lobeli
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Me alegra que una amiga (yo lo tenía por amigo pero los pseudónimos y los sentires son libérrimos) se inice en esto de la crónica/crítica/comentario gastronómico.

Aún más que el estreno sea con un sitio que no conozco y que me parece raro en este tipo de textos y espacios. Así me entran ganas y curiosidad. Que para eso sirven estas cosas y no para pontificar sobre nada o examinar a nadie.

Que sean muchos más.

Otero y los chiringuitos que dan tanto miedo en verano

 

Hace unas semanas, el medio en el que trabajo todavía publicaba un listado de "bares de barrio". Aquí lo tienes. Se supone que son lugares poco turísticos, nada vanguardistas, muy clásicos en forma y fondo de alacena, atestados e infalibles, celebrados por su entorno vecinal, sobre todo. Festejé mucho la presencia de varios, especialmente el Bar Bohemia, Bar Nono y La Primera Levantá, en Cádiz. Sin embargo, como suele suceder con esto de las listas tan de moda, siempre incompletas y subjetivas, me sobresaltaron más las ausencias. La de Er Beti, en El Puerto y dos de Cádiz que ahora detallo. No entendí la de El Rinconcito, en la calle Antonio Machado, allá en el ignoto barrio del Avecrem en Cádiz. Si la capital gaditana tiene algún templo inevitable e inexplicable del tapeo parroquial es este, por definición, antonomasia y jerarquía. Su carta a boli, su incomodidad acogedora, su amplia estrechez, sus fritos impecables de pescado, sus ensaladillas y pinchitos, sus bombitas... ...Continuar leyendo
Las modas, a menudo impulsadas por interesados sectores cuando no por marcas, tienden a recuperar costumbres antiguas rebautizadas y revestidas de modernidad. Se coge algo de toda la vida, se le pone nombre anglosajón y se le cambian dos detalles. Ya está, ya lo tienes. Uno de los muchos ejemplos recientes sería el "afterworking". Podría traducirse perfectamente como "tomar algo después de trabajar" y, por tanto, es tan antiguo como caminar, tan viejo como el viento. A finales de la pasada década, amparada por el miedo a gastar y los cambios de hábitos impulsados por la tecnología, esa tendencia creció. Cualquier excusa era buena para desahogarse del trabajo, salir de día y reducir las salidas nocturnas, cada vez menores. En ese entorno, dentro de esa manía por recuperar lo de siempre disfrazado de nuevo, crecieron las tabernas renovadas y recicladas, los tabancos revividos y los delicatessen adaptados que combinan lo mejor de varios mundos: producto exquisito a precio razonable ...Continuar leyendo
Los que te ponen una terraza en lo redondo de la casapuerta lo hacen por Cádiz, no por tratar de ganarse unos cuartos más. No te quedes con lo fácil. Los que sepultan calles y plazas en logotipos de cerveza, los que las llenan de mesas y sillas de plástico tienen como único fin garantizar que sus paisanos tengan un medio de vida en el futuro. Si extienden veladores desde la careta hasta el cerro del morro lo hacen para velar por su ciudad, por tu ciudad. El empleo siempre fue su desvelo. Los números lo demuestran. De empleo les vas a contar a ellos. No te engañes. Que no te engañen. Una vulva es una vulva y seis, media docena. Un pene es un pene y medio, una pena. El que abre un restaurante lo hace para dar lustre a la marcacádiz, para fomentar su cultura gastronómica y atraer turismo con una promoción impagable, impagada por todos nosotros al menos. Son los que luchan para que cada año venga otro millón más de personas que nos echen algunas monedas en el platillo antes ...Continuar leyendo
Al día siguiente, con el malestar físico y la paz que dejan en el almax las resacas, lo supimos por los camareros. Al ponernos por pura pena el segundo café, en una plaza que estaba a cien metros de la casa, nos preguntaron si fuimos nosotros. "¿Nosotros, qué?" "Los del romancero de ayer" Resulta que se había oído en buena parte del casco antiguo de Vejer, ese refugio empinado y blanco y negro por la cal y la sombra, esa buhardilla gigante en la que ocultarse de todo a cualquier hora. Los pocos vecinos que quedan, los muchos paseantes, los turistas variopintos y pintorescos, por lo visto llegaron a sentarse en bancos y escalones, en calles y plazas a varias esquinas de distancia para escuchar sin ver, para partirse y aplaudir. Se meaban (figuradamente, que no era febrero ni era Cádiz). No podían contemplar a los hermanos Barba interpretando sus dos prodigiosas obras pero la fuerza bruta de sus frases enchampeladas con ritmo y rima, con emoción y entonación justas, ...Continuar leyendo
La columna de abajo -la de azul para distinguirla del resto del texto, indigno de acompañarla- está escrita por Javier Rubio Rodríguez. No habla en primera persona. Es aún peor. Habla de una persona tan querida y cercana como ninguna otra. Pero a estas alturas -si no a todas- sólo soy capaz de escribir desde el temor, el principal ingrediente del amor. Me asusté. Hombre discretísimo, me asustaba también la posibilidad de ofenderle aireando sus palabras, atreviéndome a sumarles una pueril entradilla por más que el artículo ya sea público y esta página sea algo familiar, de ámbito muy reducido. Aún así. Él tiene derecho a decir lo que quiera de su dolor. Los demás, sólo a leer. Los demás podemos agarrarlas, quedarnos todas esas frases y guardarlas bajo las costillas para repasar a diario la lección eterna que siempre olvidamos: resistir cuando aparece la verdad veraz, voraz y burlarnos de todas las memeces que confundimos a diario con pesares. Una vez que supe que ...Continuar leyendo