lobeli
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Con vergüenza y autocrítica porque, como todos, con esta peste de la prisa, que nadie sabe quién nos pide ni para qué sirve, también me precipité en juzgar. Como si me correspondiera, como si manejásemos alguna información, algún indicio siquiera, más que nuestros prejuicios.  Ahora, como este articulista (de los mejores de la patria hispana per me) sólo veo sordidez. Gran columna dedicada al ciberpatio de vecinos acelerados, de verbo atropellado, en el que nos empeñamos en vivir. Los medios, en vez de intentar domar el chisme, la presunción de culpabilidades, lo preconcebido, se entregan a esta ciberturba, aterrados por la fuga de lectores, oyentes y espectadores. Éstos, empeñados en convertirse en pseudoperiodistas amateurs, en opinadores de todo a jornada completa, en fotógrafos descubridores de crímenes como aquel de 'La ventana indiscreta' pero equivocados casi siempre. Como si fueran deseables, admirables esos papeles. Nos lo tenemos que hacer ver. ...Continuar leyendo
Vuelvo al serial de las vacaciones, aquello que sucedió hace tres semanas, o 3.000 años, no recuerdo bien. Capítulo aparte merecen las ocasiones perdidas. Soy experto en desperdiciarlas, dueño de un infalible talento para decepcionar, un aguafiestas excepcional. Últimamente, más. Me ha dado por declinar. Me refiero a las invitaciones. No al Latín, que ya tuve suficiente con Don Avelino y Don Francisco. Digo declinar convocatorias. Entre sacar ratos (días) para los chinorros, vejeces, perezas, intendencias y la creciente siesez antisocial... Me las pierdo casi todas. A veces, pocas, las que no quiero perderme. Entre las invitaciones que dejé pasar, con dolor, en vacaciones, me pesa una sobre todas: la presentación de la nueva imagen de Venta Melchor, es decir del fortín mágico que Petri Benítez tiene a la orilla del Colorado. Allí oficia esta orfebresa grande que mezcla como nadie recetas con siglos y materia prima con horas, lo de siempre y lo que inventa, ...Continuar leyendo

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Vinos

Son mensajes que te saltan a la cara en un callejón, a la vuelta de la esquina, en una avenida. Sin normas, horarios ni cortesías. Será por eso que me pirran. Confieso: leo las pintadas. Casi todas, al menos, una vez. Las de mis trayectos, las que la suerte me pone ante la nariz, corta como el entendimiento. Las tenía en gran estima. Eran textos duros, sin dueño ni objetivo, sin prudencias ni deudas que pagar, sin más miedo que ser sorprendido en plena faena. He sido seguidor de algunas, precursoras de todo lo que leemos en internet, que impacta y se olvida a la velocidad de la luz. También fui admirador distante, ignorante, de Nino el del Rotulador, que dejaba crípticos avisos, misóginos ataques y rotundas sentencias contra la razón. Tenía el trazo de la leyenda, plagada de falsedades, imagino. La de un profesor loco, con un coeficiente intelectual descomunal, desposeído del tesoro de la normalidad por un desamor o por las drogas (siempre tiene que ser culpa del placer). ...Continuar leyendo
Me quedé planchado, mustio. Mr. Devis fue al nuevo italiano de la calle Libertad, junto al Mercado Central de Cádiz, el Auténtico. Yo, novelero y complaciente como siempre, me deshice en elogios, destaqué lo que me gustó y obvié lo demás. Le creé expectativas a este hombre, apreciado y antiguo lector de esta hojilla, incluso de su precedente de San Félix. Total, que no le gustó mucho. Tirando a poco (excepto el limoncello). Y encima iba con sus chinorris. Grande vergogna la mía. No dejo de darle vueltas. Che palo. A mí me gustó en dos visitas, mucho. Pero, claro, ya temo haber exagerado. Tiendo. Además de no gustarle Auténtico, contaba que la mayoría de italianos le decepcionan (como a mí, aunque Auténtico me gustara) pese a tener gran querencia a la pasta (la de sémola de trigo y eso. No la otra. Bueno, o a las dos, yo qué sé). Anduvía o anduviere yo, contrariado, sin rumbo, buscando alivio y reparación cuando el universo ha confabulado a mi favor. Y, ...Continuar leyendo