Una falta de respeto, un atentado a las buenas costumbres. Hay que tener consideración con los que estamos intentando quitarnos porque estaríamos todo el rato bebiendo, desde el desayuno, y sabemos que eso acabaría con nosotros, nos haría reventar. Es una tentación diaria, que la sociedad propicia alegremente, inconsciente, y más en esta época, de calores y mangas cortas, en la que siempre hay una excusa, una supuesta sed. El problema es que aquí el medioverano dura casi seis meses. Y esta tentación disfrazada de frescor siempre está ahí, presente, inamovible, obsesiva y ubicua.
Vas a cualquier lado y ¡zas! aparece como si no hubiera más que beber en este mundo.
Encima, te lo adornan con lacitos, virutas, colorines, recipientes atractivos, campañas publicitarias y el irresponsable respaldo de personas a las que creíamos responsables, honestas, juiciosas, como PepeMon.
Además están las criaturas. Mi niña, con 8 años, de tanto ver y escuchar, pues claro, ya tiene curiosidad. Y ante campañas procaces como ésta ¿qué le digo? ¿cómo puedo pararla?
Al final acabará como yo, bebiendo y bebiendo.
Mira esto y, dirrrme tú si hay derecho, si alguien puede resistirse.

en julio 6th en 0:22
Yo podría alimentarme exclusivamente de esa bebida. Eso sí, sin mariconadas de “no le pongo esto, no le echo de aquello”. Siguiendo la tradición, como lo hacían nuestras abuelas a las que no les importaban ni las calorías ni los eructos.
en julio 13th en 9:45
@ Iván
Yo también podría vivir sólo de gazpacho, salmorejo y variantes. Y no creo que ni el médico nos abroncara.