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Estaría bien atreverse a decir cosas que te hacen un derrotista vitalicio, un terrorista del gaditanismo (ilustrado o iletrado). Estaría bien decir lo que uno piensa, lo que cree. Pero para qué. Mejor callarse las tres o cuatro cosas que uno cree que pensamos muchos. Yo qué sé, por ejemplo: Que la Gran Regata es una chapuza decadente, el más vistoso de los parches del verano perdido de una ciudad que los adoraba. Una ciudad que adora sólo, siempre, lo perdido, lo que ya no tiene. Es una cita ruidosa, molesta, cargante. Un cajón de sastre y desastre. La ciudad está tan triste que cualquier luz se confunde con alegría, cualquier gentío, con progreso. Todo, por contraste con la cruda realidad, parece dinamismo y felicidad. Esto de los veleros sólo es atractivo si tienes menos de 35 años y edad de montarte (en los cacharritos o en algún marinero), si tienes más de 65 y cualquier brisa es viento, si la ves por primera vez. Para buena parte del resto, es repetitiva y vacía, ...Continuar leyendo
Hace unos cuatro años, Omar García, amigatxo ahora devenido en exitoso hombre de negocios y organizador de gigantescos conciertos y festivales como No Sin Música, me propuso hacer una especie de guía de locales pero novelada. Por resumir: una sencilla novelita breve en la que cada escena o diálogo, cada pequeño episodio, transcurriera en algún café, bar o restaurante. En el relato, se introducían referencias eligiosas a platos o bebidas. Incluso, intercaladas, en páginas enfrentadas al relato, fueraparte, aparecían fotos, fichas, recetas, ofertas ya más detalladas y publicitarias de cada sitio. Encontró un diseño precioso, por cierto. Era una virguería de aire pin up, en plan burger USA de los años 50, los de neón, Grease y todo eso. Pero nada. El plan no salió. La mayoría de locales y restaurantes le mandaron a por tabaco cuando llegó con la idea, casi todos rechazaron con cajas (y bombo) destemplados la propuesta. Me quedé con seis textos escritos, corregidos, ...Continuar leyendo
Esta vez no es una opinión más. Esta vez tengo un vínculo incuestionable. Mejor dicho: dos. Eso no me hace portavoz de nada ni de nadie (tengo dificultades para serlo de mí mismo) pero impide que nadie se crea más dolido, escandalizado, interesado que yo, a excepción obvia de los verdaderos afectados: los niños denunciantes, sobre cualquier otro, sus familias y el absuelto. Luego, en el mismo pelotón, vamos el resto de padres, alumnado y profesorado, igualados con el resto de ciudadanos que se sientan concernidos. Pero que nadie venga de fuera a decir que este asunto le preocupa más, que le duele más, que le incumbe más, por muchas fobias y reproches, justificados o genéricos, que tenga. Así pues, si hubiera que empezar un debate, salvo los dañados directamente, los demás vamos empatados, a la par. He leído con detenimiento la sentencia en el caso del exdirector de Salesianos. No hace falta recordar fechas ni hechos para perder espacio y atención. He leído ...Continuar leyendo

Me hace poca gracia la declaración de amiguismo del autor en el inicio pero tras leer esto, admito que me han entrado muchas ganas de ir.

Tengo gran aprecio por la pareja de propietarios, admiración, y me gusta todo lo que hacen por cómo lo hacen.

Habrá que probar su bar, tiene una pinta deliciosa.

Volver a lo de siempre cuesta más que nunca. Como si los jaramagos hubieran crecido hasta las rodillas y no dejaran ver nada del jardincito tan cachondo que había. Todos ladran alrededor de la verja. Los gatos se han vuelto lobos. Cuesta entrar como si fuera una mansión de película de terror. Hay que tragar saliva, mirar a un lado y al otro. ¿Para qué entrar si tanto intimida? ¿Qué hicimos una vez ahí dentro, cuando entrábamos con alegría? ¿Cómo pudimos hacer amigos ahí? ¿Cómo es que les echo de menos como a los otros, a los de fuera? ¿Era distinto? ¿Era lo mismo pero entonces nos daba igual? ¿Cómo era eso de disfrutar leyendo y escribiendo, contando y esperando? El tiempo que pasé fuera se hizo corto. Había más silencio y menos miedo. Hay que volver a entrar o volver a salir, dicen los mandamientos ¿Seguro? ¿Quién lo manda? ¿Por qué? ¿De veras hay que regresar sin ganas, ni nada que ganar? ¿Qué pasa si te quedas fuera? En estas pocas semanas ...Continuar leyendo

.- ¿Y el señor, qué va a tomar?

.- Distancia. Voy a tomar distancia. Mucha.

.- ¿De qué?

.- De todo.

.- ¿Media ración? ¿Plato sopero?

.- Mejor tráigame un barreño del tamaño de una alberca de campo de Chiclana.

.- Enseguida, señor.

.- ¿Aquí llaman señor a cualquiera?

.- Así es, acaba usted de comprobarlo, señor.