los niños a ver una de dibujitos, se encontraron con un prólogo que les convirtió en magdalenas humanas mientras los chavales esperaban aburridos que acabara ese muermo y empezara la acción. Mientras los chicos se preguntaban qué pasaba, esos adultos tan repulsivos (los casados, ennoviados, emparejados o románticos que aspiraban a ser todo lo anterior) sacaban un surtido de mocos, ríase usted de Cuétara, como asqueroso homenaje a relato breve e inolvidable, tan falso y deslumbrante como sólo puede crearlo el cine, con o sin actores.

Para los resistentes, encantados, escoñados o sólo resistentes.

Coge un cleenex y pincha.

  1. Enrique

    en septiembre 13th en 23:21

    Después de hojear la prensa: asesinos, jueces, terroristas, la joía crisis, los políticos, la corrupción, incendios…, cositas como esta te hacen reconciliarte con la vida. Eso sí, me ha dejao con el corazón encogío.

  2. ana

    en septiembre 14th en 11:24

    Ea! Ya me has hecho llorar otra vez!!!

  3. Lovely

    en septiembre 14th en 11:44

    @ Ana

    Menos miccionas!!

  4. Tigresa

    en septiembre 14th en 21:08

    ¡Viva lo imperfecto!, te mando un rugido sin desdén desde la Janda

  5. Lovely

    en septiembre 14th en 21:12

    @ Tigresa

    Oh!! Si esa fidelidad involuntaria de la que presumo hubiera estado en mi mano, sabe Dios que contigo la hubiera roto. Eras un imán mental para mí. No podía evitarlo. Ahora que no nos ve nadie. Borra este comentario que no lo vean tu novio ni mi mujer. Ah!, claro, que no puedes. Bueno, pues que se quede.

  6. Lovely

    en septiembre 14th en 21:22

    @ Enrique

    Desde que me lo contaste me acuerdo al escribir. Soy tu chupito internáutico, el que pone fin a la degustación de textos tras pasar por periódicos y demás. Una responsabilidad, no te creas, pero si te divierte de tanto en tanto, pagado estoy. Abrazo agradecido.