Ya sé que estamos de resaca colectiva, venimos de abrazarnos por esas alegrías irracionales que ni mejoran ni empeoran cuando se colocan, para hacer contraste, junto a la realidad. Son juegos de colores, suerte y habilidad, de alianzas temporales y patrias alquiladas, de mentiras pactadas durante tres horas. Pero de vuelta, aún burlándome de los que han perdido porque he ganado, me arriesgo a decir que me cae bien Italia. En fútbol y en todo. Puede que no sean simpáticos pero la simpatía está sobrevalorada.
Hoy es un gran momento para hacer una declaración de amor a su cocina, adorada y copiada en medio mundo y en el otro, a Franco Baresi, a la Vecchia Signora, al Milan de Sacchi o al Inter de los dientes apretados. A Sofía volviendo del mercado, caderas de pared a pared, a Mónica y Gina, Anita en la fuente, a las canciones de los 60 y los 70, a Marcello esperando, al “país sin verdad” que adora la belleza porque carece de ley (me lo enseñó Enric). A los que llenaron la guía telefónica de mi ciudad de apellidos musicales tras descubrir los dos extremos del mundo, al sur polvoriento y al país más emigrante de la historia, ahora que volvemos a valorar la forzada grandeza de serlo, al Renacentismo y Leonardo, a lo bueno que está el David y al mareo de Stendhal, a los
zapatos Stonefly, a la ropa de los que les gusta la ropa, a Firenze y la Toscana toda, a Roma y sus callecitas, a Romeo, Julieta y Verona, a la salvaje mitología mafiosa que fascina hecha embuste, al Gatopardo y a don Andrea Pirlo, guardés de la elegancia de Baggio, Del Piero, Scirea y Antognoni (también la de Prandelli, de vida trágica), a los defensas guapos como Maldini, Cabrini o Cannavaro. A Ferrari y Lamborghini, Alfa Romeo. A lo que lloré la primera vez que vimos ‘El ladrón de bicicletas’ y ‘Cinema Paradiso’. A Zoff, Buffon, su padre, a Riva y Rivera. A los feos como Tassotti, al bigote de Gentile y al grito de Tardelli. Luis Enrique se merecía el codazo. Lo supimos después. Sí, dice el tópico que también son pendencieros, y ordinarios, tramposos, frívolos, machistas, pero yo me quedo con el resto con el ritmo del caos y las flores que brotan en la basura. Con Fellini, Rosellini, hasta con Benigni, con Calvino, Fo, Pavese, Fopiani, Morenatti, Landi, Gastardi, Francescoli, Messi, Fossati… Apellidos que me han dado alegrías de diversas formas. Eso crea un afecto.
Italia ha dado mucho. Asco, muerte, dolor de cabeza, vergüenza, pero, como todo lo que merece la pena, entregó una cantidad equivalente de hermosura, placer, talento y creación. También en fútbol.
Por más que algunos domingos se les tuerzan, como a todos, a Italia y a Moretti les hago un homenaje cada último día de la semana, de abril a octubre. De todos los hallazgos que Italia (si existe) o los italianos han dado, de los mayores es la Vespa (aquí una canción lamentable, me gustan algunas). Encima, nos enseñan cómo usarla. Ponga en un bol un domingo por la mañana (domenica alla mattina). Avenidas y calles vacías, coches dormidos a los márgenes, dejando paso, imaginas música, aunque sin soltar el manillar, en Roma, en Siviglia o en Cadice. Manga corta, bañador, sin calcetines. ¿No lo has probado? No te mueras sin hacerlo. Alquílala, cómprala, pídela o la robas. Y te das una vuelta, sin rumbo, sin hora, con casco liviano, gafas de sol, a poca velocidad que en Vespa nunca se corre, se pasea.
El próximo, también. Incluso después del extraño y enorme rato de felicidad de la noche del último, tras la artística masacre (más tic-tac que tiqui-taca) cometida por mi equipo, una selección española de leyenda, histórica, (homérica que diría Michellin Flinn) que he tenido la suerte de ver tras la conveniente y larga etapa de fracasos que permite valorar más el prodigio. Gracias a Xavi (regresó y todo se iluminó), a Xabi, Andrés y su varita, al Santo, a Carapony, Piqué, Puyol, Busquets, Silva, Villa, Del Bosque, Alba, Mata y los demás, por actitud y aptitud, por el juego y las palabras, por la sensatez en un barullo periodístico cada vez más estúpido, radicalizado, ridículo, chapucero y ensordecedor. Ganar tres finales seguidas, la tercera ya sin sufrir, es impagable. Sólo me turbó la angustia del sufrimiento escondido, que no llegaba y yo creía que estaba agazapado, que saltaría. Pero no.
Lo recordaremos siempre y ellos, los de azul, se levantarán. Volverán y dejarán claro por qué ‘vendetta’ es una de las muchas palabras que nos han regalado.
Mientras…

en julio 6th en 20:22
Si señor. Un domingo de felicidad. No es el primero y presumo que no será el último. Creo, estoy convencido, que estamos ante un equipo de leyenda, que pasará –todavía no ha acabado- a la historia. Dicen, preguntan, que si es mejor que el Brasil del 70. Aquel equipo era una maravilla: Pelé, Rivelino, Jairzihno, Tostao, Gerson …. Pero yo me pregunto ¿Quién ganaría en una hipotética final.? El fútbol ha cambiado mucho desde entonces y aunque técnicamente los brasileños pudieran ser mejores –nuestro equipo no es precisamente torpe- no estoy yo muy seguro que pudieran superar el pressing del fútbol actual, ni que corrieran (ellos jugaban andando) lo que hoy hay que correr. Siendo totalmente imparcial, España ganaría.
en julio 13th en 9:36
@ Antoniodlr
Después de leer muchas sandeces sobre “aburrimiento” y peticiones de dimisión de Del Bosque tras el partido de Croacia (tengo una localizada por si alguien duda del nivel de burradas que se han escrito), también he visto mucho de comparaciones, si el mejor de siempre, si mejor que aquel, mejor que el otro.
Quizás lo más templado que he visto fue a Carlos Alberto, el glorioso lateral diestro, el que dejó la imagen de ese golazo último de la final de México 70. Venía a decir que “España mueve mejor la pelota pero nosotros improvisábamos más”. Es un juego mental, como la final que propones, es como comparar a Woody Allen con Lubitsch o a García Márquez con Quevedo. El entorno es tan distinto, los ojos de los que miramos, el ambiente, la tecnología, todo. Es un juego pero, creo, no tiene solución posible.
Como tú, tenía mitificada la final del 70. Hasta que la vi, con unos 15 ó 18 años. La grabé, puede que en Beta y todo. La vi, la volví a ver. Es un partido precioso por el estadio, la emoción, la celebración, los colores de las camisetas y el césped, pero el fútbol, lo que se dice el fútbol es tan distinto que resulta imposible comparar. En esa época, se dejaban atacar. Me recordó, al verlo, a las peleas de las películas de vaqueros, en la que cada uno pegaba una piña y luego se quedaba quieto para que pegara el otro.
Es decir, nadie presionaba a nadie hasta los tres cuartos. Hasta esa altura, jugaban andando, se paraban, como ahora hacen Messi, Xavi o Iniesta con tanto mérito. En aquella época se paraban todos porque nadie presionaba hasta casi el borde del área, sólo a a partir de ahí había que inventar y acelerar. Dicho eso, Tostao, Rivelinho, Clodoaldo, Jair, Pelé y todos los demás tienen movimientos, clase y técnica que asombra aún vistas hoy. Ahora, llevar la pelota hasta la mitad ya es un logro y moverla como la mueve España, un prodigio. Quería yo ver a Pelé sin recibir una bola, porque puede que le pasara eso ahora en algún partido. El nivel de talento individual de aquel Brasil era brutal, pero en lo colectivo, en lo físico, todo es tan distinto que resulta imposible comparar. Más allá del legítimo orgullito español o del pique suramericano (nos están cogiendo ganas porque no admiten que seamos tan buenos) los títulos y la elegancia con la que se han ganado, sin una tangana, sin un escándalo arbitral, con respeto por el rival, con sensatez ante la derrota (Suiza) o la crítica (Busquets, Del Bosque, el nueve sí, nueve no, Cesc…) hacen más grande la etapa más grande que hemos vivido, que nunca pensamos que viviríamos.
Las críticas al supuesto aburrimiento ya las leí en internet (periódicos alemanes, suramericanos) durante el Mundial. Sin nuestra alegría y pasión, el juego de control de España se ve algo parsimonioso, y lo es. Se ve sin muchas ocasiones y sin mucho ritmo, es un juego inteligentísimo, de posesión y desgaste (por eso todas las victorias del Mundial fueron por un gol y siempre en el último cuarto de hora). Y es verdad, es un juego completamente opuesto a ese que nos gusta tanto de la Liga Inglesa, de los equipos pequeños de la Premier, que convierten los partidos en un espectáculo por el ritmo vertiginoso, los errores encadenados y las enormes limitaciones técnicas de defensas y centrocampistas. Digamos que España interpreta a Mozart y la Premier es AC/DC. Para saltar, gritar y emocionarse salvajemente, es obvio que el segundo estilo va mejor.
Perdón por el retraso en la respuesta, he tenido un leve percance médico (estoy perfectamente, fue un susto) y me he retrasado unos días con el blog. Afortunadamente, al abrirlo, tenía la ocasión de hablar con vos de futebol que me gusta más que comer Nocilla con picos.
en julio 18th en 14:38
¿Nocilla con picos? A ver si es por eso que te pusistes malo. Hablando de males ¿sabes si le ha pasado algo al maestro Liendre? Hace tiempo que no lo veo, ni lo leo; y cada vez veo más delgado a La Voz. Me da miedo.
Tu lo explicas mejor, pero es cierto que nos encanta la Premier. Hay más pasión en las gradas y mas ocasiones en el cesped. También mas igualdad que en la española =o hacemos algo o siempre será un juego de dos, y eso aburre o terminará haciéndolo=, increible el final de liga de este año, con la emoción hasta el último segundo. Esos campos siempre llenos. No me gustaría morirme sin ir a ver un partido, por ejemplo del Liverpool y escuchar el You´ll never walk alone. Lo decía en una crónica Mr. Carlin; ellos -los ingleses- adoran el futbol español, sin embargo las televisiones se pelean por los derechos televisivos de la Premier a sabiendas de que su futbol es inferior. At. Bilbao versus Manchester, por example.
Me quedo con tu frase “que pasaría si a Pelé no le llega la bola”. Posiblemente es lo que le pasaría hoy en día y sentiría impotencia ante la capacidad de España para recuperar la pelota. A mi no me aburre España. Tiene el control absoluto del juego, se juega como y cuando ella quiere. Por otra parte es sumamente dificil jugar siempre =o casi= contra un equipo con 10 tíos detrás del balón. Y la polémica del 9 para mi está demás. Que le vas a criticar a una selección que ha sido la más goleadora y la menos goleada y que la mayoría del mundo futbolero la adora o le tiene envidia.
en julio 24th en 12:31
@ Antoniodlr
Más miedo me da a mí. El Maestro Liendre, como ocupante de un púlpito dominical frente al que había unos pocos, queridos y fieles feligreses, murió. Se acabó. Me borré. Nadie me eliminó, por ser justos. Pretendía mantener por aquí algo parecido, pero por ahora me falta regularidad, horas y salud (ese sustillo sin importancia que mencionas que ha acabado por ser algo tan vulgar como hipertensión severa). Llevaba 7 años, Tonio, 7 años, cada domingo, 7×52 (bueno, 7×48 porque en vacaciones no lo escribía). Salen más de 300 artículos. Mucho mojarse, mucho repetirse, mucho señalarse, mucho exponerse. Escribiendo se exhibe uno (miserias, defectos, tics, filias, fobias…) mucho más que hablando. Encima, con los tiempos que corren, iba a tener menos libertad, menos aire, y ya no merecía la pena. Todo tiene una etapa y esa había pasado ya. Intentaré recuperar la sana costumbre de la paja mental todos los domingos, por aquí. Total, yo lo que quiero es intercambiar opiniones, asombros casi siempre, con gente a la que le gusta charlar conmigo tanto como a mí con ella, que decide, porque sí, escribirme y leerme, todo libremente, desde el acuerdo o la discrepancia, siempre educados, generosos en el trato. Eso, lo garantiza más ahora internet (pese a sus lacras del anonimato y la egolatría) que la prensa tradicional, definitivamente podrida. Cada vez se capan más los comentarios, asfixia más la “línea editorial”, todo son trincheras, todo es mercancía y encima la venden unos pocos, los de siempre. Vamos hacia el pensamiento único, o hemos llegado ya, y eso, más que asustarme o irritarme, que también, me aburre porque yo soy incapaz de tener un mismo pensamiento propio mucho rato, imagínate lo que hago con el que me imponen. Para escribir mirando de reojo, al carajo.
No merecía la pena, como lo del viejo blog. Esto, y la opinión, es gratis, un plus, un añadido, un extra, personal, particular, free, desinteresado, hobbiesco, así que tiene que ser libre o no ser. Si para serlo hay que perder lectores, visitas, posibles negocios inciertos, convidás o lo que sea, se pierden. Que más vale volar bajo pero a gusto.
Un amigo mío (que me debe de querer tela) anda por ahí ofreciéndo los liendres a editoriales para que cojan los mejores, si los hubiere, y los publiquen como libro. Le advertí que nadie los querría, los artículos de opinión que hacen referencia a un suceso, acontecimiento o sensación de esa semana, caducan enseguida, no tiene interés leerlos tres meses o tres años después. Así ha sido, todo el mundo le rechaza el proyecto amablemente. A mí ya me conmueve que lo intente.
Gracias por darte cuenta y echarlo de menos. Abrazo agradecido.
Vaya uno viejo (de febrero de 2008 ó 2009, creo) a modo de brindis. Pura vanidad. Yo me apasioné, disfruté o sufrí, escribiendo algunos. Ojalá alguien sintiera lo mismo leyéndolos. http://www.lavozdigital.es/cadiz/20080302/opinion/comico-leyenda-numeros-20080302.html
en julio 24th en 17:35
Agitaban las conciencias y te hacían reflexionar. Fue bonito mientras duró. Gracias, so much.